8 REFLEXIONES SOBRE LA OBEDIENCIA y LA LEALTAD DE LOS MILITARES VENEZOLANOS

– Su actuación en los hechos ocurridos antes, durante y después del 11 de abril de 2002 demostró ser un acto de lealtad hacia la Constitución la institucionalidad militar, la democracia, apoyo al Presidente y la no parcialidad política de la institución castrense… ¿Qué reflexiones puede usted hacer sobre lo ocurrido en ese entonces?

– El respeto al orden constitucional debe ser un hecho integral de la vida cotidiana, ante cualquier circunstancia. No deben defenderse las ideas revolucionarias sólo por fines particulares, por intereses grupales e individuales. Considero que el respeto y orden constitucional y las leyes no deben ser resquebrajados en ningún sentido, y hay que defenderlos. Dejo esto como una reflexión en aras de construir un país mejor en paz, en convivencia, con respeto el uno a los otros, en solidaridad, promoviendo el bien común, la justicia social y, sobre todo, a la reafirmación de esa sociedad democrática participativa, protagónica, multiétnica, pluricultural, consagrada en la novísima Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

En cuanto a la Fuerza Armada Nacional, los principios que la rigen tienen rango constitucional. Es una institución profesional que es organizada por el Estado venezolano para garantizar la independencia y soberanía de la nación, la integridad y la defensa militar del espacio geográfico, la cooperación y el mantenimiento del orden interno y la participación activa en el desarrollo nacional. Asimismo, nuestros pilares fundamentales son la disciplina, la obediencia y la subordinación, como lo establece el artículo 328 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Hoy, más que nunca, las Fuerzas Armadas están comprometidas con el pueblo, que es el mismo pueblo que salió durante los hechos de abril de 2002 para defender al presidente Chávez en momentos difíciles, aun cuando a varios de ellos les costó la vida. Fueron padres de familia que dejaron su vida, niños que quedaron huérfanos y jóvenes esperanzados por el camino que les había trazado Hugo Chávez de ver una mejor Venezuela. Murieron ese día por defender la Revolución y a su líder.

Han transcurrido 12 años y pareciera que fuese ayer, porque ese pueblo aún sigue luchando por las causas de la revolución bolivariana. Por eso, como dice la canción de Alí Primera: “Los que mueren por la vida, no pueden llamarse muertos”. Es el mejor símbolo para recordar a todos los que fallecieron en esos días. Para mí, están vivos todavía, aún están con nosotros.

En los hechos de abril de 2002, los hombres y mujeres pertenecientes a la Fuerza Armada Nacional demostraron que esta es una institución con una cultura y tradición con apego a la democracia. El rescate del presidente Chávez el 13 de abril demostró  que los que trabajaron para restablecer el orden constitucional estuvieron siempre al servicio de la nación, y en ningún caso, a los intereses de personas ni de parcialidades políticas alguna, y mucho menos a intereses extranjeros. Esa es la nueva institución, la nueva cultura y nueva tradición.

A todos los militares jóvenes yo les insisto que la obediencia y la lealtad para con los principios constitucionales es lo que los hará hombres y mujeres de bien. No deben olvidar nunca que cuando uno ingresa a la vida militar, hace el presente juramento:

¿Prometéis ante Dios y la República, en presencia de la Bandera, defender la patria y sus instituciones hasta perder la vida y no abandonar jamás a vuestros superiores?”. A lo cual respondemos,

¡Si, lo prometo!

A esta respuesta, el superior que toma juramento añade:

“Si así lo hicieres, mereceréis el bien de la patria, sino seréis castigado por la ley”. Inmediatamente, se ejecuta el toque de oración con una trompeta, y cuando termina, el superior dice a los nuevos incorporados, “Este toque de oración os recordará diariamente la promesa que acabáis de prestar”.

De la misma manera, cuando en la carrera se recibe la responsabilidad de cualquier cargo de comando se dicen las siguientes palabras: ”Recibo la unidad con honor, la cual comandaré con espíritu de abnegación y sacrificio de acuerdo a la Constitución, Leyes y Reglamentos de la República”.

En el fondo, en estos juramentos te comprometes a ser obediente, a acatar los mandamientos de la Constitución Nacional y demás leyes de la República, y la lealtad está relacionada con el respeto del subalterno al superior en la medida que este último cumpla con lo establecido en esa Constitución y las leyes. Si el superior no cumple con la obediencia, entonces, el subalterno no puede mantener la obligación de ser leal a ese superior, toda vez que el superior es un infractor de la ley.

Es por ello que considero, que la obediencia es ciega, siempre y cuando el superior mantenga el respeto por las consideraciones y principios constitucionales. En ese sentido, la lealtad, el respeto y la subordinación para con ese superior debe mantenerse siempre. Pero cuando el superior se aparta de esos preceptos, inmediatamente debe dejarse de ser leal con ese superior.

Por ello, ¡no fui leal a Efraín Vásquez Velazco, porque dejó de ser leal a la patria y se le rebeló al Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, que era el presidente Hugo Chávez Frías!

Hoy más que nunca, le pido a nuestra Fuerza Armada Nacional, a sus generales, oficiales superiores y subalternos, que mantengan la lealtad al presidente Nicolás Maduro como su Comandante en Jefe, electo por el mandato del pueblo y por ser un hombre fiel, leal, comprometido con el proceso revolucionario bolivariano y encomendado para darle continuación al legado del Comandante Supremo de la Revolución: Hugo Chávez Frías. Esa lealtad seguro los honrará.

Cuánto quisiera retroceder el tiempo para compartir con mi compañero, para tenerlo al lado de nosotros, para poder abrazamos como hermanos que éramos, y escuchar sus palabras orientadoras. Para, además, decirle, ¡Chávez, mi lealtad perdurará por siempre! Y tu orden, ese 8 de diciembre de 2013, es para mí un compromiso.

¡En su memoria y como legado revolucionario he contado estas verdades. Estoy seguro que está en la gloria, pero queda en nosotros, no dejarlo en la historia.

 

 

¡¡¡Chávez vive, la lucha sigue!!!

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