4 ACONTECIMIENTOS DEL VIERNES 12A

En la Comandancia General del Ejército a las Una de la noche

 

Llegamos al quinto piso de la Comandancia General del Ejército como a las 12 de la noche. Allí, me estaban esperando en el sótano. Me reciben y llevan a la habitación del comandante general del Ejército. Esa habitación tiene su comedor, su sala y su dormitorio contiguo. Allí se encontraba el general Medina Gómez y comienza a explicarme de manera detallada el plan que tenían, con un tono suave, con confianza, con mucha tranquilidad, pero sonriente, me dice:

Carneiro, esa planificación la veníamos realizando con mucho tiempo, y la mejor manera de evitar menos derramamiento de sangre es que Chávez se vaya. Hemos tomado la decisión de hacer varios pronunciamientos. Tenemos planificado no sacar tropas a la calle y los muertos los van a colocar los civiles, en este caso, la Policía Metropolitana y todo el resto de los cuerpos policiales que tenemos bajo nuestras órdenes. Carneiro, vienen nuevos rumbos, nuevas situaciones, no te opongas a eso.

Yo le respondo con el mismo tono: No estoy de acuerdo con lo que está sucediendo.

Ante esa situación y por el tono de la conversación, tuve que tomar en ese momento una actitud pasiva, de tolerancia, política, porque realmente me convenía tomarla así.

Luego de escuchar e intercambiar palabras por un espacio de 25 minutos, de pronto alguien entra a la habitación un poco entusiasmado y avisa:

¡Viene llegando el presidente Carmona! ¡Viene llegando el nuevo jefe!

En ese momento, el general Medina Gómez se pone su chaqueta, se acerca y me da varias palmadas en el hombro. Sale de la habitación, me deja solo, y se va para el despacho del comandante general del Ejército.

De pronto, comienzo a escuchar una algarabía, una bulla, gritos de alegría. Era como un festejo.

Por curiosidad, me acerco a la puerta de la habitación para escuchar más de cerca. Yo creía que el general Medina Gómez me había cerrado la puerta. Giro la manilla y veo que no le había pasado el seguro. Abro, y por fisgoneo salgo de la habitación; me dirijo sigilosamente hacia el despacho del comandante general, y veo cámaras de televisión instaladas, específicamente de tres medios de comunicación privados: Globovisión, RCIV y Venevisión.

También, veo al presidente de Fedecámaras, Pedro Carmona Estanga, sentado en la silla del comandante general. Comienzo a ver la traición en su máxima expresión, cosas que lamentablemente dan pena ajena. El júbilo, la adulancia, la celebración, los abrazos, las felicitaciones, las palmadas, .etcétera, expresiones que me indignaron y preocuparon por el triunfo que ellos habían obtenido.

Botellas de whisky iban y venían en ese festejo. Se abrazaban. Allí estaban los agregados militares de México, Estados Unidos y Ecuador, países que estaban presididos por los gobiernos de derecha de Vicente Fox, George W. Bush y Gustavo Noboa, respectivamente.

Entre los comentarios, burlas y tonos de venganza contra los políticos revolucionarios y contra Chávez, yo estaba allí. Sabían que no estaba de acuerdo con lo que estaba sucediendo, sin embargo, entre su alborozo y celebración, se olvidaron de mi presencia.

Llega el general Carlos Alfonzo Martínez, entonces inspector general de la Guardia Nacional, con autoridad, y dijo en presencia de todos nosotros:

¡Ese señor se queda aquí, porque va a ser juzgado aquí!­ Haciendo alusión a Chávez.

Yo me le acercó al general Martínez Vidal, que se encontraba afuera del despacho, y le digo:

Yo creo que ustedes han cometido un error. Ustedes verán las consecuencias. Lo que ustedes creen ha terminado, para mí apenas está comenzando. No ha terminado.

Pocos minutos después del efusivo recibimiento del empresario Carmona Estanga, veo que comienzan a hacer silencio para tomar algunas decisiones y acuerdan encerrarse en una de las oficinas que tiene el despacho. Luego, me entero que redactaban el modelo de carta de renuncia que supuestamente el Presidente debía firmar y acordaron que sería enjuiciado en el país.

En ese momento, yo le digo al general Melvin López Hidalgo que se encontraba allí:

¡Mira, yo no hago nada aquí!; ¡yo como que mejor me voy! Yo le caeré mañana.

Inmediatamente, me retiré del lugar con mucha frustración. Eran, entre las 12 y media y una de la madrugada del día 12 de abril. Llego a mi casa y me está esperando mi familia despierta. Los consigo llorando. Me puse a hablar con ellos y realmente no pude dormir ni un minuto preocupado por la situación.

– Cuando se marchó a su casa, ¿usted sabía dónde estaba el presidente Chávez?

– Sinceramente, no lo sabía. Para mí, aún estaba resistiendo en el Palacio de Miraflores. Pero una vez que llego a mi casa, me baño, me siento a la mesa del comedor para comer algo que había preparado mi esposa. Enciendo el televisor para ver qué estaban transmitiendo. Allí es cuando me entero lo que pasaba con el Presidente.

Una vez que como algo, hago algunas llamadas a un grupo de compatriotas que estaba en Miraflores para que me mantuvieran informado de la situación. Ellos decían que estaban negociando con Chávez la manera y las condiciones de su rendición y detención.

Entre las condiciones que planteaban los insurrectos era que Hugo Chávez debía firmar una carta donde aceptaba la renuncia a su cargo de Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela. El modelo de esa carta fue enviado vía fax desde la Comandancia General del Ejército hacia Miraflores, exactamente 2:43 am del 12 de abril.

 

 

La llegada del general Rosendo a Miraflores con la carta

 

En pocos minutos, entra al Palacio de Miraflores el general Manuel Rosendo, como vocero del equipo de negociadores de la transición del poder presidencial, llevando la carta original redactada por los golpistas. Iba a solicitarle personalmente la renuncia a Chávez, en un acto de cinismo y traición Rosendo siempre estuvo acompañando al general Hurtado Sucre, en su ida y venida de Miraflores a Fuerte Tiuna.

El general Hurtado Sucre, el negociador del presidente

 

 

Por el lado del gobierno revolucionario, el general Eliécer Hurtado Sucre, ministro de Infraestructura, se encontraba tratando con los militares alzados en el Fuerte Tiuna la forma constitucional de cómo, supuestamente, el Presidente les entregaría el poder. Pero en el fondo sabía que nos habían derrotado, dado que no eran ni cuatro ni cinco los generales alzados, como inicialmente nosotros creíamos.

El general Hurtado Sucre sale del Fuerte Tiuna y se dirige a Miraflores para informarle personalmente a Chávez sobre la situación y lo que ellos estaban exigiendo. Él lo recibe en su despacho. Se encierran con el ministro de la Defensa José Vicente Rangel. Allí, le cuenta cada detalle de lo que percibía en cada uno de los componentes de la Fuerza Armada Nacional y sus posiciones. Uno de los que estaba más intransigente era el segundo comandante e inspector de la Armada, el vicealmirante Ramírez Pérez.

La situación estaba muy delicada. Llaman, entonces, desde la Comandancia General del Ejército para informar que mandarán a Miraflores a los generales Camacho Kairuz, de la Guardia Nacional, que era viceministro de Interior y Justicia, y a Barráez Herrera del Ejército, esto con la finalidad de tratar de convencer al Presidente de desistir en su posición. Cuando llegan, los reciben por la puerta dorada de Miraflores, por donde se entra y se al despacho presidencial.

Cuenta Hurtado Sucre que, por supuesto, ellos venían con la intención de doblegarlo a sus peticiones, pero allí se intercambiaron palabras fuertes. Claro, lo que se buscaba era ver hasta dónde ellos podían ceder más, y a su vez, intentar ganar más tiempo. Incluso, ellos planteaban escenarios para su posible salida ¿Por dónde? ¿Por La Carlota? No, porque estaba tomada por sectores civiles de la oposición. Entonces, ¿cómo se hace? ¿Por Maiquetía, con el avión presidencial? No, porque el avión presidencial está en este momento en La Carlota ¿Y cómo despega de La Carlota para irse a Maiquetía? Inclusive, entre otros escenarios posibles planteaban fletar un avión comercial a la brevedad del caso. En fin, se discutían esas cosas para una supuesta salida del país. ..

En ese instante, vuelve a llamar el general Fuenmayor, manifestando la firme y clara decisión de que el Presidente no saldría del país, que no se iba, pues sería enjuiciado aquí. Eso dejó desarmada a la comisión negociadora del ala militar rebelada, y los obligó a devolverse al Fuerte Tiuna.

Entonces, Rommel Fuenmayor comienza a llamar de nuevo al general Hurtado Sucre, presionando, planteando que le quedaban pocos minutos a Chávez para tomar su decisión. Los golpistas daban 20 minutos más para que se decidiera aceptar las condiciones impuestas de la mejor manera, es decir, por las buenas, porque de lo contrario, amenazaban con mandar los tanques del Batallón Ayala -únicos tanques activos- y al Batallón de Infantería Bolívar, para arremeter contra el Palacio de Miraflores e irlo a buscar por la fuerza y capturarlo.

¡Lo vamos a buscar a Miraflores¡ ¡Qué se atenga a las consecuencias¡

-, decía Fuenmayor con tono enfático.

Todas las presiones, por supuesto, el general Hurtado Sucre se las manifestaba al Presidente. Pero, la información de que el general Rommel Fuenmayor tenía control de los tanques y del Batallón Bolívar era falsa. Estaba hablando de un ataque virtual de su parte, porque él no tenía mando ni de los tanques, ni del Batallón.

A partir de ese momento, las salidas estaban cerradas. Chávez comienza a reflexionar, pide que lo dejen pensar, razona mucho. En el análisis, se tocaron varios temas y puntos, las fallas que hubo, sobre aquellos que lo traicionaron, la deslealtad y la avaricia de ese grupo de generales, y la no previsión de lo que estaba sucediendo.

Ese mismo ambiente de reflexión y frustración, de ver que el proyecto revolucionario llegaba a su fin, embargaba a todos los pocos que quedaban y esperaban su decisión al otro lado de la puerta del despacho presidencial. Estaban dispersos y sentados en los alrededores del jardín, sentados en el piso a lo largo del pasillo próximo a esa puerta cerrada, que todos esperaban ansiosos que se abriera. Eran varios líderes de la revolución bolivariana.

Alguien dijo con tono melancólico: ¡Si no hubiésemos estado peleando entre nosotros mismos, esto no hubiera pasado!

Otro testigo, mencionó:

¡Ahora realmente es cuando necesitamos reencontrarnos!¡Sí, si es verdad! Pero estoy seguro de que el pueblo va a bajar a buscar a su Presidente. Esto no se va a quedar así. – Refutó otro con un tono más optimista.

Entre dimes y diretes corrían los veinte minutos que le habían dado los golpistas al Chávez. De pronto, vuelven a llamar a Hurtado Sucre y comienzan nuevamente a presionarlo por teléfono. Le pide otra vez que les den más tiempo, en este caso cinco minutos más, porque no era una decisión fácil, Chávez seguía pensándolo. El general Fuenmayor le manifiesta que el general González González asumió la operación de ido a buscar a la fuerza sin ningún tipo de contemplación, incluso traerlo muerto si fuera necesario. Le advierte que ya estaba preparando la movilización y cuelga la llamada.

Hurtado Sucre le comunica al Presidente:- Me informan que González González está al frente de la operación y amenaza con venir ya.

Cuenta Hurtado Sucre que dentro del Palacio estaban varios de los escoltas del Presidente, mucha gente armada, dispuesta a defender el Palacio hasta la muerte, así como lo hizo Allende. Pero la presión de los golpistas lo hizo reflexionar mucho en ese momento, y es cuando decide.

 

 

 

 

 

 

La Armada se pronuncia desde la Base Naval de Puerto Cabello

 

A pocos minutos de esos acontecimientos veo por televisión que el comandante general de la Armada, vicealmirante Fernando Camejo Arenas, acompañado de un grupo de oficiales, se pronuncia por medio de una rueda de prensa desde la Base Naval de Puerto Cabello, dejando firme su posición de acatamiento a la institucionalidad democrática y en firme rechazo a cualquier decisión que el alto mando militar tomase en contra de Chávez.

En este componente militar fue donde hubo menor disidencia ese día, dado que se encontraba posicionado lejos de la ciudad capital. Los términos de su declaración fue la siguiente:

Nosotros, los oficiales aquí reunidos, comandados por mi persona y previo contacto con el comandante general de la Armada, vicealmirante Jorge Sierralta Zavarce y demás oficiales almirantes, hemos decidido mantener las unidades de la Flota, Infantería de Marina, Aviación, Naval, dotaciones de las bases navales y demás establecimientos en sus respectivas sedes. Expresamos el sentimiento de institucionalidad en ocasión de los hechos vividos en la Patria, por lo tanto enviamos un mensaje de solidaridad, tranquilidad y paciencia en el sentido de que no emplearemos jamás nuestras armas en contra del pueblo y sus instituciones.

En ese instante, una periodista lo abordó y le preguntó sobre la posición que asumiría la Armada de confirmarse la renuncia del Presidente, y éste respondió basado en la información que recibió desde Caracas:

Estamos a la espera del pronunciamiento del general en jefe Lucas Rincón, que dictará las pautas a seguir en las diferentes instituciones militares. Reitero que nos apegamos plenamente a la institucionalidad y nos encontramos reunidos manteniendo el control de la Armada. ya que aquí se concentra el poder de la fuerza.

Asimismo, le preguntaron si tenía información de que dos helicópteros de la Aviación Naval habían aterrizado en la capital, a lo cual respondió:

Fueron enviados dos helicópteros hacia la Base Aérea La Carlota, cumpliendo instrucciones de nosotros y ordenados por el contralmirante Salvatore Scettro Romero, comandante de la Aviación Naval.

 

 

Lucas Rincón anuncia la renuncia del “Presidente”

 

El inspector general de la FAN, general en jefe Lucas Rincón, se comunicó con el Presidente cerca de las 3:00 am del día 12 de abril para informarle acerca de la situación que se estaba viviendo en la Comandancia General del Ejército.- ¡Presidente, los comandos y varios de los componentes están tomados por gente que está en su contra!

Pero los que realmente estaban en su contra eran los cercanos a Caracas. Incluso, dado el hermetismo generado por la situación, los del interior del país se disponían a movilizarse hacia la capital. Ante esa situación, Chávez le exhorta a Lucas Rincón que él no quería un derramamiento de sangre producto de un enfrentamiento entre militares.

– ¡No quiero ver ni una gota de sangre derramada, Lucas!- ¡Presidente, aquí se está manejando la tesis de enviar tanques para bombardear el Palacio si usted no se entrega ya!

Ellos seguían conversando para encontrar una solución a la crisis. Yo seguía viendo la televisión cuando exactamente, a las 3:00am veo que el general en jefe Lucas Rincón, anuncia que el Presidente había renunciado en los siguientes términos:- Se le solicitó, al señor Presidente de la República la renuncia de su cargo, la cual aceptó.

 

 

 

 

 

 

 

El anuncio de la renuncia sin firmarla, fue una estrategia

 

Desde ese primer momento, yo no me creí esa renuncia. Y sinceramente, no sabía cuáles eran las razones que motivaron a Lucas a decir eso. Pero intuía que estaría recibiendo mucha presión por parte de los generales golpistas hasta el punto de llevarlo a decir eso. Hay que recordar que ellos presionaban por todos lados. Bueno, la prueba está que después de todo eso, se impuso la voluntad y la verdadera unión cívico-militar.

Después, comprendí que el anuncio de la renuncia del Presidente por parte de Lucas Rincón era parte de una estrategia. Se hada el anuncio sin que él firmara. Nunca firmó esa renuncia.

Posteriormente, en una entrevista que Chávez le concede a Martha Harnecker”, cuenta algunos pormenores del tema de su renuncia. Advierte que era parte de una estrategia para ganarle tiempo al tiempo.

Una renuncia presidencial es un acto voluntario, no forzado, a menos que venga por una decisión del Tribunal Supremo de Justicia. En este caso, implicaba preparar administrativamente la entrega del cargo, cosa que requería esperar a que amaneciera, a fin de realizar todos los trámites para la transición por la vía democrática y constitucional.

Según el artículo 233 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, vigente en ese momento, a esa hora de la madrugada, una renuncia del Presidente es considerada una falta absoluta, y la declaratoria de falta absoluta tiene sus propios mecanismos legales para ejecutarlos, inclusive hasta judiciales, lo que pudieran conllevar a una serie de interpretaciones por el Tribunal Supremo de Justicia. Todo ello conllevaba a tiempo, lo que realmente se necesitaba en ese momento.

No obstante, el 233 constitucional establece quién asume inmediatamente el poder gubernamental del país, es decir, quién sustituye al Presidente. Al caso vamos: Chávez quedó electo en las elecciones generales celebradas el 30de julio de 2000, con el 59,76% de los votos, según el propio Consejo Nacional Electoral. Llevaba apenas menos de dos años en el ejercicio de su mandato presidencial. Si ante la opinión pública amanecía renunciando, debía aplicarse lo que establece el 233 para estos casos. Al respecto, cito:”

Artículo 233: […] Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente o Presidenta de la República durante los primeros cuatro años del período constitucional, se procederá a una nueva elección universal y directa dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva […]

¡Si Chávez renunciaba y los golpistas lo aceptaban, obligatoriamente asumiría la transición del poder el vicepresidente de la República, que para ese entonces era el camarada Diosdado Cabello, uno de los hijos putativos de Chávez! y en ese camino, muchas cosas y mentiras se podían develar, demostrar y desmontar, que conllevarían, incluso, hasta devolverle el poder presidencial a Hugo Chávez en pocos días. Era tiempo lo que se necesitaba en ese momento. ¡Pero, eso es algo que nunca los golpistas, los sediciosos del poder, iban a aceptar!

En esa entrevista con Hamecker, Chávez cuenta todo lo anterior. Él refiere que el general en jefe Lucas Rincón da esa rueda de prensa, e inmediatamente pone su cargo de inspector de la Fuerza Armada a la orden, es decir renuncia en ese instante. Como a los 20 minutos sale de allí, del comando general. Como se ve, él plantea públicamente la renuncia del Presidente, también renuncia en el acto, esa era la estrategia para lograr confundir a los golpistas.

Pero a los pocos minutos, los golpistas cambian las condiciones acordadas con los negociadores del Presidente, y plantean por teléfono que ya no aceptaban ninguna condición e imponen las suyas. Lucas Rincón desconocía de ese cambio de la situación. Chávez lo cuenta así, cito:

¿Qué pasó a los 10, 20 minutos? Que allá él da esa declaración y se va de allí, pero a los pocos minutos nos llega la información de que no, que ya no acepta ninguna condición. Yo estaba casi seguro de que no las iban a aceptar, era una forma de ganar tiempo y eso. Ahora estaban exigiendo que yo me fuera para allá preso y si no lo hacía amenazaban con venir a atacar a Palacio. A los pocos minutos la situación había cambiado. Y el desenlace fue ese: acepté irme preso. Lucas salió, se fue a llevar a su familia a algún sitio y el día sábado regresó a Fuerte Tiuna y se sumó a García Carneiro y ese grupo de generales que estuvieron allí retomando el hilo de las cosas ¿De qué se le puede acusar, entonces?

Al Presidente lo estaban forzando a renunciar y al mismo tiempo a entregarse para meterlo preso, y así poder acusarlo de las muertes que ellos habían ocasionado. Algo que él nunca iba a aceptar. Es por ello, que a pesar de las amenazas de muerte, decide que lo metan preso:- Yo no renuncio al poder que me dio el pueblo. Hagan conmigo lo que quieran.

 

 

La dignidad de un oficial patriota

 

Yo voy a decir una cosa: es cierto que el general Lucas anunció al país que el Presidente había aceptado la solicitud de la renuncia hecha por los oficiales golpistas. Eso solo fue lo que hizo, pero Lucas, con dignidad, puso su renuncia, en protesta a lo que estaba pasando. Dos días después, el sábado 13 de abril, en la tarde­ noche, se uniría a mí y a otro grupo de generales en Fuerte Tiuna.

Sin embargo, a manera de reflexión digo que nosotros los oficiales del Ejército de Venezuela que estábamos con Chávez y que lo acompañamos hasta el final, estuvimos siempre claros en que no íbamos a aceptar su renuncia, aun firmándola bajo presión o por coacción. Pasará lo que pasara, bajo ninguna circunstancia, íbamos aceptar la materialización de esa renuncia coaccionada.

 

Se llevan preso al presidente Chávez

 

 

A las 3:25 am, el Presidente toma la decisión de entregarse a los militares alzados de Fuerte Tiuna. Esa fue su decisión: que lo metan preso, para evitar un derramamiento de sangre, valga decir, una guerra civil en Venezuela.

Entre las pocas cosas que toma para llevarse, elige un Cristo que le había regalado minutos antes el general Jacinto Rafael Pérez Arcay, uno de sus maestros; un escapulario de la Virgen del Socorro y uno de la Virgen del Carmen. Los resguarda en los bolsillos internos del traje que llevaba puesto. Y así, abre la puerta dorada de su despacho que da hacia el interior del Palacio. Sale uniformado, da pocos pasos hacia adelante, en dirección al pasillo principal ubicado al lado derecho de ese recinto. En breve, es detenido por varios de sus más fieles compañeros de trabajo y partidarios que se encontraban a esa hora respaldándolo en su decisión. Eran cerca de cuarenta civiles.

El Presidente le comunica a los más próximos a él, que podían escucharlo, que decidió ir a Fuerte Tiuna a entregarse.

 

Chávez, en su libro Cuentos del Arañero manifiesta: Los pobres viejos estuvieron en Palacio esa noche y mi madre me dio un mensaje de fortaleza pocos minutos antes de salir prisionero. Le dije a Marisabel: “Vete a Barquisimeto”, cuando la cosa estaba ya calentándose al rojo vivo. Salió con Rosinés, Raulito, su mamá y mis hijos más grandes, Rosa, María y Hugo, con un grupo de oficiales amigos. Los llevaron también a esconderlos en otro sitio, y yo a esas alturas no sabía nada de ellos. (p. 138)

En el Palacio de Miraflores se vivía un ambiente lleno de tristeza, de lágrimas y solidaridad, pero a la vez optimismo. Chávez se despide y retoma hacia su despacho para salir por la puerta de atrás de) Palacio, la otra puerta dorada, donde 10 esperaba un vehículo de su caravana presidencial, un sedán blindado de color negro, para trasladarlo hacia la Comandancia General del Ejército en el Fuerte Tiuna. Todos los presentes se vinieron detrás de él entonando las gloriosas notas del Himno Nacional de Venezuela, el Gloria al bravo pueblo, entre lágrimas, impotencia y sentimientos de frustración. ‘

Alguien grita:

¡Volveremos Presidente, volveremos!

Y Chávez le responde:

¡Es que no nos hemos ido!

Se sienta en el medio de la parte trasera del vehículo. Lo acompaña, junto a la ventana derecha, el general Hurtado Sucre. En la izquierda se monta el jefe de su escolta personal, el mayor Jesús Suárez Chourio. En el puesto del copiloto va el general Rosendo, siendo el que se 10 lleva detenido desde Miraflores hacia Fuerte Tiuna. Eran las 3:35 am del viernes 12 de abril de 2002. El vehículo arranca para la historia. Media hora después, cerca de las 4:00 am, llega a la Comandancia General del Ejército, donde estaban los protervos.

 

 

Querían obligar al Presidente a firmar la renuncia

 

 

Ya en el Fuerte Tiuna, abordan el ascensor que los llevaría al despacho del comandante general del Ejército. Entonces, ocurre un hecho deprimente: el Presidente es paseado por el pasillo donde estaban los generales, los almirantes golpistas, el presidente de Fedecámaras e, incluso, el presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, obispo Baltazar Porras. Algunos lo saludaron, otros lo abuchearon, otros lo vieron con odio y rencor. Sin embargo, algunos le infundieron respeto.

Luego, lo sentaron a una mesa y el general Rommel Fuenmayor, como vocero del golpismo, le puso la carta de renuncia y solicitó que la firmara, argumentado que era por el bien del país.

Cuenta Chávez que este general se dirigió con respeto, en los siguientes términos:

Bueno, señor Presidente. Lo hemos llamado para que usted firme aquí la renuncia. Es lo más conveniente para el país. Le agradezco su gesto.

Chávez, inmediatamente apartó el papel y de manera firme, dijo:

Mira, Fuenmayor. En esas condiciones, así, yo no voy a renunciar a la Presidencia de la República. Así que ni siquiera me pongan esta hoja. Ustedes tienen dos alternativas: me meten en una prisión o me fusilan. Ustedes tomen la decisión.

Uno de los generales presentes tomó la carta de renuncia, y manifestó:

No importa, que no firme nada. De todos modos, ya renunció como lo dijo Lucas Rincón. ¡Ustedes saben que eso es mentira! – refutó Chávez.

Vásquez Velazco le respondió:

¡Usted no se va a ningún lado! ¡Usted se queda aquí para ser juzgado, quedará bajo custodia de la Fuerza Armada Nacional!

Chávez le respondió:

¡No! ¡Yo estoy preso por la Fuerza Armada Nacional!

y en pocos minutos preguntó:

¿Y qué piensan hacer con la Asamblea Nacional? ¿Van a violar la Constitución?

Con tono prepotente, el contraalmirante Daniel Comisso Urdaneta embistió a Chávez y le dijo:

Teniente coronel: ¡Quítese el uniforme ya!

Pero González González lo detuvo y le dijo:

Tranquilo, no te preocupes, que ya le tenemos una ropa de civil ahí, para que no ande uniformado.

Otro general, en el fondo, murmuró, tajantemente:

– ¡Hay que matarlo!-. Nadie respondió a esa tajante idea.

Pese a todo, Chávez, incisivo, seguía poniendo a dudar al generalato reunido en ese salón.- Ustedes, ¿cómo que no se dan cuenta de lo que están haciendo? Va a amanecer en un rato y ahí está un país… ¿Qué le van a decir a ese país!”, replicó.

 

 

De pronto, el general González González irrumpe a Chávez y le habla con tono fuerte:

– ¡No nos interesa lo que usted piensa!

No lo hemos traído para discutir con usted. Ya todo está resuelto. Sabemos muy bien lo que vamos a hacer. Y la discusión se terminó.

Entonces, dijo Chávez:

– Bueno, ¡hagan lo que ustedes quieran!

Inmediatamente después, salieron de ese lugar, a otro salón, Vásquez Velazco, Carlos Alfonso Martínez, Héctor Ramírez Pérez y Pedro Carmona Estanga, con la finalidad de deliberar sobre la situación. Chávez se quedaría con el general Vietri Vietri, los obispos Porras y Azuaje y otros más. Allí, sostendrían una breve pero intensa conversación.

Luego, el grupo que había salido a deliberar regresó al salón a comunicarle a Chávez su decisión:- ¡Tiene que ir preso por el genocidio que ocurrió ayer, 11 de abril, en la ciudad capital! ¡Por toda la sangre que se derramó!- Si es así, ¡háganlo! Soy un Presidente prisionero, que no se les olvide. Ustedes tienen preso al Presidente de la República. No firmaré ninguna renuncia. Por tanto, hagan lo que quieran.

Otro general repitió lo mismo diciendo:- ¡Hemos decidido que usted es el responsable de los muertos y será juzgado por eso!

En ese momento, Carrero Cubero se le acercó al Presidente y se despidió de él con un abrazo, deseándole suerte. Ya eran las 6:30 am…

Fue llevado a un lugar privado, se cambió de ropa y se puso un mono deportivo. Habían decidido que lo tendrían allí en la Comandancia y, luego, en la mañana, lo llevarían al Regimiento de la Policía Militar, que era una unidad bajo mi mando. Pero las instrucciones que dio el comandante general del Ejército fue quitarle la custodia a ese regimiento y le montaron una custodia privada, de estricto control de su persona. Lo único que le exigieron al regimiento fue la habitación donde lo tendrían detenido todo el día 12 de abril.

 

Vásquez Velazco declara sobre la reclusión de Chávez

 

A las 4:55 am, el general Vásquez Velazco sale declarando por los medios de comunicación acompañado del vicealmirante Héctor Ramírez Pérez, el almirante Daniel Comisso Urdaneta y varios del grupo de militares, que estaban jubilosos. Allí, presenta a Pedro Carmona Estanga como el nuevo Presidente del gobierno de transición. Así mismo, anuncia la detención de Hugo Chávez e informa que iba a quedar recluido en Fuerte Tiuna por poco tiempo. Dijo:

– ¡Por los momentos, sí; por los momentos!, hasta que se encuentre un sitio más adecuado que el Fuerte Tiuna.

Entre las preguntas que le realizaron los periodistas que se encontraban presentes, una fue sobre el destino del general en jefe Lucas Rincón, del general Belisario Landis, del vicealmirante Jorge Sierralta Zavarce, del general Anselmi, todos miembros del Alto Mando Militar, debido a que presentaron la renuncia a sus cargos inmediatamente que declarara Lucas Rincón. Vásquez Velazco respondió de una manera esquiva, lo siguiente:

– Ellos están en sus casas, porque ellos en estos momentos son parte del Alto Mando Militar.

 

 

El fiscal general militar le envía dos fiscales al Presidente para engañarlo e imputarlo

 

Cuando tenía detenido al presidente Chávez en la Policía Militar, en un ínterin, el coronel Ricardo Rafael Reyes Rincón, Fiscal General Militar, le envía dos fiscales militares, supuestamente para garantizarle sus derechos civiles. Envió a la teniente de navío Carmen Corina Avariano Silveira, fiscal militar tercero ante el Consejo de Guerra Permanente de Caracas; y a la teniente de fragata Anniolle del Carmen Infante.

Ellas fueron a tomarle declaración y le dicen que venían para resguardar sus derechos humanos; que en calidad de testigo y de víctima, levantarían un acta sobre su arbitraria detención. Pero, realmente, tomaron su declaración para fundamentar un expediente amañado a fin de imputarlo. De hecho, ya tenían el expediente montado y la acusación fiscal.

La teniente de fragata Infante, permaneció dentro de la Fuerza Armada conspirando contra el gobierno hasta que fue agarrada infraganti reunida, y pasándole información confidencial, al abogado Alonzo Medina Roa, que para ese momento era el abogado defensor de los paramilitares colombianos detenidos en el año 2004. Los cuerpos de inteligencia militar la encontraron sentada con ese abogado en un restaurant lujoso de Caracas -en Las Mercedes-, el mismo día del juicio militar contra esos paramilitares. De hecho, él pagó la cuenta.

Por tal motivo, tomé la decisión de darla de baja por conspiración, tomando en cuenta su condición de asimilada a la Fuerza Armada.

El coronel Reyes Rincón también ordenó la emisión de órdenes de aprehensión a varios oficiales acusándolos de rebelión militar, instigación a delinquir y desobediencia. La orden era detenerlos y presentarlos ante la Corte Marcial. Entre esas órdenes de detención se encontraba la mía. En los archivos de la Fiscalía Militar reposan esos documentos.

Pedro Carmona Estanga declara ser el nuevo Presidente de la República

Luego de la declaración del general Vázquez Velazco, toma la palabra el empresario Pedro Carmona Estanga. En su discurso ratificaba que supuestamente Hugo Chávez había presentado la renuncia y frente a ese hecho se había decidido montar un gobierno de transición que él lideraría. Textualmente dijo lo siguiente:

Bueno, yo quisiera dirigirme entonces a Venezuela después de los acontecimientos ocurridos el día de hoy, donde el país se expresó de una manera muy categórica solicitando la renuncia del Presidente de la República, Hugo Chávez Frías, y anunciar a la nación, que el presidente Hugo Chávez presentó su renuncia a las funciones de Presidente de la República, y que ~n consecuencia, frente a este hecho, se ha decidido que la Fuerza Armada custodie al Presidente saliente, presidente Chávez, y que se conforme, entonces, en lo inmediato, un gobierno de transición, que por el consenso de fuerzas, tanto en la sociedad civil venezolana, como también el estamento castrense de la Fuerza Armada, se me ha pedido que encabece.

 

 

El rol del general Manuel Rosendo en el golpe de Estado

 

La actitud del general Manuel Antonio Rosendo dejó mucho que decir durante el golpe de Estado. Él era un hombre de confianza de Chávez. Su rol dentro del golpe fue fundamental, y consistía en no permitir que el Plan Ávila se activara por ningún medio. Sin embargo, creo que los planificadores del golpe de Estado no previeron que la función de Rosendo era limitada. A él como jefe del Comando Unificado de la Fuerza Armada Nacional, le correspondía el Plan Rector, que es donde se trazan las líneas gruesas deacci6n.

Pero a quien le correspondía planificar, coordinar, ejecutar y controlar el Plan Ávila era al comandante de la Tercera División, que en ese entonces era mi persona, y no él. A pesar que yo estaba subordinado a él, cualquier actividad debía coordinarla conmigo. No obstante, en el momento que Chávez requiere activar el Plan Ávila para su protección, el general Rosendo no apareció. Se escondió, desobedeció o no quiso responderle. Entonces, me tocó asumir las riendas de la ejecución del plan, en primer lugar, con el permiso del Presidente, y luego, con el del general en jefe Lucas Rincón.

En ese sentido, el plan se llevó a cabo bajo las condiciones que establece la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, y las leyes.

Otra de las fallas que vi en Rosendo fue que él nunca creó un mecanismo de comunicación directa con las unidades de guarnición. Él tenía la responsabilidad de establecer una red de comunicación entre todos los Comandos de Guarnición y no lo hizo, que era una red de comunicación parecida a la del general Lucas, que creó la red Tiburón, con la función de comunicar al Presidente con todos los responsables de Fuerzas y unidades de comando. Y como lo hice yo, como comandante de la m División y comandante de la Guarnición Militar de Caracas, Vargas y Miranda, que tenía mis redes de comunicación con las unidades subordinadas a mí cargo. Por eso creo que desde el principio, había fallas en la dirección del cargo del general Rosendo. Uno no sabe si lo hizo deliberadamente, o por ignorancia.

Lo cierto es que horas más tarde del desmontaje del Plan Ávila por los conspiradores, el general Rosendo, fue a solicitarle personalmente la renuncia a Chávez por mandato de ellos. Así como también, llevarlo detenido desde Miraflores hacia Fuerte Tiuna. Eso fue como a las 3:30 am del viernes 12 de abril de 2002. En el Fuerte lo esperaba monseñor Baltasar Porras y algunos oficiales del Ejército plegados al golpe.

 

 

Venevisión y la primicia informativa de la supuesta carta de renuncia

 

Eran las 6:15 del amanecer del 12 de abril, cuando en el Canal 4, perteneciente a Venevisión, el periodista Napoleón Bravo abrió su programa estelar, anunciando: “¡Buenos días, tenemos nuevo Presidente!”.

El periodista tenía invitados al programa al contralmirante Carlos Molina Tamayo, a Manuel Garda, director de la encuestadora Ceca, y a Leopoldo López, que en ese momento era el alcalde del municipio Chacao y uno de los cabecillas civiles de la conspiración. Napoleón, de una manera tendenciosa, y con una copia de la supuesta carta de renuncia que había firmado el presidente Chávez, que por cierto nunca mostró por la cámara, planteó lo siguiente:

Ustedes se preguntarán cómo fue la renuncia de Chávez. Primero, fue una carta. Les voy a leer la carta que firmó: De conformidad con lo establecido en el artículo 236, numeral tercero, de la Constitución, remuevo al ciudadano vicepresidente ejecutivo de la República, Diosdado Cabello, y a todos los ministros que conforman el Gabinete Ejecutivo. Asimismo, con fundamento en el artículo 233 de la Constitución de la República, presento ante el país mi renuncia irrevocable al cargo de Presidente de la República, que hasta el día de hoy, 12 de abril de 2002, he detentado. Dado y firmado en la ciudad de Caracas a los 12 días del mes de abril del año 2002,191° de la Independencia y 142° de la Federación. Hugo Rafael Chávez Frías.

Esta carta fue polémica desde el principio. Generó revuelo y confusión en la población venezolana. Ya varios de los medios habían escrito en la primera plana sobre la renuncia del Presidente y la alocución de Lucas Rincón donde anunciaba su supuesta renuncia. Desde un primer momento, se creó la confusión sobre si había renunciado o no.

En ese mismo programa, Napoleón Bravo develó la participación de los medios de comunicación privados en la planificación del golpe de Estado, de manera descarada: “Yo voy a decir una cosa, y nosotros tenemos que decir, tanto Venevisión como RCTV: gracias Televén, gracias CMT, gracias Globovisión”.

Yo nunca creí en esa renuncia y seguí manteniendo mi posición junto a Lameda Hernández y Silva Wilfredo.

 

Difusión mundial de la gran mentira

 

Con base en la información transmitida por Venevisión, comenzó a transmitirse por el mundo la gran mentira de la supuesta firma de la carta de renuncia del Presidente. Los llamados por Chávez los Cuatro Jinetes del Apocalipsis se encadenaron y comenzaron a difundir por todo el día esa información. Leían una y otra vez la carta que los golpistas hicieron, la misma que el Presidente se había negado a firmar. Unos decían que había salido del país, otros que lo tenían encerrado en una isla y ellos lo sabían, pero estaban confirmándolo.

Durante el 12 de abril, las televisoras sólo transmitían programación cultural, programas infantiles, videos musicales, entre otros. Se mantuvo a la población desinformada de lo que estaba realmente ocurriendo. Lo que le aplicaron a Venezuela ese día fue un bloqueo mediático que alcanzó a ser roto gracias a algunos periodistas comunitarios e internacionales que se encontraban en el país, aun arriesgando su vida. Así, logró transmitírsele al mundo parte de la verdad.

De esa manera, el pueblo se enteró de todo y reaccionó, saliendo a la búsqueda de su Presidente. Aquí se demostró aquel viejo dicho: “La voz del pueblo es la voz de Dios”.

 

 

 

Violaciones de los DDHH

Y el silencio mediático

 

¿Qué ocurrió en la mañana del 12 de abril con el gobierno de fado que se instauró?- Con la instauración del régimen de facto con una frágil gobernabilidad alcanzada, a lo largo del día se desencadenó una persecución política, y barbarie promovida por funcionarios policiales contra los dirigentes políticos de la revolución chavista.

Aquí se persiguieron a los diputados de la Asamblea Nacional, del partido de gobierno Movimiento V República, ministros, gobernadores, alcaldes, concejales, funcionarios públicos, y más, sobre todo a los cuadros políticos de reconocida trayectoria pública a lo largo y ancho del país.

Esto lo lograron hacer, gracias a que contaron con el apoyo de fiscales del Ministerio Público que de manera pública habían manifestado su apoyo al golpe de Estado. En fin, se aplicaron métodos de persecución política que se pensaban superados en la sociedad latinoamericana actual.

También comenzó una persecución contra el pueblo organizado en Círculos Bolivarianos, que estaban dedicados a cumplir funciones propias de su comunidad, y los satanizaron por los medios de comunicación privados. Los acusaban de que todos estaban armados, que eran asesinos, que tenían armamentos para asesinar a la población. Bajo ese argumento, comenzaron a buscar alcaldes, gobernadores, diputados y líderes comunitarios chavistas para amedrentarlos y ponerlos al escarnio público. Los que decían ser los demócratas, terminaron siendo los más fascistas de la historia contemporánea de Venezuela.

Al mediodía, aproximadamente, fue atacada la embajada de Cuba en Venezuela, por una turba liderada por Henrique Capriles Radonski, alcalde del municipio Baruta estado Miranda, en una actitud fascista, porque supuestamente manejaban la información de que allí se encontraban asilados altos dirigentes de la revolución bolivariana, entre ellos el vicepresidente Diosdado Cabello. En su libro Abril sin censura, el embajador cubano Germán Sánchez Otero, cuenta los pormenores de cómo fue esa toma. Los opositores estaban dispuestos a hacer una cacería de brujas contra todos los dirigentes y militantes del chavismo en Venezuela.

En algunos programas de opinión de televisión se veía el triunfalismo de los golpistas que se paseaban, el uno militar y el otro civil, contando sus anécdotas de cómo montaron la conspiración desde tiempo atrás.

Esto fue paralelo al cerco mediático, donde se restringió la libertad de expresión y donde, incluso, llegaron a cerrar el único canal televisivo del Estado por fuerzas policiales adscritas a la Gobernación del estado Miranda, por orden de su gobernador Enrique Mendoza.

 

 

Preparativos para el rescate del Presidente

 

¿Cómo se planificó el plan de rescate del presidente Chávez a partir del 12 de abril?

– Como a las 5:30 am yo realizo varias llamadas y me pongo de acuerdo con un grupo de oficiales para vemos en Fuerte Tiuna. Llego allá como a las 7:30 am, me encuentro con ellos y comenzamos a planificar el rescate de Chávez, allí mismo.

Sabíamos que lo tenían escondido allí en el Fuerte Tiuna, en el Regimiento de la Policía Militar y con vigilancia privada. Los oficiales leales veíamos claro y rápido la forma de su rescate ese mismo día sábado 12 de abril. Pero, creo que alguien develó el plan o ellos suponían que lo lógico era sacarlo de allí a otro lugar de difícil acceso para los partidarios de Chávez. Me imagino que ellos intuyeron que algo podía suceder y, entonces, lo sacan del fuerte.

Comenzamos a indagar hacia dónde se lo habían llevado y alguien nos dijo que 10 tenían en la cárcel de Ramo Verde, en la ciudad de Los Teques, estado Miranda, a pocos kilómetros de la ciudad capital. Entonces, se montó la planificación para rescatarlo, con un grupo de oficiales de ese recinto.

En ese momento, recibimos una contra-información de parte de uno de los oficiales golpista que participó en el traslado del Presidente -el general de Brigada Ítalo Femández-, que nos informó que en realidad se lo habían llevado a la Base Naval ubicada en la Bahía de Turiamo, en las costas del estado Aragua. Esta era una información fidedigna porque él personalmente se había encargado del acondicionamiento de la habitación donde en principio lo recluirían, en Ramo Verde, pintándola, equipándola con un televisor, nevera, e incluso, le había llevado dinero en efectivo al director de esa cárcel, para mantener la logística necesaria de la habitación.

Esa información fue un golpe duro a la moral, que nos llevó a desistir del plan en ese momento. Sin embargo, inmediatamente hicimos contacto con las unidades militares de Maracay, estado Aragua, para verificar lo dicho por el general Ítalo Femández, y logramos confirmar que se lo habían llevado a Turiamo.

 

 

Orden de detención inmediata

 

Pero, si los golpistas sabían que usted estaba montado en el rescate institucional, ¿no hicieron nada para detenerlo?

– Claro que sí. Yo, desde muy temprano, en la mañana del 12 de abril mantuve contacto vía telefónica con los diferentes comandantes de las unidades de la Tercera División de Infantería que estaban a mi cargo, orientándolos y exhortándolos al cumplimiento de la Constitución Nacional. Pero me dan la información que el general de división Pedro Ruiz Guzmán, inspector general del Ejército, ordenó mi detención. Comenzó a impartir órdenes a algunas unidades bajo mi comando, desconociendo mi autoridad sobre ellos. Indudablemente, la detención sería por mi condición de constitucionalista. Esa era la única razón para mi detención, yo estaba cumpliendo con los principios y preceptos de la Constitución.

Había asignado a un oficial para cumplir con la orden de detenerme y recluirme en el Regimiento Agustín Codazzi. De hecho, elaboró un informe. Le ordenan acondicionar una habitación y estar preparado para que me reciba cuando me detengan, algo que logré esquivar todo el tiempo.

Cuando llego al Fuerte Tiuna, lo primero que hago es dirigirme hacia el Batallón de Comunicaciones Diego Ibarra, y tomar el Libro de Ronda para constatar la orden dada por el general Pedro Ruiz Guzmán. Allí, el teniente coronel Johnny Da Silva Izquierdo, escribió la orden impartida, que decía que: que estaba prohibida la entrada del general de división Jorge Luis García Carneiro”. También, estaba prohibida la entrada a las instalaciones de las unidades al general de división Melvin López Hidalgo y al general de Brigada Wilfredo Silva.

Las pruebas de esto están en el Libro de Ronda, que para nosotros los militares es un libro sagrado, e incluso, tiene un valor importante ante los tribunales de justicia. Porque en ese libro se escribe todo lo que ocurre desde las 9:00 pm hasta las 6:00 am, todos los días. Todo lo que entra o salga o las instrucciones que emita el comandante.

Pero, menos mal que yo había montado tropas en la azotea del comando y me mantuve allí, pero nunca se atrevieron a buscarme en ese sitio. Siempre estuve preparado. Desde allí, comencé a llamar y coordinar con varios comandantes de unidades para encontramos y evaluar lo que en realidad había pasado con Chávez y lo que estaba ocurriendo en el país con los poderes públicos, que era trasmitido por los medios de comunicación privados.

 

 

Generando conciencia en los comandantes de unidades

 

 

¿Cuál era la intención de hacer contacto con los comandantes de unidades?

– Era generar un revuelo y hacer el llamado de conciencia de todos los componentes militares que desconocían realmente el trasfondo de lo ocurrido con Chávez, que concatenaba con lo que se transmitía por televisión, sobre diversas persecuciones políticas en la mañana y, luego, con la instalación del gobierno de facto en horas de la tarde, la lectura del manifiesto y autonombramiento del señor Pedro Carmona Estanga como Presidente de la República de Venezuela.

Allá, en Fuerte Tiuna, como a las 7:00 pm de ese 12 de abril alcanzamos a reunimos con varios comandantes de unidades. Varios de los profesionales presentes, representantes de diversas unidades militares, manifestaron que habían sido manipulados el día anterior por varios generales y no estaban de acuerdo con lo que habían observado por televisión a lo largo del día. Además, estaban dudosos del porqué de la detención de Chávez en el Fuerte Tiuna, sobre qué pasó con su renuncia y por qué no se hizo pública. En pocas palabras, por qué no se ha cumplido con la Constitución Nacional.

Yo les insistía que no estaba claro lo que estaba sucediendo, que no podíamos aceptar la versión de la renuncia y sobre la necesidad de, primero, conocer si en verdad el Presidente lo había hecho. Para ello, exigiríamos nos mostraran la existencia de ese escrito. Realmente, estábamos generando la duda, a fin de que los comandantes también se sumaran a esa voz de alerta.

En términos generales, tuve que bandearme con mucha cautela, ser muy previsivo, ser muy sigiloso para poder sobrevivir en el intento del rescate de Chávez. Tuve que ser muy político ante los golpistas. Yo los manejé a ellos bajo mi concepto para poder actuar dentro de ese medio tan inestable y lleno de desconfianza. Tuve que experimentar y expresar cosas para poder moverme. Pero lo más importante en el fondo, es que todo lo estaba haciendo era para llegarles a la conciencia de los comandantes de unidades y así poder restablecer el hilo constitucional. Así, se llegó a la conclusión de que estábamos en presencia de un golpe de Estado.

En ese instante, recibimos una llamada donde nos informaron que se había iniciado una manifestación popular a la altura de la alcabala 3, en la parroquia Coche, exigiéndole a los componentes militares la presencia del presidente Chávez.

Los comandantes de unidades llamaron, y luego se le presentaron al general Vásquez Velazco para plantearle la situación y advertir que ellos no estaban dispuestos a reconocer un golpe de Estado, porque eran constitucionalistas. En ese sentido, solicitaron ver la renuncia del Comandante Presidente. El general pidió unas horas, hasta el día siguiente para canalizar tal solicitud. Así mismo, ellos lo convencieron para que convocara una reunión, que se realizaría el día 13 de abril, a la 1:00 pm, en el Casino del Batallón Ayala, con la presencia de todos los comandantes de unidades del Fuerte Tiuna para analizar la situación. Para esa reunión, el general Vásquez Velazco convocaría también a todos los generales y almirantes golpistas.

– Pero en ese momento, ¿no pensaban que en realidad el presidente Chávez pudo haber renunciado para evitar un derramamiento de sangre?

– Muchos de los comandantes que estábamos allí conocíamos de cerca a Chávez. Basta conocer su personalidad como compañero para saber cómo él reaccionaria ante tal circunstancia. Nosotros ingresamos a la Academia Militar de Venezuela junto a Chávez el ocho de Agosto del año 1971.

Después, estuvimos juntos cuatro años en la Academia. En todo ese tiempo que estuvimos, como profesionales de tropa, nos conocimos bien. Y en la Academia cada quien se conoce, incluso hasta dónde una persona es capaz de hacer una cosa o no. Yo lo identifiqué así, y más cuando fui su jefe de Casa Militar.

En todos los recorridos que hicimos por los estados del país durante su gestión como Presidente, hasta esa fecha, percibí el fervor que tenía, su amor por la gente, el apoyo de todo un pueblo. Por esa razón, yo tomé la palabra en esa reunión de los comandantes y dije lo siguiente:

¡Es difícil que el pueblo permita que aquí ocurra algo que esté en contra de lo que nosotros ya habíamos concebido como el respeto a la autoridad!

 

 

La juramentación de Carmona Estanga como Presidente

 

 

Ese día 12 de abril, a las 5:30 pm, en el Palacio de Miraflores, el empresario Pedro Carmona Estanga da su famoso  discurso, donde lee el denominado “Decreto de Constitución del Gobierno de Transición Democrática y de Unidad Nacional”, por medio del cual se disuelven los poderes públicos.

 

En ese acto, el dictador realiza su autoproclamación. Fue un pronunciamiento que representó una de las mayores violaciones de los Derechos Humanos de los últimos cincuenta años. Vimos cómo se suspendieron todos los cargos de elección popular y la institucionalidad democrática del país la desmontaron con un solo discurso. Suspendieron los cargos de todos los representantes de los poderes nacionales: el de los diputados a la Asamblea Nacional, el de fiscal general de la República, el de los miembros del Consejo Nacional, el del contralor general de la República, el de los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia. En fin, todos los cargos seleccionados por la vía democrática.

Incluso, le cambiaron el nombre de la Constitución Nacional, eliminándole la palabra “bolivariana”, mostrando una visión antinacionalista y antibolivariana, que representa el desconocimiento de la figura de Simón Bolívar en la vida republicana de Venezuela. Inclusive, está demostrado, que cuando el señor Carmona le correspondió dar el manifiesto que disolvía los poderes, lo primero que hizo fue quitar el cuadro de Simón Bolívar del Salón Ayacucho del Palacio de Miraflores. Así, pasaron tantas cosas que uno se da cuenta que parecía que hablarles de Bolívar les daba escalofríos.

Como general de división de la República, lo que estaba ocurriendo esa mañana del viernes 12 de abril era indignante y vergonzoso. Vergüenza es la palabra correcta para describir lo que ocurría, con la venia de un grupo de oficiales de la Fuerza Armada Nacional que estaban sentados en primera fila, cuando el empresario Carmona Estanga destruía el país por medio de un escrito. Para mí, lo leído no fue un decreto como 10 llaman muchos analistas, sino un manifiesto.

Yo, realmente me sentí defraudado, en parte por mis compañeros de armas que habían apoyado esa conspiración.

Firma del acta de conformación del gobierno de facto del empresario Carmona Estanga. Foto: Archivo Cadena Capriles
Firma del acta de conformación del gobierno de facto del empresario Carmona Estanga.
Foto: Archivo Cadena Capriles

Celebración en el Palacio de Miraflores por la disolución de la Constitución y los poderes del Estado el 12 de abril de 2002. Foto: Archivo Cadena Capriles

Celebración en el Palacio de Miraflores por la disolución de la Constitución y los poderes del Estado el 12 de abril de 2002. Foto: Archivo Cadena Capriles

Conformación del gobierno de Carmona Estanga

 

Una vez anunciado el decreto de disolución de los poderes e instaurada la dictadura, se conoció la conformación de su gabinete. Entre ellos, estaban el general Rafael Damiani Bustillos, designado ministro de Relaciones Interiores; José Rodríguez lturbe, ministro de Relaciones Exteriores; el diputado del partido Primero Justicia, Leopoldo Martínez, como ministro de Finanzas; el abogado César Carvallo, quien fuera viceministro de Rafael Caldera. como ministro del Trabajo; León Arismendi, ministro de Planificación; el vicealmirante Héctor Ramírez Pérez, ministro de la Defensa; Rafael Arreaza, que era de la Comisión de Salud de la Alcaldía de Baruta, ministro de Salud; el vicealmirante Jesús E. Briceño, ministro de Secretaría de la Presidencia; el empresario ganadero y directivo de Fedecámaras, Raúl de Armas, como ministro de Agricultura; el abogado Daniel Romero, procurador general de la República; y el general Guaicaipuro Lameda, presidente de Pdvsa.

 

 

Los militares golpistas desfavorecidos en el gobierno de facto

 

A pocas horas de haberse autojuramentado Carmona como Presidente, de haber disuelto los poderes públicos y otras decisiones tras bastidores, comienza a perder apoyo de un grupo de los generales golpistas. De hecho, yo me entero, luego, que en las negociaciones para conformar su gobierno de facto no salieron favorecidos varios de los oficiales que estuvieron apoyando el golpe de Estado desde el inicio.

En el caso del comandante general del Ejército no fue ratificado en su cargo por Carmona Estanga. A él lo nombrarían Embajador en España. Prácticamente lo habían sacado de la jugada, y, evidentemente, eso a él no le gustó, se sintió utilizado. Se puede decir que esta fue una de las razones por la que él acepta convocar a la reunión del día sábado 13 en el Batallón Ayala.

El generalato golpista en el Palacio de Miraflores presenciando como el 12 de abril de 2002. Se violaba la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y se disolvían los poderes. Foto: Archivo Cadena Capriles

El generalato golpista en el Palacio de Miraflores presenciando como el 12 de abril de 2002.
Se violaba la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y se disolvían los poderes.
Foto: Archivo Cadena Capriles

 

Por el lado del general Ramírez Pérez, que había sido nombrado ministro de la Defensa por Carmona el día 12 de abril, decide renunciar a tal designación, debido a que manejaba la información de lo que ocurría en las calles de Caracas, con un pueblo desbordado, reclamando la presencia de su Presidente. Una difícil situación que debía afrontar, en breve, como ministro. Es por ello, que Ramírez Pérez toma la decisión de renunciar a ese cargo, que si bien aceptaría, el general Navarro Chacón.

Siendo las 10:00pm ya la multitud se hacía sentir en las afueras del Fuerte Tiuna. Desde el edificio de la Comandancia General del Ejército se oía la bulla que hacía ese pueblo indignado, que exigía la presencia del Comandante Chávez. Se escuchaba un estruendo que provenía de los golpes que les daban a las barandas de protección ubicadas a lo largo de la entrada de las alcabalas 2 y 3. Era atronador. Yo aprovecho la ocasión y me dirijo al quinto piso a buscar al general Ruiz Guzmán, designado por Carmona Estanga como inspector general de las Fuerzas Armadas, reemplazando al general Lucas Rincón. Allí, le digo:

Mi general, oiga lo que está ocurriendo en las calles, oiga el estruendo, aquí va a haber una matazón. Es peligroso lo que va a ocurrir.

Él se puso nervioso y le dice al coronel Gatasfranco, que estaba a su lado -que por cierto, era uno de los ayudantes del ministro José Vicente Rangel-:

¡Llámate al ministro de la Defensa para informarle lo que está pasando aquí, en los alrededores de Fuerte Tiuna!

Toma el teléfono, marca un número, alguien le responde; tranca la llamada, e inmediatamente informa:

¡Está durmiendo!

El general Ruiz Guzmán, le replica:

¡Yo no te estoy pidiendo que llames a José Vicente Rangel, te estoy pidiendo que llames a Ramírez Pérez! -que era el ministro de Defensa designado por Carmona Estanga, horas antes -. ¡Bueno! ¡Fue a Ramírez Pérez a quien llamé, y me dicen que está durmiendo!

Escuchado esto, el general dice:

¡Esto sí es bueno! ¡Después que le dan su cargo, lo ponen de ministro de la Defensa, ahora me dejan a mí para que me encargue de este peo!

Yo, observo la duda y el nerviosismo que él tenía en asumir ese cargo y comienza a quejarse debido a que sabía lo que le tocaba enfrentar: a ese pueblo en las calles reclamando a su Presidente.

 

El pueblo bajando

 

¿Y cómo se pudo contener al pueblo, apostado en las alcabalas dos y tres, para que no se desbordara e ingresara al Fuerte Tiuna?

– Para contener el desbordamiento popular iniciado ese viernes 12 en la noche y continuado todo el sábado 13 en los alrededores del Fuerte Tiuna, el general Vásquez Velazco ordenó sacar los tanques para que tomaran posición en sus tres alcabalas, inclusive, con orden expresa de dispararles, con el fin de impedir que aquellas personas intentaran ingresar por la vía de la fuerza. Fue una orden de carácter disuasivo, de intimidación a un pueblo desarmado. En total, sacó seis tanques por la alcabala 3, seis tanques por la alcabala 2 y seis tanques por la alcabala 1.

El pueblo de Chávez estaba allí. La gente bajó de los barrios de Caracas, de sus comunidades y de sus edificios con el fin de buscarlo. Estaban allí, exigiendo la presencia del Presidente de la República, porque estaban considerando que se encontraba en Fuerte Tiuna.

Allí ocurrió un hecho histórico, cuando varias mujeres se arrodillaron en la vía para detener el avance de los tanques a pocos metros de la salida de la alcabala 3, obligándolos a detenerse, quedando atascados ante la multitud.

Comments are closed.