6 DESPUÉS DEL RESCATE DE CHÁVEZ

Comisión Especial para investigar los acontecimientos

Del 11 al 14 de abril de 2002

 

A pocos días de restituido Hugo Chávez en el poder, el 26 de abril de 2002, previo mandato de la Plenaria de la Asamblea Nacional, se instaló una Comisión Política encargada de investigar los acontecimientos ocurridos durante los días 11,12,13 Y14 de abril, con la finalidad de esclarecer y encontrar los elementos probatorios para determinar responsabilidades políticas, civiles y penales.

Esta comisión quedó conformada por los siguientes diputados: Edgar Zambrano como presidente de la Comisión, diputado del partido opositor al gobierno, Acción Democrática; Tarek William Saab (MVR) como vicepresidente, Juan Barreto (MVR), Gerardo Blyde (PJ), Juan José Caldera (Convergencia), Raúl Esté (MVR), José Luis Farías (Solidaridad), José Luis González (Conive), Liliana Hernández (PJ), Ángel Landaeta (MVR), César López (Puama), Alfonso Marquina (AD), Juan José Mendoza (MVR),Calixto Ortega (MVR), Saúl Ortega (MVR), Denis Peraza (OFM), Vestalia Sampedro (PV), Carlos Tablante (MAS), Luis Tascón (MVR), Iris Varela (MVR), Héctor Vargas (MAS), Pedro Jiménez (MAS), Cesar Pérez Vivas (Copei), Andrés Velásquez (CR), Alberto Jordán Hernández (lndep), Charles Medina (UNT)  y Carlos Casanova (ABP).

Se realizaron interpelaciones a cada uno de los funcionarios públicos civiles y a militares, así como particulares, de oposición y afectos al Gobierno, que jugaron un papel determinante en esos hechos, y bajo juramento, cada quien contó los hechos desde su óptica, como mejor les pareció, en transmisión en vivo por el canal de televisión del Estado, VTV, de donde el resto de los canales se enlazaban.

Como conclusión, esta Comisión Especial de la Asamblea Nacional identificó una serie de responsables directos y políticos de esos lamentables hechos, a quienes se les demostró, con pruebas concretas, su participación directa en la planificación y ejecución del golpe de Estado que instauro un gobierno de facto en Venezuela, exhortándole al Poder Ciudadano a investigar y determinar las responsabilidades civiles y penales a que hubiere lugar. Lamentablemente, Pedro Carmona junto a muchos de los generales golpistas, huyeron del país.

Después de un largo juicio, con 230 audiencias, 265 experticias, 5.700 fotos, 20 videos, 198 declaraciones de testigos y 48 expertos en criminalística y forense, el3 de abril de 2009, la jueza del estado Aragua, Maryorie Calderón, junto a tres escabinos, dictaron sentencia contra algunos autores materiales por las muertes de dos de las víctimas: Erasmo Sánchez y Rudy Urbano Duque. Los sentenciaron a 30 años de prisión, entre ellos al exsecretario de seguridad ciudadana Iván Simonovis; a los comisarios de la extinta Policía Metropolitana Lázaro Forero y Henry Vivas; y a los funcionarios Erasmo Bolívar, Julio Ramón Rodríguez y Luis Enrique Molina. Asimismo, condenaron por 17 años y 10 meses de prisi6n al funcionario policial, cabo primero Arube Salazar; a 16 años de prisión al funcionario policial Marcos Hurtado; asimismo, condenaron tres años a Ram6n Zapata, que fue liberado, puesto que ya tenía cinco años detenido y ya había cumplido su condena. Liberaron, además, al funcionario policial Rafael Neazoa López, a quien se le absolvió de todas las acusaciones.

Los responsables de la muerte del resto de las 17 víctimas aún no han sido determinados, mientras que los autores intelectuales huyeron del país como cobardes.

Por otra parte, la Asamblea Nacional también conformó una Comisión Especial para atender a las víctimas de los sucesos del 11, 12 Y 13 de abril de 2002, la cual estuvo presidida por el diputado Darío Vivas. Fue una comisión que sirvió de enlace entre los poderes públicos y las víctimas, para darles atención gubernamental a familiares de los asesinados el 11 de abril, así como a los comerciantes saqueados.

 

 

Responsabilidades, prófugos e impunidad

La Comisión Parlamentaria Especial para Investigar los Sucesos de abril de 2002. de conformidad con lo establecido en el artículo 222 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, declaró como responsables políticos de los hechos acaecidos durante los días 11, 12, 13 Y 14 de abril, a un grupo de ciudadanos y ciudadanas a quienes les quedó demostrada su participación en la planificación y ejecución del golpe de Estado que instauró un gobierno de facto en Venezuela esos días. Y exhortó al Poder Ciudadano a investigar y a determinar las responsabilidades civiles y penales a que hubiere lugar.

En orden de responsabilidades, el primer señalado fue el empresario Pedro Carmona Estanga, por la planificación y la ejecución del golpe de Estado; por haber usurpado las funciones inherentes al cargo de Presidente de la República de Venezuela; por haber actuado en contra de la instauración efectiva de la Constitución y del Estado de Derecho; y, por omitir las actuaciones necesarias para el restablecimiento pleno del orden constitucional. Huyó hacia Colombia.

El segundo, fue el almirante Carlos Molina Tamayo, por el desvío de la marcha que partió desde Parque del Este a Pdvsa Chuao, para Miraflores, en un afán de enfrentar al pueblo contra el pueblo; por incitar a otros ciudadanos a desconocer la vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela; por la ocupación arbitraria de la Comandancia General de la Armada; por usurpar funciones públicas como jefe del Regimiento de Casa Militar; por haber actuado en contra de la instauración efectiva de la Constitución y del Estado de Derecho; y, por omitir las actuaciones necesarias para el restablecimiento pleno del orden constitucional.

El tercer responsable fue el alcalde del municipio Chacao, Leopoldo López, por estar demostrada su participación en el desvío de la marcha hacia el Palacio de Miraflores, en un afán de enfrentar al pueblo contra el pueblo; por incitar a otros ciudadanos a desconocer la vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela; utilizar el organismo policial a su cargo para alterar la paz interior de la República; por impedir el ejercicio del Gobierno legítimamente constituido; por su participación en las violaciones a los derechos constitucionales de las autoridades ejecutivas y legislativas debidamente constituidas; por haber actuado en contra de la instauración efectiva de la Constitución y del Estado de Derecho; y, por omitir las actuaciones necesarias para el restablecimiento pleno del orden constitucional. Este personaje aún sigue libre, activo en la actividad política nacional, instigando permanentemente a delinquir y nunca fue investigado por los hechos de abril de 2002.

El cuarto, el alcalde del municipio Baruta, Henrique Capriles Radonski, por su participación en el desvío de la marcha hacia el Palacio de Miraflores; incitar a otros ciudadanos a desconocerla vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela; por utilizar el organismo policial a su cargo para alterar la paz interior de la República para impedir el ejercicio del Gobierno legítimamente constituido; por su participación en las violaciones a los derechos constitucionales de las autoridades ejecutivas y legislativas debidamente constituidas; por haber actuado en contra de la instauración efectiva de la Constitución y del Estado de Derecho; por omitir las actuaciones necesarias para el restablecimiento pleno del orden constitucional; por dirigir el asalto a la sede de la Embajada de la República de Cuba, en violación al derecho internacional, exponiendo a la República Bolivariana de Venezuela al escarnio, reclamaciones y conflictos con la comunidad internacional. Sería el único acusado por el ataque a la embajada de Cuba. Fue detenido por poco tiempo y ha llegado a ser candidato presidencial dos veces y en ambas ha perdido con los candidatos de la Revolución, y actualmente es gobernador del estado Miranda. Los seguidores de la oposición, es decir, parte de la sociedad civil que fue engañada y dirigida hacia el Palacio de Miraflores para ser asesinadas el 11 de abril de 2002, aún siguen votando por él sin ninguna lógica racional, más allá del odio que profesan hacia los seguidores de la Revolución.

El quinto responsable, fue Manuel Rosales, por haber convalidado y refrendado el documento ilegalmente denominado el “Acta de Constitución del Gobierno de Transición Democrática y Unidad Nacional”, con el cual se instauró el gobierno de facto; por haber actuado en contra de la instauración efectiva de la Constitución y del Estado de Derecho; por omitir las actuaciones necesarias para el restablecimiento pleno del orden constitucional; y, por incitar públicamente a otros ciudadanos a desconocer la vigencia del Gobierno legítimamente constituido y a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Este personaje está prófugo porque se le encontró pruebas de corrupción administrativa en su gestión como gobernador del estado Zulia.

Los señalados en sexto orden fueron los generales y almirantes Efraín Vásquez Velazco, Enrique Medina Gómez, Manuel Rosendo, Rommel Fuenmayor León, Héctor Ramírez Pérez, Gonzalo Garóa Ordóñez, Luis Camacho Kairuz, Rafael Damiani Bustillos, Carlos Alfonso Martínez, Néstor González González, Rigoberto Martínez Vidal, Henry Lugo Peña, Andrés Eloy González Cárdenas, Ítalo Fernández Rodríguez, José Félix Ruiz Guzmán, Daniel Comisso Urdaneta, Pedro Pereira Olivares y coronel Julio Rodríguez Salas, por estar incursos en la comisión de los siguientes hechos: por insubordinación. en contra de las autoridades civiles legítimas legalmente constituidas; por promover el desconocimiento de la vigencia de los órganos del Poder Público del Estado y sus titulares; por usurpar la voluntad soberana del pueblo de Venezuela, conjuntamente con altos oficiales de la Fuerza Armada Nacional; por intentar utilizar la Institución Armada para apoyar la instauración de un gobierno de facto; por incitar a otros ciudadanos a desconocer la vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela; por haber actuado’ en contra de la instauración efectiva de la Constitución y del Estado de Derecho; y por omitir las actuaciones necesarias para el restablecimiento pleno del orden constitucional. La mayoría de estos oficiales están prófugos del país.

La séptima en grado de responsabilidad fue la diputada Liliana Hemández, por estar vinculada con el desvío de la marcha que partía desde Parque del Este a Pdvsa Chuao, para Miraflores, en un afán de enfrentar al pueblo contra el pueblo; por incitar a otros ciudadanos a desconocer la vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela; por haber actuado en contra de la instauración efectiva de la Constitución y del Estado de Derecho; y por omitir las actuaciones necesarias para el restablecimiento pleno del orden constitucional. Nunca fue enjuiciada por estos hechos y aún sigue activa en la política nacional.

Como octavo, José Rodríguez lturbe, por estar demostrada su participación en la planificación y ejecución del golpe de Estado del 11, 12, 13 Y 14 de abril; por haber us4fPado las funciones inherentes al cargo de ministro de Relaciones Exteriores; por haber actuado en contra de la instauración efectiva de la Constitución y del Estado de Derecho; y, por omitir las actuaciones necesarias para el restablecimiento pleno del orden constitucional. Nunca fue enjuiciado por estos hechos.

Noveno: Leopoldo Martínez Nucete por estar demostrada su participación en la planificación y ejecución el golpe de Estado del 11, 12, 13 Y 14 de abril; por haber usurpado las funciones inherentes al cargo de ministro de Finanzas; por haber actuado en contra de la instauración efectiva de la Constitución y del Estado de Derecho; y por omitir las actuaciones necesarias para el restablecimiento pleno del orden constitucional. Nunca fue enjuiciado por estos hechos.

Décimo: El exdirector general del Cicpc, Miguel Dao Dao, por la violación de derechos fundamentales establecidos en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, al desatar un plan de persecución y represión a ciudadanos y funcionarios públicos; por el allanamiento a las instalaciones de la Asamblea Nacional y, por la persecución a varios integrantes de la Asamblea Nacional en franca violación del artículo 200 de la CRBV.

Décimo primero: General de brigada Guaicaipuro Lameda, por el desvío de la marcha que partía desde Parque del Este a Pdvsa Chuao, para Miraflores, en un afán de enfrentar al pueblo contra el pueblo; por incitar a otros ciudadanos a desconocer la vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela; por usurpar funciones públicas como Presidente de Pdvsa¡ por haber actuado en contra de la instauración efectiva de la Constitución y del Estado de Derecho; y, por omitir las actuaciones necesarias para el restablecimiento pleno del orden constitucional. Nunca fue enjuiciado y está fuera del país.

Décimo segundo: Abogado Daniel Romero; vinculado en la planificación y ejecución del golpe de Estado del 11, 12, 13 Y 14 de abril; por haber usurpado las funciones inherentes al cargo de Procurador de la República de Venezuela; por haber actuado en contra de la instauración efectiva de la Constitución y del Estado de Derecho; por omitir las actuaciones necesarias para el restablecimiento pleno del orden constitucional; y por ser uno de los redactores del decreto de disolución de los poderes públicos. Está prófugo de la justicia venezolana.

Décimo tercero: Alcalde Metropolitano Alfredo Peña, por el desvío de la marcha de la oposición hacia el Palacio Presidencial de Miraflores; por incitar a otros ciudadanos a desconocer la vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela; por planificar y ordenar a los integrantes del organismo policial a su cargo la ejecución de actos dirigidos a alterar la paz interior de la República e impedir el ejercicio del Gobierno legítimamente constituido; por su participación en las violaciones a los derechos constitucionales de las autoridades ejecutivas y legislativas debidamente constituidas¡ por haber actuado en contra de la instauración efectiva de la Constitución y del Estado de Derecho; y, por omitir las actuaciones necesarias para el restablecimiento pleno del orden constitucional. Está prófugo de la justicia venezolana.

Décimo cuarto: El entonces gobernador del estado Miranda Enrique Mendoza, por estar demostrada su participación en el desvío de la marcha de oposición para el Palacio de Miraflores, por incitar a otros ciudadanos a desconocer la vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, por utilizar el organismo policial a su cargo para alterar la paz interior de la República y para impedir el ejercicio del Gobierno legítimamente constituido¡ por su participación en las violaciones a los derechos constitucionales de las autoridades ejecutivas y legislativas debidamente constituidas¡ por haber actuado en contra de la instauración efectiva de la Constitución y del Estado de Derecho; por omitir las actuaciones necesarias para el restablecimiento pleno del orden constitucional; y, por ordenar el cierre y allanamiento del canal de televisión del Estado y por la violación del artículo 48 del código penal. Nunca fue enjuiciado y hoy día es diputado ante la Asamblea Nacional.

Décimo quinto: General de brigada (R) Ovidio Poggiolli, por su participación en la conspiración y golpe de Estado y por haber liberado a los francotiradores que masacraron al pueblo venezolano el 11 de abril de 2002.

Décimo sexto: A los funcionarios de la nómina mayor de la Industria Petrolera, Pdvsa: ciudadanos, Luis Andrés Rojas, Edgar Paredes, Karl Mazeika, Juan Fernández, Luis Pacheco, Eddie Ramírez, Andrés Riera Burelli, José R. Paz, Nelson Navas, Osear Murillo y Rogelio Lozada, por las acciones ilegales realizadas en el marco de los sucesos conspirativos del 11 de abril, como paros, huelgas, sabotaje de las instalaciones de la empresa estatal. Deben pasarse a la plenaria de la Asamblea Nacional para discutir dicha responsabilidad y de ser aprobado en esa instancia, se proceda según la Constitución y las leyes. Después del golpe de Estado, todos permanecieron en sus cargos dentro de Pdvsa porque nunca fueron enjuiciados. Meses más tarde, serían los cabecillas del sabotaje de la industria petrolera nacional de diciembre de 2002, que causó graves daños a las instalaciones petroleras y veinte mil millones de dólares de pérdida a la nación. Después, huirían como cobardes, y están prófugos de la justicia venezolana.

Décimo séptimo: Posteriormente, se demostraría la vinculación directa de los directivos de los principales medios de comunicación de televisión privada en la conspiración para derrocar el gobierno del presidente Chávez. Nunca serían presentados ante la justicia venezolana por los hechos de abril de 2002, y siete meses después serían los planificadores del sabotaje petrolero, desde el 2 diciembre de 2002 hasta el 4 de febrero de 2003, que buscaban derrocar al gobierno de Chávez. Tampoco serían enjuiciados por esos hechos, y en la actualidad, la mayoría sigue disfrutando de sus permisos comerciales.

Además de todos los anteriores implicados, la Comisión Parlamentaria Especial para Investigar los Sucesos de abril de 2002, exhortó al poder ciudadano para investigar y determinar las responsabilidades del caso, a los siguientes ciudadanos quienes, sin estar investidos de funciones públicas, actuaron de forma activa y concertada en la conspiración y golpe de Estado.

Décimo octavo: Carlos Ortega por estar demostrada su participación en el desvío de la marcha que partía desde Parque del Este a Pdvsa Chuao, para Miraflores, en un afán de enfrentar al pueblo contra el pueblo; incitar a otros ciudadanos a desconocer la vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela; por haber actuado en contra de la instauración efectiva de la Constitución y del Estado de Derecho; por omitir las actuaciones necesarias para el restablecimiento pleno del orden constitucional.

Ortega no sería acusado en esa oportunidad por esos delitos. Sin embargo, siete meses más tarde sería el líder fundamental de la conspiración y del sabotaje de la industria petrolera que duró 60 días en el país. Sería acusado y sentenciado por los Tribunales de Justicia venezolano, iría preso, pero se escaparía y asilaría en Costa Rica. Hoy día vive asilado en Perú.

Décimo noveno: José Curiel, Ignacio Salvatierra, Cardenal Ignacio Velasco, Baltasar Porras, Luis Enrique Ball Zuloaga, Rocío Guijarro, Miguel Ángel Martínez, Carlos Fernández y Julio Braz6n; por incitar a otros ciudadanos a desconocer la vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela; por haber actuado en contra de la instauración efectiva de la Constitución y del Estado de Derecho; por omitir las actuaciones necesarias para el restablecimiento pleno del orden constitucional.

Vigésimo: Ángela Sago y Orlando Urdaneta por la promoción de propaganda de guerra, por incitar a otros ciudadanos a desconocer la vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela; por haber actuado en contra de la instauración efectiva de la Constitución y del Estado de Derecho; por omitir las actuaciones necesarias para el restablecimiento pleno del orden constitucional. Hoy están prófugos de la justicia venezolana.

Vigésimo primero: Allan Brewer Canas, por estar demostrada su participación en la planificación y ejecución del golpe de Estado del 11,12, 13Y14 de abril; por haber actuado en contra de la instauración efectiva de la Constitución y del Estado de Derecho; por omitir las actuaciones necesarias para el restablecimiento pleno del orden constitucional; por haber sido corredactor del decreto de auto proclamación y disolución de todos los poderes públicos. Hoy está prófugo de la justicia venezolana.

Vigésimo segundo: Isaac Pérez Recao, por estar demostrada su participación en la planificación y ejecución del golpe de Estado del 11, 12, 13 Y 14 de abril de 2002; por haber actuado en contra de la instauración efectiva de la Constitución y del Estado de Derecho; por omitir las actuaciones necesarias para el restablecimiento pleno del orden constitucional; por dirigir a grupos de civiles que portaban armas de guerra, presuntamente en calidad de guardaespaldas del usurpante Pedro Carmona Estanga.

 

 

El TSJ desconoció que hubo golpe de Estado

 

 

A pesar de las decisiones y recomendaciones emitidas por la Comisión Especial de la Asamblea Nacional para investigar los acontecimientos del 11 a1 14 de abril de 2002, dolorosamente, a pocos días que dejé ser comandante de la Tercera División, el Tribunal Supremo de Justicia declaró que lo ocurrido el 11 de abril fue un vacío de poder, que no hubo golpe de Estado.

Bueno, eso fue una locura. Entonces, cualquiera observaba a los generales golpistas trotando en la mañana con las tropas en el cuartel, allá en el Fuerte Tiuna, y veías cosas que eran inconcebibles. Claro, todos esos generales me miraban mal. Terminé siendo uno de los más odiados por el generalato golpista activo en aquel momento.

 

 

Anécdotas con el general Manuel Rosendo

 

 

Como conté anteriormente, el general Manuel Rosendo fue uno de los que traicionó directamente al presidente Chávez. Él no atendió como comandante del Cufan -hoy, Comando Estratégico Operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, Ceofanb-, una orden de su superior inmediato que era el Presidente. No atendió su llamado a aplicar el Plan Ávila. Y cuando le dije que lo iba a aplicar, él me respondió:

– ¡Asume tu responsabilidad! –

Después de los días siguientes al 14 de abril de 2002, Chávez lo reemplazó de su cargo por ser uno de los líderes golpistas. Pero él no quería entregar la casa que tenía como vivienda en guarnición, que no es lo mismo que una casa alquilada. Explico cómo es eso a continuación:

Para los que viven en el Fuerte Tiuna, la Fuerza Armada les tiene una legislación especial que se llama vivienda en guarnición, que es un beneficio que se le otorga a las personas que ejercen un cargo de alto nivelo de dirección por el tiempo que dure ejerciendo esa función. Una vez que la persona finaliza sus servidos en ese lugar, es decir, cuando entrega el cargo, debe entregar también la vivienda.

Pero como Rosendo no quería desocupar la vivienda, se fue a la Fiscalía General de la República y al Tribunal Supremo de Justicia, y solicitó un amparo constitucional, buscando argucias legales. Como argumento, llevó al Tribunal en lo Contencioso Administrativo un documento falso, es decir, falsificó un contrato de alquiler de la llamada vivienda en guarnición, que en este caso era ilógico e ilegal dado que el reglamento de servicio en guarnición no contempla el alquiler de ese tipo de vivienda.

Ese tribunal, dominado por un juez opositor al gobierno y aliado al golpismo, como muchos de los que habían en las instituciones del Estado en ese contexto, decidió a favor de Rosendo, alegando que él tenía todo el derecho de vivir en esa vivienda por el período de un año, porque así lo rezaba el contrato de arrendamiento por él presentado. Asimismo, decidió que ante los últimos acontecimientos ocurridos en el país, el nuevo comandante de la guarnición estaba obligado a prestarles seguridad a él y a su familia, y que no les podía pasar absolutamente nada. De lo contrario, se incurriría en delito.

Claro, Rosendo se aprovechó de que en el país se estaba dando el debate parlamentario para esclarecer los hechos de abril de 2002, y quedarse a ver 10 que sucedería. Es decir, él esperaba la decisión del Tribunal Supremo de Justicia, quería ganar tiempo y seguir en la conspiración.

Ante esas circunstancias, ¿qué hice? Como era evidente que la decisión del Tribunal en lo Contencioso Administrativo fue una burla, porque realmente lo que Rosendo tenía con la Fuerza Armada no era ningún contrato de alquiler, sino una ocupación de servicio temporal de esa vivienda, no estando sustentado legalmente, me dio tanta indignación que me resistí a tal fallo. De este modo, mandé a buscar un compresor y un martillo, de esos rompe calles, y di la orden de reventar toda la calle al frente de esa vivienda. Lo estuvieron atormentado durante tres días. De día y de noche estaban taladrando, sin descansar. Prácticamente, no lo dejaban dormir pegado allí: taca tacataca tacataca…

Al segundo día de taladro, el general Rosendo se levantó a la 1:00 am y le dijo al soldado:

¡Mira soldado, es que tú no te cansas! …

! Y este le responde:

¡No! Es que apenas acabo de recibir el turno.

Descuartizaron toda esa calle, incluso un soldado se llevó la fibra óptica del Ejército por delante. Ya él no podía estacionar su carro frente a la casa, tenía que caminar unas dos cuadras.

Eso se le hizo a Rosendo para que tuviera dignidad por lo que hizo, reconociera su falta y se marchara. Sin embargo, se resistía. Era un provocador. Entonces, di la orden a un sargento de colocar una alcabala una cuadra antes de su casa. Se le dio la siguiente instrucción:

¡Mire, sargento! Cuando venga por aquí este señor (Rosendo) usted le pide la cédula. Si él se niega, usted le insiste. Si le muestre el carnet, usted le dice: ¡no!, es la cédula, porque yo le estoy pidiendo es la cédula… Si dice, ¡es que yo soy general!, usted le responde: ¡No, usted no es ningún general! Si él responde: ¡Mire, que usted me debe obediencia, subordinación…! Usted le contesta: ¡No!, porque no puede exigir obediencia, quien está en desobediencia con el Comandante en Jefe de … Fuerza Armada Nacional que es el Presidente de la República …: Dígale: ¡ábrame la maleta!, y si no lo hace, ¡no pasará … ¡

Entonces, el sargento me contó que acató la orden, y así ocurrió: Cuando llegó a Fuerte Tiuna, Rosendo se negó a abrir la maleta, lo amenazó y dijo que iba a llamar a un fiscal del Ministerio Público si no lo dejaba pasar, y así lo hizo. Bueno, el fiscal llegó como a las tres horas, como a la 1:00 am, y le preguntó a Rosendo:

¿Qué pasó?

¡Bueno!, ¡este sargento me está exigiendo que le abra la maleta!, que él es el sargento, y yo digo ¡que no puedo abrir la maleta porque soy un general y él está subordinado a mí!

Entonces el fiscal le dice:

¡Bueno!, y ¿cuál es el problema que usted le abra la maleta al sargento?

Si ese es el problema para dejarlo pasar, entonces,

porque no le abre la maleta, ¡abra la maleta!

Él tuvo que bajarse y abrir la maleta. Pero, yo le había dado la orden al sargento que tenía que hacerlo tanto para entrar como para salir. Entonces, en la mañana, cuando fue a salir, volvió a mostrar resistencia, y el sargento de guardia le dice:

– Señor, ¡por favor abra la maleta!

Rosendo se niega hacerlo nuevamente, y el sargento le dijo:

¡Si usted quiere, llame al fiscal para que tenga que esperar tres horas más para poder abrirla!

No le quedó más remedio que abrir la maleta.

Así, transcurrieron tres días consecutivos. Eso lo obligó a irse. Me imagino que por el martilleo: taca tacatacataca… no lo dejaban dormir, porque los soldados le ponían el martillo en la puerta de la casa; y también, supongo que por la indignación de tener que bajarse a abrir la maleta del carro corno cualquier civil.

Pero dejó sus pertenencias en la vivienda. Hizo lo que se conoce como “una toma pasiva” de la vivienda. Valga decir, él dejó todos sus cuadros, todas sus prendas, todos sus vestuarios, todas sus condecoraciones; en fin, todas sus cosas las dejó ahí, como para decir “no me he ido todavía”.

Eso me obligó, al día siguiente, a buscar un cerrajero; abrí la puerta y recogimos todas sus pertenencias, las montamos en un camión y ordené que se las llevaran para los depósitos del Batallón Bolívar. Allá, en los depósitos de ese batallón, se quedaron sus pertenencias. En ese caso, el día que él venga a reclamar sus cosas, que vaya a buscarlas ahí. Así se pudo recuperar esa vivienda que es del Estado. Posteriormente, me enteré que nunca fue a retirar sus pertenencias.

Estando yo activo como ministro de la Defensa se presentó el caso de los paramilitares en la finca Daktari. De allí pretendía llevarse a cabo una serie de asesinatos a dirigentes y personalidades del alto gobierno revolucionario. Ordené quitarles el uniforme a los 156 paramilitares colombianos allí encontrados y de darles ropa de civil, porque eran uniformes del Ejército Nacional. Como el ministerio no tenía recursos disponibles para comprar ropas o monos en ese momento, buscamos entre las cosas que estaban en el depósito del Batallón Bolívar y hallamos ropa para vestirlos. Entonces, allí había mucha ropa y ordené entregarles parte de ella a los paramilitares para vestirlos de civil. Recuerdo, que la institución no tenía una caja chica ron fondos suficientes para comprar tantos monos y además no daba tiempo para realizar los trámites burocráticos. Días después me entere que, por error, parte de la ropa que se entregó era de la familia del general Rosendo.

 

Comportamiento del general García Montoya como comandante general del Ejército

 

El día 19de abril de 2002, el presidente Chávez designó al general García Montoya como comandante general del Ejército. Su comportamiento ante los militares golpistas no fue la más idónea, tomando en cuenta el contexto político nacional. En este caso, el Presidente volvió a ser traicionado en un mismo año por otro comandante general del Ejército.

Desde el inicio, el comportamiento del general Montoya nos generó dudas. Develó una falta de lealtad hacia el proceso revolucionario y de apoyo a los militares golpistas que montaron su frente de batalla contra la Revolución en la Plaza Altamira, en el municipio Chacao del estado Miranda, a pocos meses del golpe de Estado de abril.

Recordemos que a partir del 22 de octubre de 2002,varios de los militares que estaban en contra del presidente Chávez, que participaron en el golpe de Estado, así como otros no visibles en ese momento, se instalaron en la Plaza Altamira montando una carpa y una tarima, con el apoyo de Leopoldo López del partido Primero Justicia, el alcalde del municipio Chacao en ese tiempo, los medios de comunicación privados y bajo las instrucciones precisas desde el imperio, a fin de transmitir mensajes de protestas y llamados a la desobediencia civil y militar para intentar desestabilizar el país e impulsar el desbordamiento social con la finalidad de derrocar por segunda vez al gobierno revolucionario.

Ese grupo de militares estaba encabezado por el general Medina Gómez, que cuando hace el llamado público a las Fuerzas Armadas a salir de los cuarteles y sumarse a la disidencia en la Plaza Altamira, eso fue considerado por nosotros un momento estelar, porque ayudó a identificar al resto de los golpistas que aún quedaban en la institucionalidad castrense.

Realmente, por esta vía se logró depurar en gran medida esta institución, porque todavía quedaban dentro muchos oficiales que estaban adversos al proceso revolucionario.

Yeso precisamente fue lo que hicieron, se fueron para la Plaza Altamira y ocurrió lo ideal para nosotros, porque pasó algo parecido a lo que le sucede a una persona cuando tiene un problema estomacal fuerte, que se toma una pastilla para limpiarse el estómago, es decir, para “purgarse” y botar todo lo malo. Eso fue cuestiones de Dios. Fue el purgante ideal que le faltaba a las Fuerzas Armadas venezolanas, quedó depurada. De esa manera, salieron de ella los que tenían que irse y se quedaron los que creen en la patria, en la democracia, en la institucionalidad y en la revolución. Entonces es cuando aflora el nuevo pensamiento militar venezolano impulsado por Chávez.

Por la Plaza Altamira pasaban los dirigentes políticos de la oposición que estaban vinculados en la llamada Coordinadora Democrática. “Vamos a derrocar al presidente Hugo Chávez”, era el eslogan que desde allí se esgrimía por los medios de comunicación. Estamos hablando, que se sumaron un total de 135 oficiales de distintos rangos, desde alta a baja jerarquía. Desde allí, los militares insubordinados coordinaron una serie de delitos como atentados terroristas, guarimbas y asesinatos, entre otros delitos de lesa humanidad.

Entonces, el comandante general del Ejército, García Montoya, les mandó a estos militares las cestas ticket directamente hacia allá, a la Plaza Altamira, para que no tuvieran que ir a retirar ese beneficio salarial directamente en Fuerte Tiuna. La cesta ticket se cancela por día trabajado, y ninguno de los que estaban levantados en desobediencia contra el gobierno revolucionario podría recibirlos. No podían cobrarlo, sin trabajar. Porque no existía un Cuartel Plaza Altamira, ese fue un cuartel que ellos inventaron. Porque si ellos iban a retirarlos al Fuerte, serían detenidos por insubordinados.

El deber del general García Montoya, era cortarles la cesta ticket, pero nunca se los cortó, más bien se los cancelaba y se los enviaba directamente hacia la Plaza Altamira. Además, ¿por qué no tomó las acciones con el personal que tenían bajo su responsabilidad? Tales como conductores (choferes) que tenían asignados. No, más bien se los dejó. Lo mismo hizo con los vehículos asignados ¿Por qué seguían ellos con los vehículos del Estado? Los usaban para conspirar.

En reuniones del Alto Mando Militar, el general García Montoya manifestó en varias oportunidades, que estábamos en unas condiciones peores que las del 11 de abril. De hecho, recibí una llamada del diputado William Lara, presidente de la Asamblea Nacional en el año 2002, donde me preguntó sobre unas reuniones que había sostenido este comandante general con otros oficiales, donde manifestaba la necesidad de buscar una salida política al país, a la supuesta crisis. Es decir, él jugó el papel de mediador entre los golpistas de la Plaza Altamira y la Asamblea Nacional.

Claro que había crisis política en el país en ese momento. Pero él, como comandante general del Ejército, debía garantizar el orden, el respeto de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y la institucionalidad castrense. Pero no lo hizo. Fungió de mediador de los golpistas de esa plaza.

Recordemos que la Coordinadora Democrática desde esa tribuna instalada en la Plaza Altamira se convocaba a un paro general, a un paro económico, a un paro petrolero, a un paro educativo, a un paro alimentario, a un paro de salud, a un paro bancario, a toda esa vaina. Allí había una inestabilidad en el Estado. En esa época, el general García Montoya buscó todos los artificios para sustituirme del cargo de comandante de Guarnición es decir, para sacarme de la jugada.

 

 

Fascismo y cacerolas al frente de mi casa todas las noches

 

Después de abril de 2002, comenzó una persecución contra mi familia y mi persona. Yo vivo en San Antonio de Los Altos, estado Miranda, en una zona de clase media, donde el 80 por ciento de la población vota en contra de la Revolución. Allí, a partir de las 8:00 pm, iban todos los días en cambote a “cacerolearme”, a gritarme improperios.

Una hora antes, mi esposa se preparaba para lo que venía, bañaba a mis hijas pequeñas -las morochas-, les daba comida, apagaba las luces, trancaba las ventanas y se escondían en un cuarto hasta que pasara la manifestación. A veces grabábamos las manifestaciones desde la ventana por si se atrevían a cometer delitos mayores.

El líder de ese grupo fascista era Florencio Quintero, presidente de la cooperativa que administra el condominio donde vivo, y a la vez, director del colegio Los Castores, ubicado dentro del conjunto residencial. Él dio la instrucción de dejar el balancín de la alcabala arriba para permitir la entrada de los manifestantes y les avisaba cuando estábamos allí, para que fueran a protestar al frente de la casa. Era cómplice de lo que estaban haciendo. Fue duro para mis hijas pequeñas, ellas vivieron el fascismo en su máxima expresión. No les pasó nada grave, porque no se atrevieron a meterse en la casa; porque yo tenía unos escoltas armados para protegerla. Yo les había dicho:

Al que se atreva a cruzar la puerta, ventana o techo de mi casa, le pegas un tiro.

Pero yo nunca me doblegué a sus deseos, de que me fuera del sector. Esa era mi casa y a mí nadie me sacaba de allí por disociaciones políticas. Para entrar y salir de la casa era una osadía. Mi esposa y mis hijos tenían que estar pendientes al salir para que no los vieran y comenzaran a insultarlos.

¿Ya pesar de todo lo que le hicieron por qué no se mudó de esa casa, por qué prefirió arriesgar a su familia?

Porque uno quiere a esa casa, y para dónde me voy a ir, si adonde me fuera iba a ser lo mismo. Los que estaban jodiendo eran ellos, yo no. Claro, en eso sí fui radical, nunca me quise ir. Además, porque yo no caía en provocaciones, por el contrario, más bien lavaba yo mismo mi carro en la calle. Ellos me pasaban por el lado y me veían con odio. Pero yo me quedaba allí, como si nada estuviera ocurriendo, en realidad los ignoraba, y eso como que les ocasionaba mayor rabia.

Fachada de la vivienda de la familia García Carneiro luego de las Jornadas fascistas. Paredes y puerta rayadas con palabras llena de odio
Fachada de la vivienda de la familia García Carneiro luego de las Jornadas fascistas. Paredes y puerta rayadas con palabras llena de odio

 

 

Uno de esos días, viendo que mis hijas estaban muy nerviosas, pues estaban llorando, llorando, agarré un tabaco y lo encendí, tomé un fusil y lo cargué, y me senté en una silla, en el patio que está en la parte trasera de mi casa, al mismo tiempo que decía:

¡El que se atreva intentar meterse en mi casa por aquí, le vuelo la cabeza!

Yo tomé esa decisión con tranquilidad, pero decidido a defender a mi familia. Al rato, continuaba la algarabía al frente de la casa, y mi esposa en su desesperación se me acerca y me dice:

¿Es que tú te piensas quedar allí sentado, fumándote ese tabaco, y no vas hacer nada al respecto?

¡Bueno, yo estoy haciendo!

Deja que pasen por allí, para que veas lo que voy hacer.

Otro día, fue una periodista de Globovisión y comenzó a insultar a mi esposa y a mis hijos. Decía cosas muy feas y el camarógrafo también. Ellos vociferaban:

¡Sabemos que están allí, coño de madres!

¡Sabemos que están allí…!

Lo hadan para provocamos. Me imagino que les dieron la orden de hacer eso, de obstinarnos y luego saliéramos con una piedra, un palo o una pistola y después grabamos. Me imagino que lo hacían para que Globovisión después transmitiera que ellos protestaban de una manera pacífica y acusamos de que los violentos éramos nosotros. Eso 10 hicieron a pesar que ese día estaba lloviendo, incluso tronando. Eso no les impidió su objetivo: instigar a mi familia. Pocas horas más tarde, cuando llego a mi casa, una de mis hijas que estaba despierta, quien tenía apenas once años, me contó que cuando se cansaron de instigarlos, por no haber logrado su objetivo o la noticia que venían a buscar, la periodista de una manera sediciosa gritó:

¡García  Carneiro, debiste haber nacido de una p…, asesino….! En ese momento, mi hija abrió la ventana, se montó en el techo, comenzó a gritarle ya reclamarle a la periodista por lo que había dicho. No le gustó que ofendieran a su abuela. El camarógrafo que estaba de espalda, en ese momento se volteó, prendió su cámara y la alumbró con el reflector, pero al darse cuenta que era una menor de edad, tuvo que bajarla. Luego, se retiró del lugar.

Estaban buscando noticias de agresión para distorsionar y manipular la realidad.

Después, nos enteramos que ese mismo día, esa periodista se mató bajando por la carretera Panamericana, tuvo un terrible accidente, me imagino por la lluvia, pues esa carretera se pone peligrosa cada vez que llueve. Recuerdo, que Globovisión reseñó su muerte diciendo que había fallecido cumpliendo sus labores en un sector conocido como los Altos Mirandinos a varios kilómetros de mi casa, pero realmente estuvo fue instigando a mi familia. Qué Dios la tenga en su gloria, pero fíjate, hasta dónde fue capaz el fascismo impuesto por los medios de comunicación  privados en esos tiempos, que parte de la sociedad venezolana se disoció tanto de la realidad de una manera incontrolable.

Realmente, mis vecinos estaban disociados, creo que veían mucho Globovisión que les tenían la mente enferma. Iban con su odio a cacerolear y llegaron hasta el punto de rayarme todas las paredes y puerta con palabras llena de odio, me escribieron “asesino”, “sucio”, “maldita revolución”, muchas maldiciones y otras ofensas que no se las deseo a nadie. Con las motos le daban al portón de la casa. Eso era una bulla todos los días, eran insoportables. Menos mal que ese día los filmamos y luego los denunciamos ante el Ministerio Público y les prohibieron acercarse a nuestra casa y si les pasaba algo ellos serían los responsables de lo que ocurriese. Después, ellos cuidaban la casa.

 

 

Iban a matar a toda mi familia

 

A pocos meses de la muerte de mi madre, yo visitaba frecuentemente su tumba para hacerle algunos arreglos y adornarla, iba cada quince días para inspeccionar los trabajos que le había mandado a realizar. Los cuerpos de inteligencia del Estado me habían advertido que estaban siguiéndome para asesinarme.

El 11 de octubre de 2002, ella cumplía un año de fallecida y tenía previsto estar allí con toda mi familia, para conmemorarla. Un día antes de ese evento, me llaman e informan que hubo una explosión en ese mismo lugar.

Las investigaciones arrojaron que colocaron una carga explosiva dentro de la tumba. La escondieron en la grama que la bordea; y en la contrapendiente del cerro donde se encuentra, cavaron un hoyo y colocaron el iniciador de la carga explosiva. Tenían previsto que estallara ese día de 11 de octubre. Ellos tenían la información de los preparativos que estaba haciéndole a ese lugar. Me imagino que intuyeron que esa fecha yo estaría allí con toda mi familia.

No sé qué pasó, pero gracias a Dios, gracias a un error de cálculo, se disparó el iniciador de la carga explosiva un día antes, el día 10 de octubre y no cuando lo tenían previsto, abriendo un boquete de un metro y medio, aproximadamente, que obviamente puso en alerta a los que estaban visitando el cementerio ese día 10. Entre ellos estaban personas del Cuerpo Técnico de Policía Judicial (PTJ), luego Cicpc, quienes ante la detonación se dieron cuenta que lo que había estallado era el iniciador de un explosivo.

El director de la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (Disip), Marcos Chávez, me llama para alertarme de la situación e informarme que había sembrado 3 kilogramos de C4 en la tumba de mi mamá; y posiblemente, si hubiese estallado con toda la familia junta, hubiésemos muerto todos.

– ¡Esté pendiente, que te andan cazando García Carneiro! -me decía insistentemente.

 

Iban a secuestrar a mis hijas

 

En el conjunto residencial donde vivo queda el colegio Los Castores, donde estudiaban mis hijos. Su director era Florencio Quintero, un opositor radical al Gobierno, quien se confabuló con otras personas para intentar secuestrar a mis hijas morochas. Mi esposa Y yo hablábamos mucho con nuestros hijos y le explicábamos lo que estaba sucediendo y los peligros que nos asechaban constantemente por cuestiones políticas.

Un día, ellas estaban en clase, y de pronto llega una persona desconocida que se hizo pasar por una tía. Las mandan a llamar a la Dirección. Una de ellas baja a ver qué pasaba, el director le dice que traiga a su hermana porque un familiar las había venido a buscar. Mi hija le responde:

Ajá, ¿qué familiar es ese?, porque mi mamá me dio la orden que no podíamos irnos con nadie que no conoceríamos, además ella no me dijo nada esta mañana. Yo no me voy con nadie hasta que ella me llame.

¡Tranquila que sí es un familiar! – responde el director. – Es una tía que las vino a buscar. Ve a buscar a tu hermana, recojan sus cosas que se van – le insiste. No, yo no voy a buscar a mi hermana, porque no me voy con nadie hasta que mi mamá no me diga que me vaya con esa persona. Porque ella me dijo que me iba avisar cuando tuviera que irme con una persona extraña.

¡Es un familiar tuyo, anda y ve! De hecho viene identificada con el apellido García en su carnet.

De pronto, llegó una muchacha alta, con un carnet de Pdvsa que decía “García”, Se acercó y al ver la resistencia de mi hija, comenzó a forcejearla. La haló por el brazo, al tiempo que le decía:- ¡Vámonos, vámonos! ¡Que nos tenemos que ir ya! Porque tu mamá nos está esperando y hay muchos problemas en la calle.- ¡Yo no me voy a mover de aquí y punto! le respondió, llorando.

En ese momento, llega al colegio Roxana, una vecina que iba a buscar a su nieta en el preescolar y a quien mi esposa le había encomendado buscar a nuestras hijas. Ella ve a la morocha, se le acerca y le dice:

¡Hola morocha!

 ¿Qué tienes?

¿Por qué estás llorando?

Tu mamá me dijo que las viniera a buscar.

¡Rosi, Rosi, dime la verdad porque no entiendo!

¿Qué pasa, qué pasa?

 

 

 

 

 

 

Esta señora está diciendo que ella es familia de nosotros y, supuestamente, que mi mamá mandó a buscamos con ella.

En ese momento la señora se asusta, toma su cartera y sale de prisa del colegio. Ellos no se dieron cuenta hacia donde se fue y el director se hizo el loco y se marchó.

 

Sabotaje petrolero de diciembre de 2002

En el sabotaje petrolero iniciado el 2 de diciembre de 2002 por los gerentes de la industria petrolera venezolana, que paralizó el suministro de combustible, los centros de distribución, los buques petroleros, el sistema computarizado, las tuberías, etcétera, con grandes consecuencias económicas y sociales para el país, me correspondió movilizar el buque Maritza Sayalero, aquel que los saboteadores aparcaron en La Guaira, estado Vargas.

El presidente Chávez se encargaría personalmente de mover el buque Pilín León, paralizado con más de 40 millones de litros de gasolina en el medio del canal de navegación del Lago de Maracaibo en el estado Zulia, impidiendo la entrada y salida de otros barcos.

Al buque Maritza Sayalero lo ubicaron exactamente en el canal del paso obligado de aterrizaje de los aviones que entran al Aeropuerto Internacional de Maiquetía, con la intención de ocasionar una tragedia. Esa zona es de máxima seguridad y es llamada “zona de aproximación aérea”. Logré montarme en ese buque y conversé con la tripulación para que desistieran en su posición. De allí, sacamos al capitán desmayado. Le dio una crisis de nervios y se desmayó, porque lo llamaban a cada rato presionándolo para que no se dejara convencer por nosotros. Se aturdió tanto, que se desmayó y lo sacamos en camilla.

Entre la tripulación había un obrero que estaba de acuerdo con mover el barco, pero había otro, un coreano, que era el segundo piloto, que se negaba tajantemente; era uno de los más radicales.

A ese barco lo rodearon un grupo de opositores al Gobierno con sus lanchas para que no pudiéramos moverlo, y por el canal de comunicación, nos insultaban, nos decían improperios, nos mentaban la madre, nos decían de todo. Fue algo “bestial”. Después que el Presidente con sus acciones logra mover el buque Pilín León, estos quiebran su voluntad y acceden a mover los buques.

– Del paro petrolero hay cuentos de cuentos. Cada uno de los venezolanos fue víctima del paro, se pudieran hacer libros y libros sobre eso, porque cada quien tiene una historia que contar, cada quien vivió el paro de forma distinta, los surtidores de gasolina, los que cocinaron con leña, los comercios obligados a cerrar, los familiares de los que murieron quemados, etcétera.

– Así es. Durante ese sabotaje petrolero, nos vimos en la obligación de decomisar las gandolas de combustible, porque la venta se puso difícil. Encontrar gasolina era una odisea. Fuimos a reunimos con el presidente de Pdvsa de ese entonces, Alí Rodríguez Araque, para planificar y ejecutar las medidas a tomar.

La estatal petrolera tenía una deuda pendiente con los empresarios y no tenía dinero en caja para pagar esas deudas ni para adquirir nuevos compromisos con ellos. Eran deudas contraídas con los grandes distribuidores de gasolina -empresas que monopolizaban el sistema de distribución-, por tanto, tenían mucho poder en el mercado de combustible nacional. Unas tenían 100 camiones cisternas, otras 80, otras 60, 40. Eran dueños  de muchos camiones, era un cartel. Y, por ejemplo, a uno de ellos se les debía mil 200 millones de bolívares, a otro mil 800, tres mil… ¡Y no había con que pagarles!

Tomamos la decisión de convocarlos a una reunión con Ali Rodríguez al frente, cada quien tomó la palabra y presentó su deuda. Allí, asumimos el compromiso de pagarles parte de ella: a unos el 50 por ciento, a otros el 30, y así sucesivamente. También se acordó, que en la medida que nos recuperáramos del sabotaje petrolero, les cancelaríamos el resto. Ellos aceptaron en ese momento y se les hizo el cheque correspondiente. De allí, salieron con su cheque en la mano.

Lo acordado fue que al salir de la oficina con su pago, esas empresas restablecerían el suministro de combustible de manera inmediata y dejarían de contribuir con el sabotaje petrolero, es decir, que no se volverían a parar por ninguna circunstancia. Sin embargo, eso fue como decirle lo contrario: que se pararan y conspiraran. Ellos dijeron: “¡Nada, ahora tenemos los reales en la mano y ahora nos paralizamos con más fuerza hasta que Chávez se vaya!”.

Entonces, los empresarios se radicalizaron más. Fue peor. No sacaron ninguna cisterna, se fueron con el dinero y las pararon en el distribuidor de Guatire, estado Miranda, donde se encuentra la mayor reserva de combustible para la Gran Caracas, Miranda y Vargas. Desde ese depósito se distribuyen millones de litros, suficientes para cinco días de abastecimiento. Se instalaron allí, llenaron todas las gandolas, y a los conductores no les pagaron nada, ni su sueldo, ni su semana de trabajo, ¡nada!

De pronto, me llamaron para informarme esa vedad. Tomé un helicóptero y me dirigí hacia el lugar. Comencé a llamar a cada uno de los choferes, preguntándoles:

¡Compadre, ¿cuánto le deben a usted?

¡Me quedaron debiendo un millón 800 mil bolívares! – dijo uno.

Bueno, ¡vente para acá que conseguimos el dinero en efectivo!

Cuenta con nosotros (…) ¡vente tranquilo!

Bajo ese argumento, llamé a todos los gandoleros que estaban “tercerizados” por las empresas “cartelizadas”. Prometí que les cancelaría directamente a ellos el dinero que les adeudaban esos empresarios. También, ordené tomar todas las empresas distribuidoras con el Ejército y obligué a sus dueños a venir a una reunión, con el fin de sentarlos junto a los conductores de las gandolas.

De pronto, comenzaron a llegar los conductores con sus maletines, a buscar su dinero. Juntos se fueron sentando en una mesa grande, frente a frente: empresarios y camioneros. Cuando llego a la reunión, lo primero que hice fue darle un golpe duro a la mesa, y amenazo a los empresarios:

¡Miren, cuerda de “coños e’ madre”! Ustedes aquí no me van a mamar gallo en esta verga, ¡Oyeron!, ¡ustedes le van a pagar en este instante a los conductores! ¡Así que se montan en un camión, van al banco y me traen los reales hijos de p…!

Y los hice montar en un camión junto con unos guardias nacionales y los llevaron directamente al banco, para que retiraran el dinero que yo les había cancelado. De allí salieron regañados, con la cabeza baja, y cuando pasaban por el lado de los camioneros, ellos les decían:

¡Así te queríamos ver “coño e’ tu madre”!, ¡por fin te jodieron, desgraciado! -, decían los conductores en un tono de indignación.

Y así los propietarios fueron llevados a los bancos. Teníamos todo coordinado.

Ellos sacaron el dinero de sus cuentas, e hicimos que les pagaran a varios de los gandoleros que se encontraban allí con nosotros.

¡Dale los reales!-, se les conminó con un Guardia Nacional al lado.

¡Móntese en el camión, que vamos para el otro banco! y de esa manera, recuperamos todo el dinero que a les habíamos cancelado y saldamos las deudas que ellos tenían con algunos camioneros. Luego, los llevamos de vuelta a la oficina, los sentamos de nuevo en la mesa, ordenamos una fila de conductores, y los obligamos a pagarle al resto, uno por uno.

Después que terminaron de pagar sus deudas, les dije: ¡Ahora, las gandolas no son de ustedes, están decomisadas por las Fuerzas Armadas! ¡Se acabó esa guevonadas con ustedes! ¡Ya no son dueños de esos camiones cisternas… pa’ que sepan que con el Gobierno no se juega!

A partir de allí, organizamos a los conductores en cooperativas. Les quitamos todas las gandolas a los empresarios golpistas.

Ahora, ¡los dueños de esos camiones cisternas son los choferes!, – dije en esa oportunidad. Vinieron los aplausos…

Luego de esas acciones, me monté en un helicóptero y le dije al copiloto:- Vamos a dar un recorrido por donde están los camioneros.

Les pasamos cerca, y todos comenzaron a aplaudir y a tocar cornetas con los camiones, en tono de alegría. Así pusimos orden en ese negocio, y comenzamos a distribuir combustibles a la sociedad venezolana. Fue una buena experiencia, de poner orden en ese contexto anárquico que vivía ese sector industrial.

Después del paro petrolero, el Presidente me designa como responsable del suministro de combustible por la comercializadora de Pdvsa, porque allí todos eran golpistas. Entonces, tuve que botarlos a todos. Me quedé como comandante de la Guarnición y distribuidor de combustible durante año y medio. Era responsable de surtir las estaciones de servicios de gasolina del área metropolitana de Caracas, administraba los recursos asignados e ingresos propios, les pagaba a los camioneros, del seguimiento al sistema de despacho, entre otras funciones inherentes al cargo.

Implementamos un sistema de control de despacho y pago inmediato, es decir, de pago rápido, que duró un año y medio, hasta que se normalizó la distribución. Por completo. El programa lo diseñaron y ejecutaron el licenciado Orlando Rondón, actual administrador de la gobernación del estado Vargas, y un sargento de la Fuerza Aérea. Rondón era el que pagaba. Él es administrador y puso a funcionar el sistema. Era una gestión que estimulaba a los camioneros. Se les pagaba un bono adicional por trabajar los días sábados, un bono de productividad. Eso salió perfecto.

También, se les quitó las concesiones a las estaciones de servicio de expendio de gasolina que se sumaron al sabotaje petrolero. ¡Empezamos a trabajar y a limpiar toda esa vaina!

 

 

Todos los generales a identificarse

 

Durante el sabotaje petrolero de diciembre de 2002 el presidente Chávez me designó comandante general del Ejército. Lo primero que hice fue ordenarles a todas las tropas que para el Fuerte Tiuna no entrara nadie sin antes identificarse, incluso, los militares de cualquier rango. Sobre todo a los generales. General que quería entrar, general que tenía que identificarse. Y no con su carnet militar, sino con su cédula de identidad.

En varias oportunidades pasó el caso, que generales de los golpistas querían entrar al Fuerte Tiuna sin identificarse como lo hadan antes del golpe de Estado. Sin embargo, se les exigía que presentaran su cédula de identidad y esto ocasionó muchos percances con ellos. Cuando ocurría esto, por ejemplo decían:

¡Mira, yo soy un general y no voy a darte mi cédula de identidad, y además, tú me conoces!

Bueno, los soldados tenían la instrucción de responderles de la siguiente manera:

¡Mire, usted está en desobediencia, por lo tanto, no puede pedir obediencia! ¡No puede pedir obediencia quien  está en desobediencia con el Comandante en Jefe que es el presidente Hugo Chávez!

 

 

Recompensa por cada oficial golpista

 

Una vez que un grupo de magistrados del Tribunal Supremo de Justicia declaró que no hubo golpe de Estado sino un vado de poder, inmediatamente, los generales líderes del derrocamiento de Hugo Chávez y su secuestro, comenzaron a pasearse por el Fuerte Tiuna e intentaron participar abiertamente en las actividades cotidianas dentro de las Fuerzas Armadas.

Esto trajo como consecuencia descontento en varios de los comandantes leales que participaron en el rescate del Presidente y de la democracia en Venezuela. Los golpistas provocaban, trotaban en las avenidas del Fuerte para que los vieran libres, se reían de nosotros, incluso, nos amenazaban, – ¡Ahora vamos por ti!-, me decían unos. Prácticamente se burlaban de las Fuerzas Armadas.

Luego, comenzaron a aparecer en los diferentes medios de comunicación televisivos y escritos haciendo declaraciones sobre las Fuerzas Armadas. Hablando mal de ella, sobre su conformación, sus debilidades, apreciaciones subjetivas sobre una supuesta crisis institucional y moral vivida dentro de ella. Eran persistentes en eso.

 

Entre tantas críticas, decían que los armamentos eran unas chatarras, que los fusiles estaban en completo estado de deterioro, que la mayoría de los armamentos estaban en manos de la guerrilla colombiana, que los tanques no tenían retroceso Y estaban paralizados porque no habían repuestos ni dinero para repararlos, que las instalaciones estaban por el suelo, entre otros improperios al alto mando militar activo.

 

 

 

 

La mayoría de esas declaraciones atentaban contra la seguridad del Estado, porque los militares en el ejercicio de sus funciones no pueden estar declarando sobre las debilidades o amenazas que conciernen a la institución castrense nacional. Todos los oficiales del Ejército, aun yéndose de baja, no deben estar divulgando información falsa sobre las Fuerzas Armadas, y -menos de manera pública, porque estaría exponiendo al país ante sus enemigos.

Ellos estaban develando públicamente nuestras supuestas debilidades, y desde el punto de vista jurídico, eso representa traición a la patria. Basándome en ese comportamiento desleal para con las Fuerzas Armadas y con la patria, inmediatamente comienzo a indagar sobre los delitos que ellos venían cometiendo con sus declaraciones. Consulté con especialistas en la materia penal, asesores, políticos, entre otros, y determinaron que era viable abrirles a esos oficiales un juicio por traición a la patria. En ese sentido, yo recabé los argumentos jurídicos para abrirles el juicio y efectivamente así sucedió.

En ese proceso judicial, se me ocurre diseñar un cartel mediante el cual el Ministerio de la Defensa se comprometía a pagar una recompensa de cincuenta millones de bolívares a quienes informaran sobre el paradero de esos oficiales. Para eso consulté con una serie de abogados, incluso, acudí a una audiencia con el presidente del Tribunal Supremo de Justicia, doctor Iván Rincón, y le planteé sobre la posibilidad de publicar ese cartel. Él lee el escrito, lo analizamos y discutimos suficientemente, manifestándome que ese cartel no colindaba con la ley, podía publicarse dado que no acarrearía ningún problema legal.

 

Luego, por intermedio del coronel Lameda Hernández, le hice llegar el cartel a Hugo Chávez, que inmediatamente lo lee y me llama para consultarme al respecto. Le digo, que eso se había consultado lo suficiente, que también fue revisado por el doctor Iván Rincón y su publicación no nos ocasionaría ningún problema legal.

Entonces, él me autoriza a publicarlo en el diario Últimas Noticias y otros diarios de circulación nacional.

 

Así, en esos anuncios se publica sus nombres y el alias de los oficiales golpistas, así como su número de cédula, la recompensa, el delito por el cual estaba siendo acusado, características fisionómicas -edad, tamaño, peso, forma del rostro, color del cabello, color de la piel y de los Ojos – y el teléfono para ponerse en contacto con los cuerpos de seguridad del Estado. A las personas que dieran la información se les garantizaba el resguardo de su identidad y el incentivo de los cincuenta millones de bolívares.

De esa forma, aparecen en esos diarios la solicitud de captura de los oficiales golpistas Felipe Rodríguez Ramírez, alias “el Cuervo”; Néstor González González, alias “el Pelón”; Julio del Valle Rodríguez, alias 11el Sabañón”, Isidro Pérez Villalobos, alias 11el Loco”; Giuseppe Pilieri Carmona, alias “Pillín”; Ovidio Poggioli Pérez, entre otros. Por ejemplo, aquellas personas que dieran información fidedigna sobre el paradero de alguno de ellos nosotros les dábamos cincuenta millones de bolívares.

Mucha gente criticó esas publicaciones. Decían que estábamos en presencia de un “Estado forajido”, que estábamos actuando como en las películas del oeste, etcétera, pero realmente estábamos apegados a la ley.

Eso trajo como consecuencia, que muchos de esos oficiales se fueron del país prófugos de la justicia. Sin embargo, el general Poggioli Pérez tomó ese anuncio de prensa como si fuera un juego, se presentó ante la Fiscalía Militar, de una forma burlesca, pidiendo sus cincuenta millones, argumentando que él mismo se estaba entregando. Yo le dije que sus cincuenta millones estaban en la cárcel de Ramo Verde, que los fuera a buscar allá. En ese instante se detuvo, y de acuerdo con la ley, se le sentenció a cinco años de prisión pagando condena por lo que hizo ¡Él creía que yo estaba jugando!

 

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En el caso del general Felipe Rodríguez, una persona lo delata y fue capturado por medio de una operación militar. Ese fue el único caso donde efectivamente pagamos 10 prometido, porque fue una información fidedigna para su captura. El resto de los pagos no se hicieron porque, como dije anteriormente, huyeron del país.

 

 

El origen de la Milicia Nacional Bolivariana

 

 

Desde que el presidente Chávez llegó al Gobierno, siempre les ordenaba a los ministros de Defensa y a los comandantes generales del Ejército la conformación de una reserva militar nacional, con la visión bolivariana, que fuera fuerte, con recursos, bien estructurada. Sin embargo, todos los que ocuparon esos’ cargos no cumplían con esa orden. Ocupaban el cargo, pasaba el tiempo, lo dejaban y no se conformaba nada.

No obstante, cuando asumo como comandante general del Ejército, y como sabía que era una orden presidencial que estaba latente, yo sorprendo al Presidente en el desfile del 24 de junio de 2003. En ese desfile, logramos ordenar a lo largo del campo de Carabobo 15 mil reservistas, que es un ejército bien constituido y con fuerza propia.

El Presidente se emocionó tanto con esa demostración de fuerza que me dijo:- ¡Ahora quiero que me actives el Séptimo Cuerpo de Reserva del Ejército!

Y lo llevamos a cabo. Lo conformamos y lo presentamos en un desfile militar en el paseo de Los Próceres del Fuerte Tiuna. Estamos hablando de 45 mil hombres y mujeres comprometidos con la patria. Este Cuerpo de Reserva se conformó con hombres y mujeres de los regimientos 18, 71, 72, 73 Y74. Con esto se pusieron en práctica los postulados de la moderna Constitución de la República y se fortaleció el sistema de defensa nacional ante cualquier amenaza e intervención extranjera, venga de donde venga.

 

Activándose el Comando General de la Reserva en el año 2003

 

Era una fuerza para participar en el desarrollo nacional y para colaborar con el mantenimiento del orden, como apoyo a los órganos nacionales en caso de fatalidad y desastre nacional. Era un batallón de hombres y mujeres que ahora serían militares patriotas. Recuerdo que en ese tiempo también se dio inicio a la transmisión de la emisora de radio La Voz del Ejército F.M., para combatir la guerra mediática.

Como el presidente Chávez veía que su sueño se estaba haciendo realidad, en ese mismo evento, siendo yo ministro de la Defensa, me ordenó que conformáramos el Comando General de la Reserva que la constituían los cuatro componentes de las Fuerzas Armadas, cada uno aportando tropas a la reserva. También lo activamos. Este es el que da paso a lo que es hoy la Milicia Nacional Bolivariana.

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Todo el mundo a entregar sus armas

 

Entre las palabras de asunción del cargo de ministro de la Defensa, yo manifesté la necesidad de recoger todas las armas que estaban en circulación nacional. ¿Por qué? Porque la Constitución y la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas bien claro lo dicen, que todas las armas son propiedad del Estado, por tanto, todas las que ingresaban y estaban en circulación nacional eran del Estado.

Con base en eso, di la orden que toda aquella persona particular que tuviese un arma, debía entregarla. También anulé todos los portes de armas. Aproveché en publicar una lista de todos los oficiales que por su posición, por su cargo, habían solicitado armamentos a la Dirección de Armamentos de las Fuerzas Armadas – Darfa – para sus escoltas y seguridad personal. Eran más de 200 oficiales que debían devolver los armamentos que poseían. Por ejemplo, el exministro de la Defensa, general Raúl Salazar, tenía en su poder más de catorce armas de fuego, entre ellas: ametralladoras, revólveres, fusiles con miras telescópicas. Él tuvo que entregar todo ese armamento, así como todos los oficiales que aparecieron en esas listas.

Varios de los líderes de oposición se burlaban eso, y se opusieron a esas medidas, diciendo que estaban estudiando la validez legal de la entrega de los armamentos, entre ellos Leopoldo López del partido Voluntad Popular y Henrique Capriles Radonski del partido Primero Justicia. El primero, argumentó que estaban revisando la parte legal. Declaró:

A ti no te pueden revocar la licencia de conducir porque el ministro de Infraestructura así lo quiera” descontextualizando la medida tomada. Y el segundo, entregó fue un arma de juguete, que era para cazar pájaros, uno de uso deportivo. Y ellos son los primeros que critican las políticas de seguridad emprendidas por el gobierno revolucionario para la población en general.

 

 

Sobre el caso de la hacienda Daktari

 

Cuando era ministro de la Defensa, se presentó el caso de la hacienda Daktari, ubicada en una zona boscosa del municipio Baruta, estado Miranda, propiedad de Rodolfo Alonso -hermano de la actriz venezolana María Conchita Alonso-, donde se capturaron a 156 paramilitares que estaban siendo entrenados para llevar a cabo una serie de asesinatos selectivos contra funcionarios del alto gobierno de la Revolución. La captura se realizó el día 9 de mayo de 2004, a las 2:30 am, por grupos de inteligencia de la extinta Dirección de Inteligencia Policial (Disip) Y la Dirección de Inteligencia Militar (DIM).

Estaban agrupados para cumplir la “misión” de asesinar en primer lugar, al presidente Hugo Chávez, y luego al vicepresidente de la República, José Vicente Rangel; al fiscal general de la República, Julián Isaías Rodríguez; al defensor del pueblo, Germán Amundaraín; al contralor general de la República, Clodosvaldo Russián; y, al presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Iván Rincón Urdaneta; incluso, al Director de la Dísip, que para ese entonces era el coronel Miguel Rodríguez Torres.

Estuve presente cuando los capturaron. Sin embargo, previo a eso, el coronel Rodríguez Torres, llevó a cabo una investigación exhaustiva, que podría calificarse de extraordinaria, porque evitó una tragedia de grandes dimensiones para la vida política y social del país, Un número importante de funcionarios de la Disip participaron en el rastreo de la hacienda Daktari.

Se determinó, que los uniformes del Ejército fueron entregados la noche previa a la captura, y estaban listos para comenzar la misión asignada: los asesinatos selectivos. Y cuando se da la noticia a los medios públicos, 10 primero que hizo el medio de comunicación privado Globovisión, fue desmentir los hechos aludiendo a que era un show montado por el Gobierno. Un elemento más de la insensatez y calumnia desmedida por parte de sus directivos.

Es importante destacar, que luego se realizaron juicios públicos y orales para determinar los responsables de esa conspiración, y en el año 2005, quedó en evidencia la participación directa de personajes de la oposición al gobierno revolucionario; entre ellos, el empresario Pedro Carmona Estanga (prófugo de la justicia venezolana); el ex secretario general de Acción Democrática (AD), Rafael Marín; el empresario Gustavo Zigg Machado, señalado de dar recursos a los paramilitares y de haber participado en las reuniones en las que se planificaba el atentado; la entonces diputada del partido Primero Justicia, Liliana Hernández; y los militares golpistas Jael Contreras Rangel y el general Ovidio Poggioli Pérez. Este último, participó directamente en los entrenamientos de los paramilitares.

También, se determinó que el gobierno de los Estados Unidos estaba involucrado en la conspiración; y el gobierno de Colombia, presidido por Álvaro Uribe Vélez, tenía conocimiento de esos paramilitares en el país. No obstante, la embajadora de Colombia en Venezuela, María Ángela Holguín, prestó la colaboración para hacer contacto con los familiares de varios de los menores de edad que integraban el grupo de paramilitares. En un acto público fueron entregados a las manos de sus padres. Ellos manifestaron que fueron reclutados de manera forzada.

Hay que reconocer la magnanimidad que tuvo el presidente Chávez para con estos muchachos, de entregárselos a sus padres, reconociendo en ellos esa inocencia en su actuación, inducidos por la maldad de aquellos que por el poder son capaces de engañar a cualquiera, incluso a muchachos humildes que padecen las secuelas de la corrupción moral.

 

La actitud contrarrevolucionaria del general Baduel

 

Al general Raúl lsaías Baduel lo designaron ministro de la Defensa en junio de 2006, pero su comportamiento en ese cargo también fue deplorable. La primera decisión que él tomó como ministro fue ascender a más de cuatrocientos oficiales da manera extemporánea, que estaban retardados en el grado por causas bien justificadas. ¿Qué lo motivó a él a ascender tantos oficiales rápidamente? La antigua Ley Orgánica de la Fuerza Armada vigente en el año 2002. Le daba la potestad al ministro de la Defensa de ascender al personal militar hasta el grado de teniente coronel en cualquier momento del año, en cualquier mes del año. Pero, por respeto, el ministro de la Defensa debía notificarle al Presidente sobre esa decisión, por ejemplo; “Mire, señor presidente, quiero ascender a fulano de tal porque creo que con él se cometió una injusticia”. Pero, él no lo hizo, y así sucesivamente. Era discrecional en eso. Este general no le consultó nada al Presidente.

Simplemente, se dedicó en un primer momento a ascender al que se le antojara, sin ningún criterio preestablecido, ético y profesional. Anotaba en una lista a cualquiera de las brigadas del país e iba ascendiendo personalmente a los que consideraba de su afecto y a quienes pensaba que podían ser leales a su persona. En ese sentido, Baduel tenía un proyecto personal de manejo del poder con fines ocultos, como así lo demostró posteriormente.

Reseña sobre la aplicación de política de desarme nacional

Reseña sobre la aplicación de política de desarme nacional

Cuando al presidente Chávez le llegó esa información, comienza a sospechar que este hombre estaba montando en una conspiración. Porque, como estrategia, Baduel captaba a los oficiales descontentos, que por alguna razón tenían retardos en sus ascensos; ascendiéndolos extemporáneamente. Caro, estaba quedando bien ante ellos, ganando adeptos. Esa fue su manera de captar apoyo de oficiales, para luego preparar las condiciones de sublevación contra el Presidente. Esa era su táctica.

Ante esa acción, el presidente Chávez comenzó a preocuparse y tomó la previsión para que no volviera a ocurrir esa tragedia de abril de 2002. Para ello, introdujo una modificación a la Ley Orgánica, donde dejó establecido que el único que puede ascender desde subteniente hasta el grado de general fuese el Presidente de la República. De esa manera, le quitó esa potestad al ministro de la Defensa, eliminando el riesgo de una futura conspiración militar.

La ambición de Baduel comenzó a develarse desde antes que lo nombraran ministro de la Defensa. Él se buscó como asesor al intelectual mexicano-alemán Heinz Dieterich, para que le diseñara una estrategia de proyección pública con la finalidad de que el Presidente lo nombrara en ese cargo; y, en varios de sus artículos relacionados con la vida política venezolana resaltó su figura.

Él hizo una exaltación al carácter leal de Baduel durante los hechos de abril de 2002, comparándolo con la lealtad que tuvo el general Rafael Urdaneta con el libertador Simón Bolívar, que es considerado por los historiadores como uno de los hombres más leales a Bolívar. De hecho, en la Fuerza Armada, existe la condecoración Rafael Urdaneta en sus 10, en sus 20 y en sus 30 años, que se les entrega a los oficiales cuando cumplen 10 años, a los 20 y a los 30 años. Son de diferente categoría: en su tercera, segunda, y primera dase; y tienen diferentes colores. Este es un premio a la lealtad al jefe, en este caso al Presidente de la República.

Entonces, días previos a la entrega de esa condecoración, salió publicado un artículo de Dieterich en el diario El Nacional, titulado: “Rafael Urdaneta es a Bolívar, como Baduel es a Chávez”. Un artículo manipulador, con las intenciones de obligar a Chávez a que lo nombrara ministro de la Defensa porque, supuestamente, era uno de los hombres más leales que tenía, y dado el contexto político preelectoral presidencial del año 2006, si no lo nombraba, quedaría como si existiera una fricción entre los generales patriotas, contra Hugo Chávez, algo peligroso en ese tiempo. Nos enteramos luego, que fue una componenda entre Baduel y Dieterich. En ese momento dije: ¡Qué vaina tan asquerosa!, ¡qué tamaña comparación! Así, sería designado como ministro de la Defensa.

En el transcurso de la gestión de general Baduel como Ministro de Defensa a Chávez le llegaron informaciones por distintas fuentes sobre hechos de corrupción administrativa que ocurrían en ese despacho. La ambición de poder de Baduel era tal, que compró un lote de ganado en Colombia y logró pasarlo a Venezuela, utilizando tráfico de influencias, y lo metió en una finca que recién había comprado. Tuvo el descaro y la grosería de ir a inspeccionar su ganado utilizando helicópteros de la Fuerza Aérea. Pasaba revista al ganado, uniformado; se bajaba con un tabaco en la mano, con las botas de goma que se ponen los ganaderos. Eso lo hacía de una a dos veces por semana.

A pocos meses de vencérsele el período como ministro de la Defensa, también buscó a un grupo de expertos petroleros, los contrató para que le asesoraran en cómo introducir en sus discursos elementos teóricos y conceptuales sobre el tema energético venezolano y geopolítico. Pasó mucho tiempo dando conferencias públicas y en el escenario militar sobre la Constitución y ese tema. “Baduel dictará foro sobre petróleo en Venezuela y sus estrategias”, decía la prensa, por ejemplo.

¿Para qué hacía esto? Para generar una matriz de opinión en el sentido de que era un experto en el tema petrolero, es decir, que se fuera pensando que el hombre que más conocía de petróleo era él. Pero en el trasfondo, buscaba que lo nombraran presidente de Pdvsa.

Entonces, cuando llegó el mes de julio, el presidente Chávez indignado por lo que había hecho, le mencionó a Baduel que se fuera para su casa. Le dijo:

No, Baduel, vete para tu casa. El próximo 5 de julio te vas para tu casa y te vas para tu finca, porque veo que has estado muy ocupado en eso, y así podrás atender el ganado que tienes…

Lo mató con eso. Entonces, en vista que estaba descubierto, en ese momento le solicitó al Presidente que le permitiera un discurso el día de su retiro y que le diera quince días para la entrega del despacho. Chávez aceptó darle ambas concesiones:

¡En quince días le entregas el cargo al próximo ministro de la Defensa!

A partir de allí, el general Baduel entró en contradicciones ideológicas y en desgracia. Luego de defender la Constitución y ser leal al presidente Chávez en abril de 2002, de ser un tipo con autoridad, de ser condecorado como general-de cuatro soles, terminó siendo enemigo del proyecto revolucionario; un líder de la derecha venezolana por pocos meses, hasta que fue enjuiciado y preso por corrupción administrativa. Se volvió nada de un día para otro. Realmente, se le subió el poder a la cabeza, se volvió un corrupto más de la historia contemporánea de Venezuela.

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