EL GENERAL Y EL LABERINTO

Por José Vicente Rangel

 Este es un libro conversadito. Producto de una sugerencia de Hugo Chávez al general Jorge Luis García Carneiro para que revelara lo que sabía y había vivido durante las semanas previas al golpe del 11 de abril de 2002, y luego, en los acontecimientos de ese mismo día y las fechas posteriores. El trabajo fue realizado en el mejor estilo coloquial, cuando la verdad aflora plenamente. García Carneiro es un hombre hecho para relatar, condición que practica con precisión, con envidiable memoria, cuando conversa en, sucesivas entrevistas con Andrés Ramón Giuseppe Avalo. El resultado es este libro, La Conciencia de la lealtad, que se lee de un tirón.

¿Es una confesión la suya? Pudiera ser interpretada como tal. Pero a mi manera de ver, es mucho más. Es la versión de la experiencia vivida por quien se vio envuelto en uno de los episodios más importantes de la historia contemporánea del país. Un acontecimiento producto de los efectos que tuvo la polarización política sobre la institución militar, la manera como la perforó, y sus graves consecuencias sobre la seguridad y soberanía nacionales.

Pero el detallado relato de lo sucedido también deja al descubierto las miserias que imperaban en el ánimo de los altos mandos de la Fuerza Armada Nacional para la época. De cómo la traición se instaló, con consecuencias letales, en cuadros importantes de la institución. García Carneiro tiene la ventaja, al narrar lo sucedido, que se hallaba en el interior de la institución. Lo que afirma es producto de una vivencia muy personal. Para la fecha era comandante de la poderosa y estratégica Tercera División de Infantería y jefe del Estado Mayor de la Guarnición Militar de Caracas, donde está el centro del poder en Venezuela.

Pero no bastaba con ejercer tan altos cargos castrenses para cumplir el rol que él ejerció en los momentos clave del proceso conspirativo que se venía gestando en el seno de la FAN. Había que tener las condiciones que García Carneiro posee. Ejemplo: su sentido de lealtad, en este caso, a la Constitución, a la institucionalidad y al comandante en Jefe, Hugo Chávez; su claridad acerca del plan que había sido elaborado para acabar con el proceso bolivariano; su olfato político para evaluar las circunstancias imperantes para el momento; su astucia para actuar en el marco adverso en que se desenvolvía, y, sin duda, su coraje personal.

La mayoría de los altos mandos castrenses estaba con el golpe. Actuaba a través de una estrecha vinculación con la oposición, con la derecha, con poderosos grupos económicos y organizaciones partidistas; y, monitoreo del Departamento de Estado, el Pentágono, la CIA, y la operatividad de la Misión Militar que tenía su sede en Fuerte Tiuna. García Carneiro tomó conciencia de lo que se gestaba. En ningún momento se dejó engañar. Además, conocía lo que ocurría en la calle, entre otras razones porque era un oficial con amplia conexión con el mundo civil. Tenía información privilegiada de la trama conspirativa de la oposición y de los contactos de ésta con los militares. Para un alto oficial como él, que reunía condiciones de líder, que mantenía vínculos permanentes con la oficialidad, era relativamente fácil enterarse de lo que estaba en marcha, incluso de alertar al presidente Chávez como lo hizo en varias oportunidades.

A finales del mes de marzo de 2002, se produjo un hecho que le llamó la atención y le indicó que el plan golpista avanzaba. Es cuando el Comando General del Ejército instruyó órdenes para planificar y ejecutar un ejercicio de puesto y comando desde el 5 al 18 de abril de ese año. Específicamente se obligaba a los comandantes, junto con su Estado Mayor, a trasladarse a lugares fuera de las instalaciones. En el caso de la Tercera Divisi6n de Infantería a su mando, tenía que movilizarse fuera de Caracas. Tenía que ir a El Vigía en el estado Mérida, a unos 600 kil6metros de la capital. Esta decisi6n no se explicaba en un ambiente tenso como el que imperaba.

Para alguien sagaz como García Carneiro se trataba de la señal de que sus sospechas sobre una acción militar inminente se confirmaban. Porque realmente -es mi apreciaci6n personal- a García Carneiro no le pasó lo que a otros generales que estaban en el laberinto de las informaciones contradictorias, de los rumores y de las presiones turbias. Él supo salir del laberinto.

No voy a redundar en esta presentaci6n los diversos aspectos que aborda en el libro el general García Carneiro. Hay que leer el libro, contiene detalles inéditos de aquellos sucesos, expuestos por el autor con sencillez. Me interesa destacar, si, el papel protag6nico de este oficial y en especial, el dato de su lealtad. El caudal informativo que contiene la obra es fundamental para ampliar el conocimiento de aquellos sucesos que estuvieron a punto de conducir a Venezuela a una tragedia.

Para destacar las dotes profesionales y el talante de luchador que no se doblega, se evidencia a Gama Carneiro en el ojo del huracán. A todo lo cual hay que agregar su humildad. Lejos de asumir actitudes soberbias, siempre lo he visto actuar como un soldado que cumplió con su deber, que en momentos difíciles tuvo conciencia de lo que significa la lealtad, con lo cual reivindica un valor que siempre tiene que estar presente en el ánimo de quienes visten el uniforme de Simón Bolívar y de Hugo Chávez.

1 Response to EL GENERAL Y EL LABERINTO

  1. Carlos Enrique Anselmi Villalobos on August 4, 2014 at 1:33 am says:

    Deseo tener el libro para enterarme de interesante informacion de ese suceso que es historia y que el estimado GJ. Jorge Luis Garcia Carneiro, es testigo y actor protagonico. Ojala el Gral. Garcia Carneiro me facilitara el libbro.

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