2 ACCIONES PREVIAS AL GOLPE DE ESTADO

Mi designación como comandante de la I División… en 2002

 

General, muchas anécdotas se han contado sobre los hechos que provocaron el derrocamiento de Hugo Chávez en abril de 2002. La visión suya sobre el tema es necesaria para comprender el contexto de la Venezuela de inicios del año 2002, desde la mirada de alguien que estuvo al frente de la Guarnición Militar en la región donde ocurrieron los hechos. Es decir, desde el manejo del poder ¿Cómo se percibía la conspiración que se develó posteriormente? ¿Estuvo consciente de que podía ocurrió un golpe de Estado?

Sinceramente, nunca nos imaginamos que ocurría esa situación. El 8 de enero de ese año 2002 fui designado comandante de la m División y comandante de la Guarnición Militar de Caracas, Vargas y Miranda. También era el responsable de la Fuerza de Tarea Conjunta, por lo que tenía que velar por el orden, la seguridad, la protección y garantizar la paz en ese ámbito territorial. Esta Fuerza, es una agrupación de unidades militares de diferentes componentes, integrado por el Ejército, la Armada, la Aviación y la Guardia Nacional. Se agrupan de manera temporal bajo un solo comando para cumplir una misión determinada. Está a cargo de un comandante de gran unidad de combate, que en este caso era mi persona.

Cualquier alteración del orden público me correspondía hacerle frente y detenerla por el bien social. Para tal fin, se diseñan, se ponen a prueba y evalúan planes estratégicos y escenarios que perentoriamente son atendidos. Entre ellos, planes especiales de contingencia para atender fallas regionales en el suministro energético y eléctrico, casos especiales por alteraciones estudiantiles y, en extremo, una eventualidad como la acontecida en abril de 2002.Ese plan es conocido como el Plan Ávila, que abarca la Gran Caracas y atiende precisamente todo tipo de alteración de orden público. Es por ello, que uno debe estar atento. Sin embargo, son planes regionales que están enmarcados dentro del Plan Soberanía, que abarca el territorio nacional.

Desde que asumí esa responsabilidad como comandante de la Guarnición y parte de la III División comencé a detectar un proceso de recalentamiento en todas las calles de Caracas, Vargas y Miranda. Muchas marchas y contramarchas, de un lado y del otro. Detectamos cómo se infiltraban funcionarios de la Policía Metropolitana, a cargo en ese entonces del alcalde metropolitano Alfredo Peña, en las distintas marchas de la oposición para generar desestabilización, así como heridos y muertes, con el fin de acusar al gobierno nacional y a los llamados Círculos Bolivarianos pro chavistas, de provocar esa situación. De difundir esa mentira, se encargaban los medios de comunicación privados, especialmente, las cuatro grandes cadenas de televisión (Venevisión, Globovisión, Radio Caracas Televisión y Televén) llamadas por Chávez y el pueblo como “Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis”

Fíjate cómo era el modus operandi de la Policía Metropolitana de ese entonces: Los funcionarios policiales se disfrazaban de médicos y llegaban a las marchas con las respectivas ambulancias, con sus batas, instrumentos médicos, estetoscopios, y demás implementos. Parecían unos verdaderos médicos. Pero, se escondían detrás de los árboles y desde allí sacaban armas cortas, y comenzaban a disparar a las masas humanas que participaban en la marcha, y luego se hacían los locos.

Bajo esa misma estrategia, los policías metropolitanos se infiltraban en las marchas convocadas por la Revolución. En esos eventos, que contaban con mucha participación popular y eran concentraciones que a veces duraban más de seis horas, se dificultaba el control para la seguridad de esa multitud. Como dije, ya veníamos observando asesinatos y heridos en diferentes movilizaciones.

Muchos de los nuestros murieron de esa forma. Aunado a esto, se intensificaban los cacerolazos en distintas zonas del este de Caracas, para exigir la renuncia del Presidente. Era una serie de hechos que nos llamaba la atención.

Antecedentes del golpe de Estado de abril de 2002

 

-¿Cuáles cree usted que fueron 108 antecedentes del golpe de Estado de abril de 2002?

– Son varios los elementos a identificar como antecedentes que conllevaron al golpe de Estado de 2002. Dentro del plan de la oposición al gobierno de Chávez, estaba concebido realizar de manera continua paros, así como paros con huelgas, para generar un clima de inestabilidad y justificar, quizás, cualquier reacción de descontento en la población, como saqueos, entre otros.

Son varios los elementos a identificar como antecedentes que conllevaron al golpe de Estado de 2002. Dentro del plan de la oposición al gobierno de Chávez, estaba concebido realizar de manera continua paros, así como paros con huelgas, para generar un clima de inestabilidad y justificar, quizás, cualquier reacción de descontento en la población, como saqueos, entre otros.

Hay que recordar que los medios de comunicación privados, en su mayoría opuestos al Gobierno, difundían de manera libre y abierta una Venezuela virtual en descomposición política y social. Se nos acusaba de comunistas, de querer quitarles las propiedades a todos los venezolanos. Yo pienso, que realmente, esto fue lo motivó a algunos de los generales cabecillas del golpe de Estado ¡Los que no estaban daros, se dejaron confundir!

Entre el conjunto de acciones de desestabilización llevadas a cabo por la oposición, se encuentran: la campaña nacional e internacional contra Chávez; el paro empresarial del 10 de diciembre del 2001; las sucesivas movilizaciones de protestas que se dieron en enero, febrero y marzo; los paros del 9 y 10 de abril y, finalmente, la huelga nacional del 11 de abril.

Ya para finales de febrero de 2002, la situación del país estaba muy tensa. Chávez anunció cambios en la Junta Directiva de Petróleos de Venezuela, Pdvsa, cambio que trajo mucha resistencia dentro de la industria petrolera venezolana por parte de los gerentes defensores de la llamada “meritocracia”. Es así como estos anuncian, de manera pública, la conformación de un movimiento interno con el nombre de “Salvaguardemos a Pdvsa”, que tenía como fin una supuesta defensa de la institucionalidad de la estatal petrolera y en respuesta a una supuesta politización e imposición por parte del Gobierno nacional de nuevas condiciones laborales. Esta era una de las estrategias del imperio para poder seguir teniendo el control de la principal industria del país. Recordemos que el 1 de enero de 2002 había entrado en vigencia la nueva Ley de Hidrocarburos en el país, gracias a la ley habilitante aprobada por la Asamblea Nacional y ejecutada por Chávez.

El 4 de marzo, los gerentes petroleros y otros directivos de la nómina mayor de Pdvsa rechazaron la designación de la nueva Junta Directiva, procediendo, entonces, a paralizar varias de las actividades de la industria y realizando protestas públicas. Fueron protestas que continuaron por varios días. y eso conllevó al propio Chávez, en su programa radial Al6 Presidente del día domingo 17 de marzo, a amenazar con militarizar la industria petrolera si los altos gerentes continuaban con las protestas.

Esas amenazas se materializaron dos días después, el 19 de marzo, cuando el Presidente ordenó la intervención militar de la Refinería de Puerto La Cruz, estado Anzoátegui. A partir de allí, se intensificó la crisis en el país.

Es bueno recordar que dos años después, en enero de 2004, Chávez reconoció que había sido necesario para el país el haber provocado esa crisis dentro de Pdvsa, para salir de toda esa gerencia que históricamente fue genuflexa a los intereses imperiales. Y una de las vías era nombrando desde el Ejecutivo Nacional a su presidente y la Junta Directiva. Ese hecho se materializó el 13 de febrero de 2002, cuando se designó como presidente a Gastón Parra Luzardo, que sustituyó al general de Brigada Guaicaipuro Lameda, que ocupaba ese cargo desde el año 2000 y de quien se tenían pruebas sobre el financiamiento a sectores de la contrarrevolución con recursos propios de Pdvsa. Caro, ellos respondieron, y nos sorprendieron. Incluso Chávez lo reconoció: “Nos pusieron a pasar algún trabajo”.

También creo que la crisis era necesaria. Gracias a Dios, a la conciencia del pueblo y a la Fuerza Armada que salimos bien parados de esos días de dificultades.

A inicios del mes de abril las tensiones entre la “meritocracia” y el Gobierno fueron aumentando. También, tanto la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CIV), Fedecámaras y los partidos opositores presionaban con paralizar el país, mediante un paro nacional, para lo cual contaban con el apoyo abierto de los medios de comunicación.

El 4 de abril de 2002, la gerencia petrolera conspirativa acordó paralizar las actividades de la industria. Llegaron a paralizar totalmente algunas refinerías. El domingo 7 de abril, a través de Aló Presidente, Hugo Chávez anunció la destitución de un grupo de gerentes, en total siete, de la industria petrolera. Recordemos que fue aquel momento cuando tomó el pito y empezó a despedir gente. Fue una acción valiente y decidida, de hacerle frente a lo que viniera. Ante esa decisión, y en rechazo abierto, la CIV convocó a un paro nacional para el día 9 de abril, que se prolongaría hasta el 11 de abril\te 2002.

En términos generales, esa es la cronología de lo que ocurrió previo al golpe de Estado.

 

La conspiración montada

 

– Ahora, vayamos a lo específico de cada evento. El clima político comenzó a ponerse tenso a inicios del mes de abril de 2002 ¿La forma como se estaban dando los hechos no le generaba a usted preocupación?

Claro que estábamos preocupados. Hubo una serie de hechos que me generaban mucha preocupación y voy a narrarlas. Un primer hecho, que me pareció raro -y se lo comenté a los de mi equipo-,fue el relacionado con el cambio del membrete en la planilla de liquidación de haberes del personal profesional, que es donde aparece el método o relación de lo que cobran los oficiales los descuentos, bien sea por seguridad, por seguro, entre otros. Por medio de esa planilla de liquidación de haberes observamos que en el membrete de la institución emitida el 1 de marzo de 2002, decía República Bolivariana de Venezuela, y en la del 1 de abril de 2002, decía República de Venezuela, Ministerio de la Defensa, Ejército, etcétera. Ya le habían quitado la palabra Bolivariana. Estamos hablando de diez días antes del 11 de abril. Ese es uno de los elementos probatorios de que ya estaba planificado un golpe de Estado en Venezuela.

– ¿Entonces, la conspiración estaba montada desde hace tiempo dentro de la Fuerza Armada Nacional para dar UD golpe de Estado contra el presidente Chávez?

– Así es. Y todos los cuerpos de seguridad del Estado manejaban esa información. Incluso, en sus discursos políticos, Chávez advertía sobre las posibilidades de este tipo de eventualidad en contra de la Revolución. Pero siempre, por una u otra razón, se mantuvo la duda sobre la participación de algunos oficiales. Y en ese sentido, Sé tomó la decisión de dejarlos en sus cargos de comando, a fin de mantener su credibilidad y confianza. Fuimos muy confiados en esa parte. Creíamos en nuestros compañeros.

Sin embargo, algunos de los más cercanos al Presidente estaban planificando cómo derrocarlo. En este caso, los cuerpos de seguridad del Estado estaban en lo cierto. No esperábamos esto. Fue un golpe duro. Nuestros compañeros, en quien confiábamos, nos traicionaron. Es lamentable decir eso.

Otro de los elementos que llamó mi atención, a la luz de los acontecimientos fue el siguiente: A finales del mes de marzo, el Comando General del Ejército instruyó órdenes para planificar y ejecutar un ejercicio de puesto y comando desde el 5 al 18 de abril de 2002. Se obligaba a los comandantes, junto con su Estado Mayor, a trasladarse a lugares fuera de sus instalaciones. En el caso de la Tercera División de Infantería, tenía que movilizarse hacia El Vigía, estado Mérida, a unos 600 kilómetros de la ciudad de Caracas. La comunicación decía lo siguiente: “Se le participa a todas las grandes unidades y grandes comandos la realización del ejercicio de puesto y comando en cada área de responsabilidad en la tercera semana de marzo”.

No me explicaba cómo en un ambiente tan tenso, de movilizaciones y enfrentamientos políticos, se nos exigía salir de la ciudad. Era necesario permanecer en las guarniciones para hacer frente a cualquier eventualidad. Pero, la instrucción era otra. Algo sospechoso. Porque, la práctica te enseña, que ante los hechos que alteran la condición de convivencia social es necesario permanecer en la guarnición. Además, ¿cómo – por el rol que cumplía de comandante de la Fuerza de Tarea Conjunta Ávila- nos daban esa instrucción tan descontextualizada?

Luego comprendí, que ese ejercicio lo que perseguía era que el comandante, es decir, mi persona, junto a mi Estado Mayor, se moviera, única y exclusivamente fuera de Caracas, en este caso a El Vigía, una región lejos de la zona donde iban a suceder los hechos. Incluso, dejando las tropas y sus comandos. Claro, yo no era uno de sus hombres de confianza ni de la misión norteamericana que operaba en Fuerte Tiuna. Sabían que difícilmente conmigo conseguirían algún tipo de apoyo a las acciones conspirativas que pretendían realizar.

– Lo que usted señala indica que ¿querían sacarlo del juego?

– Sí, por supuesto. Ellos tenían previsto sacamos del juego porque veían que nosotros estábamos muy plegados al pensamiento revolucionario de Hugo Chávez, líder de la Revolución. Y a esa instrucción me opuse con mucha fuerza. De hecho, fui a hablar con el Comandante del Ejército, el general de División Vásquez Velazco, para que suspendiera o pospusiera dicho ejercicio, en virtud de lo que estaba sucediendo en la ciudad capital. Su respuesta en ese momento fue que sí lo iba a suspender.

Pero a pesar de mi negativa, dos días más tarde recibí un radiograma donde me ratificaron la decisión de movilizarme a esa región, señalando el período del ejercicio del 5 al 18 de abril de 2002. Valga decir, me insistieron en que debía cumplir la orden de ausentarme. El comunicado decía: “Ratifícole que deberá moverse a su puesto de comando para el ejercicio ya programado”.

Ante esa situación, me dirigí a hablar con el inspector general de las Fuerzas Armadas, general Lucas Rincón Romeros, y le pedí su autorización para permanecer en la Guarnición de Caracas, en vista de los acontecimientos que se estaban presentando. Así fue que obtuve la autorización para quedarme y permanecí en Caracas para vivir y afrontar todo 10 que venía, siempre apegado a la Constitución y a las leyes.

 

No dejaron pronunciarme a favor del Presidente

 

La actuación del comandante general del Ejército, el general de División Vásquez Velazco, ¿no le generó alguna desconfianza al Alto Mando Militar?

– Dadas estas circunstancias, el 1 de abril empezamos a realizar los preparativos y contactos con los oficiales de los Comandos de Batallones que hacen vida en el Fuerte Tiuna, plegados al Plan Ávila, para respaldar y apoyar públicamente al Presidente mediante un comunicado oficial, y a viva voz por los canales de televisión.

De hecho, le hicimos el planteamiento a Chávez y lo aprobó el mismo 1 de abril. Para eso, fuimos a la residencia asignada al ministro de la Defensa. Él estaba allí, oyó las exposiciones de cada uno de nosotros de cómo sería el apoyo de las Fuerzas Armadas al proceso y a él como Comandante en Jefe de la institucionalidad castrense. Sorprendido con lo que estaba sucediendo, pero siempre proactivo y frontal ante las vicisitudes, vio positiva la propuesta. Fue así como planificamos para el día 9 de abril el pronunciamiento ante los medios de comunicación nacional e internacional.

Llegó así el 9 de abril, estuve montado en la tarima con todos los medios de comunicación y todos los comandantes de Unidades listos para hacer el pronunciamiento de apoyo al Presidente, a la democracia y a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Entonces, se presentó una incómoda situación entre el Alto Mando Militar, el general en jefe Lucas Rincón Romero, que en ese momento era Inspector general de las Fuerzas Armadas y el ministro de la Defensa, que era José Vicente Rangel, El Alto Mando Militar comenzó a presionar a estos dos últimos para que no se diera el pronunciamiento. De hecho, amenazaron al general Lucas, diciéndole que si los comandantes de Unidad y mi persona hacían ese pronunciamiento, ellos iban a renunciar de forma inmediata.

Ante ese acontecimiento, se generó una confusión, el alboroto, las especulaciones emergentes en ese escenario. Por supuesto, yo no quise bajarme de la tarima, e incluso, les dije que no me bajaba hasta tanto no recibiera instrucciones directamente del presidente Chávez. De pronto, llega el jefe del Comando Unificado de la Fuerza Armada Nacional, el general Manuel Rosendo/, que trató de convencerme, pero también le dije tajantemente:

¡No! ¡Yo de aquí no me bajo, porque voy a apoyar de manera pública y directa al comandante Presidente en todo lo que él viene impulsando para el país!

El general en jefe Lucas Rincón, me llamó y también le dije:

¡Yo voy de frente con mis muchachos con los comandantes de unidades, a fin de darle el apoyo al Presidente!

Pero Lucas me argumentó que ya se había llegado a un acuerdo con el Alto Mando Militar, en el sentido de que los comandantes de unidades de los grandes comandos, del Ejército, de la Armada y la Aviación, iban a realizar un pronunciamiento en apoyo al Presidente.

A pesar de eso no me bajé de la tarima. El único que pudo convencerme de bajarme de la tarima fue Chávez, que me llama en ese momento y me ratificó lo dicho por Lucas Rincón. De esa forma, decido bajarme y ellos dieron el pronunciamiento en los términos acordados. Pero a mi parecer fue un apoyo muy escueto. V, eso me generó una gran desconfianza, porque no era un apoyo convincente, con la fuerza necesaria para calmar los ánimos y bajar el clima político necesario para el país en ese entonces. Tú lo escuchas y no fue convincente, con fuerza ni contundente. Fue medio cantinflérico, por decirlo así. Más bien 10 que creó fue más duda a la opinión pública y a los actores políticos que apoyaban a Hugo Chávez.

– ¿Usted mantuvo a su equipo y a las unidades del Fuerte Tiuna acuarteladas, días previos al 11de abril?

– Sí. Yo mantuve acuarteladas las unidades del Fuerte Tiuna desde el 8 de abril. Eso era lo más racional y coherente dado la forma como se venían presentando los acontecimientos. Lo normal era dar ese tipo de instrucciones.

El acuartelamiento sirve para muchas cosas. Puede servir para insistir en el cumplimiento de la instrucción militar, para corregir fallas de mantenimiento, para atender las diversas problemáticas que se presentan en las unidades. De hecho, para nosotros es normal estar acuartelados, es decir, pasar varios días en un cuartel.

 

Interpretación errónea del artículo 350

 

Los opositores interpretaron el artículo 350 de la Constitución como recurso para rebelarse contra el sistema ¿Cuál es su opinión al respecto?

Ese fue uno de los principales argumentos de los opositores y de la mayoría de los oficiales superiores con rango de generales, vice y contralmirantes que estuvieron al frente del golpe: interpretaron el artículo 350 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela según su interés particular. Lo interpretaron para justificar el golpe de Estado. Desconocieron la existencia de una Sala Constitucional en el Tribunal Supremo de Justicia, a la cual podían acudir para discernir y dejar claro cuál era la visión de los constituyentistas al momento de redactar este artículo y someterlo para la aprobación de la población. Esa Sala existe en el TSJ para evitar el libre albedrío en la interpretación constitucional.

El artículo 350 está en el Título IX, Capítulo tres, De la Asamblea Nacional Constituyente, de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, el cual refiere que:

El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y    la libertad, desconocerá cualquier régimen. Legislación o autoridad que contrarié los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos.

Sin embargo, el artículo cinco plantea: “La soberanía reside y es intransferiblemente en el pueblo quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en las leyes e indirectamente mediante el sufragio por los órganos que ejercen el poder público”. Los golpistas civiles y militares no sólo ejercieron este derecho votando, sino que algunos fueron candidatos.

– ¿Por qué los opositores no respetaron la decisión del pueblo e insistieron tomar el poder por la violencia?

– Evidentemente, porque perdieron el apoyo popular, así de simple. Yo creo que no habían logrado el liderazgo suficiente en las comunidades para enfrentársele a los revolucionarios desplegados y en contacto directo con el pueblo e identificados con sus necesidades sociales. Entonces, buscaron el camino de la violencia, ese era el camino que ellos veían para tomar el poder.

Esos generales, la mayoría de retiro, sin tropas en su mando, se las jugaron por la ambición de permanecer en el poder y seguir los lineamientos dados desde el imperio, es decir, desde sus amos. Pero gran parte del Ejército venezolano de ese entonces, en su esencia, estaba apegado a la institucionalidad, estaba bien claro que la única forma de avalar el que asuma el poder como Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, es porque ganó unas elecciones democráticas y libres, como está establecido en los preceptos y principios constitucionales. De otra forma, no lo hubiese avalado.

 

Un día antes… se tenía información

 

Según la información que usted manejaba el 10 de abril de 2002¿cómo preparó a sus comandos para resguardar la seguridad, garantizar la paz y la estabilidad el día 11 de abril, debido a la marcha convocada por los opositores para ese día?

– El miércoles 10 de abril fue un día de mucha incertidumbre y zozobra por la convocatoria de una movilización por parte de la oposición al gobierno revolucionario. Para mí, fue un día muy ajetreado por las distintas reuniones de seguridad y de control que debían programarse para resguardar la estabilidad en la zona de Caracas.

Por los medios de comunicación se convocaba con mucha insistencia a la marcha en los siguientes términos:

Todos a la calle el jueves 11 a las 10 de la mañana. Marchemos todos unidos por Venezuela desde el Parque del Este hasta Pdvsa. Trae tu bandera, por la libertad y la democracia. Venezuela no se rinde, nadie nos va a derrotar.

Ese día, en horas de la tarde, el general del Ejército Néstor González González convocó una rueda de prensa con presencia de medios de comunicación privados, por medio de la cual salía a la luz pública pronunciando un discurso de desconocimiento del Presidente, pidiéndole la renuncia, violando la Constitución y las demás leyes y reglamentos militares. Asimismo, inventó que el Gobierno estaba vinculado con la guerrilla colombiana y estaban instalados en territorio venezolano. Finalmente, este general, que irrespetaba al Presidente públicamente, estaba solicitando respeto a la Fuerza Armada Nacional.

Fueron declaraciones temerarias, que me ponían a pensar que algo muy malo se estaba desarrollando dentro de la Fuerza Armada Nacional. Debido a ello, como práctica común en el ejercicio de los puestos de comando, comienzo a tomar previsiones para estar preparado ante cualquier eventualidad que pueda ocurrir. En caso de que ocurriese, el comando bajo mi responsabilidad debía estar listo para actuar.

Por otra parte, debido a la responsabilidad que también tenía como comandante de la Fuerza de Tarea Conjunta Ávila y de acuerdo con la Resolución N°DG-2074 del 20 de febrero de 1990, se me daba la potestad de planificar y conducir todas las operaciones militares conjuntas derivadas del Plan de Operaciones Ávila, para atender cualquier tipo de disturbios civiles dentro de mi jurisdicción.

Hay que recordar, que los militares por convicción somos previsivos, y yo no iba a esperar a que alguien me dijera actívese, haga su trabajo. En ese sentido, me di a la tarea de realizar los preparativos para dejar el Plan Ávila para su ejecución cuando me lo indicaran mis superiores. Comencé a prepararlo para no estar dando carreras de último minuto, dada la complejidad que conlleva su activación. Uno no sabe si en la carrera un vehículo no me ~nde, si le falta la batería, si tiene un caucho espichado, si el carburador está dañado, etcétera. Yo en ese aspecto, fui muy previsivo.

Para ello, reuní el día miércoles 10 de abril, a los comandantes de las unidades de la Fuerza de Tarea Conjunta Ávila. Allí, asistieron el comandante del grupo de Tarea Conjunta N° l, N° 2, N° 3, N° 4, Y los comandantes de las unidades subordinadas con sus oficiales de operaciones. Esos grupos de tarea conjunta son agrupaciones temporales de unidades militares de los diferentes componentes (Ejército, Armada, Aviación y Guardia Nacional), para realizar tareas determinadas. En este caso, está comandada por un comandante de una unidad superior, con agregaciones de otros componentes y no por una gran unidad de combate, como es el caso de la Fuerza de Tarea Conjunta Ávila.

¿Para qué se hizo eso? Para diagnosticar la situación del orden público presente hasta ese momento, para revisar el Plan de Contingencia que se aplica en estos casos, para chequear los sectores de responsabilidad y revisar los puntos críticos, entre otras tareas de supervisión y control.

Ese día, cerca de las 10:00 pm, ya se tenía suficiente información de que los convocantes iban a tratar de generar una crisis política en la nación, y no se descartaba el escenario de intentar derrocar al Gobierno. Me dirigí con varios profesionales de mi Estado Mayor al peaje de Tazón, donde se identificó un incremento irregular y anormal del tráfico de vehículos entrando a Caracas, sobre todo de taxis.

Nos pareció extraño tanto tráfico a esa hora de la noche. Un tráfico que comenzó desde las 11:00pm y duró como hasta las 4:00am. Nos hizo suponer que era motivado por las manifestaciones convocadas para el día siguiente: la marcha opositora del 11de abril. Es bueno recordar, que para ese entonces había ocho gobernaciones en manos de líderes opositores, y había planificado envío masivo de vehículos hacia Caracas para participar en la marcha del día siguiente. Y el medio de trasporte eran taxis particulares para ocultar su movilización.

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