5 ACONTECIMIENTOS DEL SÁBADO 13A

Merentes se fue a buscar al pueblo de El Valle

 

A las 7:00 am del 13 de abril, llamo por teléfono a Nelson Merentes. Lo cito para encontramos a las 8:00 am, en la estación de servicio ubicada en la Calle 1, de los Jardines de El Valle. Llego primero. A los pocos minutos, él se acerca. Bajo de mi vehículo y paso al suyo. Él me pregunta:

– ¿Cómo ves tú lo ocurrido?

Mira, fue un golpe de Estado. La cosa no está fácil que se diga, esto está difícil.

Con lágrimas en los ojos, lleno de ira y de sentimientos,

dice con voz solloza:

– jYo no me explico cómo nos jodieron!

Entonces, le cuento que se iba a dar una reunión a la 1:00 pm de ese día en Fuerte Tiuna convocada por el comandante general del Ejército. Comenzamos a analizar la situación, a hablar sobre el descontento que había generado en los militares golpistas la autoproclamación y designación de Carmona Estanga… y a diseñar una estrategia para afrontar lo que venía.

Acordamos que yo iba a entrar a Fuerte Tiuna para participar en esa reunión, coordinar con los militares que conocía, que estaban de nuestro lado, y tratar de contener y mantener a raya a los golpistas. Mientras que Merentes se comprometió a ir con su vehículo y un megáfono que tenía en el maletero, a varios de los barrios de la Parroquia El Valle para informarle al pueblo lo que estaba sucediendo y convocarlos para la alcabala 3 de Fuerte Tiuna.- ¡Yo bajo a la gente! – exclamó con firmeza.

También se comprometió a llamar a varios líderes del Movimiento V República de algunas parroquias de Caracas para que movilizaran al partido y a las organizaciones sociales para ese sitio.

Nos despedimos con un fuerte abrazo y cada quien se fue a hacer su labor.

En pocas horas, había en Fuerte Tiuna más de cinco mil personas protestando y reclamando a su Presidente. Claro, era un pueblo que venía de todas partes de la ciudad de Caracas y del estado Miranda, ese pueblo que por instinto se desbordó ante la ausencia de su máximo líder.

Entre los presentes, estaban varios dirigentes agitando a la gente. Entre ellos, yo recuerdo a la diputada Iris Varela y Desireé Santos Amaral, a los diputados Adel El Zabayar, José Khan y Julio García Harpa, y la dirigente del partido de gobierno, Aurora Morales.

Pero también estaban los funcionarios de la Policía Metropolitana apostados en la autopista Valle-Coche disparándoles gases lacrimógenos a la multitud. Eso era dantesco. Los policías disparando, la gente corriendo y al mismo tiempo agachándose para que los gases le pasaran encima del cuerpo y no los afectaran, e hicieran retirarse del sitio…

 

La Revolución popular del 13 de abril

 

Ante los hechos que venían ocurriendo desde horas de la tarde en el Fuerte Tiuna en la madrugada del 13 de abril, los golpistas toman la decisión de trasladar al Presidente desde el Fuerte Tiuna a la base naval de Turiamo, estado Aragua, un lugar ubicado a unas dos horas de camino de Maracay, la capital del Estado, donde hay muy poca señal de telecomunicaciones.

La información se filtró. La población chavista de ese estado se concentró desde muy temprano en las inmediaciones de la Brigada de Paracaidistas de la ciudad de Maracay, reclamando a su Presidente. Eran cerca de cuatro mil personas. Mientras tanto, en la ciudad de Caracas, parte del pueblo seguía concentrándose en el Fuerte Tiuna. Otro grupo iba a buscarlo al Palacio de Miraflores, donde los usurpadores aún festejaban la toma del poder y se preparaban para la juramentación de los nuevos cargos del gobierno de facto y los nuevos representantes de los poderes públicos.

Al frente de la reja principal del Palacio de Miraflores, al lado del conocido Balcón del Pueblo, un grupo de dirigentes colocó, de manera improvisada, en el medio de la calle, un camión cava pequeño. Sobre el techo colocaron un equipo de sonido con un micrófono para, inmediatamente después, aupar a la multitud. Desde allí, dirigentes políticos del Gobierno revolucionario de Chávez pronunciaron discursos en protesta por los ocupantes de Miraflores.

 

La rebelión de los militares de la Guardia de Honor

 

Ya para las 10:30 am del 13 de abril, el pueblo caraqueño había rebozado los alrededores del Palacio de Miraflore5. Comenzaron a presionar con discursos y consignas, como ”Regresen a Chávez”, “No ha renunciado, lo tienen secuestrado”.

Los militares patriotas, al ver la concentración popular, intentaron restituir el poder.

Yo me encontraba en el Fuerte Tiuna coordinando con los comandantes de guarniciones una estrategia para hacer lo posible para que se diera el pronunciamiento institucional por parte de la Fuerza Armada Nacional, en rechazo a la autoproclamación de Carmona y a la destitución que hiciera a todos los representantes de poderes públicos de la Nación.

Como a las 11:00 am el coronel Jesús Morao Gardona, comandante del Regimiento de la Guardia de Honor, ubicado en el Palacio de Miraflores, se comunica conmigo, se me pone a la orden y manifiesta su posición de no reconocer el gobierno de facto y solicita que les envíe tanques de guerra al Palacio, porque ellos estaban dispuestos a retomarlo a la fuerza. Entre tantas cosas, me dice:

Mi general, a partir de este momento estoy a la orden suya.

¡Usted ordene!

Es así, como le di las siguientes instrucciones:

Tome control del Palacio, mantenga bajo custodia de protección a todos los conspiradores y otros ciudadanos presentes, métalos en el sótano y aplique el Plan de Defensa del Palacio.

En esa misma conversación, de pronto, Morao Gardona empieza a agitarse y me dice que le estaban disparando en ese momento desde un helicóptero de la Policía Metropolitana. Entonces, le contesto: – ¡Túmbalo, túmbalo! – y comenzaron a dispararle a los helicópteros con sus fusiles alejándolos del sitio. Hay que recordar, que en ese momento el país estaba prácticamente al borde de una guerra civil. Había que utilizar cualquier recurso, siempre y cuando sea para defender la patria y la democracia.

El Regimiento de la Guardia de Honor toma el control del Palacio de Miraflores, detienen a los miembros de la Unidad de Operaciones Especiales de la Armada que había instalado el golpismo por medio del contralmirante Molina Tamayo.

Con la llegada de las tropas leales, los integrantes del gobierno de facto que esperaban por su juramentación, además de un grupo de personalidades invitadas, comenzaron a huir por la prevención número tres. Por allí también escaparon Carmona Estanga y Molina Tamayo, abordando un vehículo Lincoln Town Car, color negro. De ahí, salieron rumbo al Ministerio de la Defensa en Fuerte Tiuna, buscando apoyo de los militares golpistas.

 

 

La reunión en el Casino del Batallón Ayala

 

En la mañana del 13 de abril, cuando el general Vásquez Velazco llega a la Comandancia General del Ejército, comienza a recibir presión de parte de Carmona Estanga para que suspenda la reunión que tenía pautada en horas de la tarde y para que participe con él en un segundo pronunciamiento, donde rectificaría y restituiría en sus cargos a los integrantes de los poderes públicos. Parece que Carmona y sus consejeros se habían dado cuenta del error cometido en la autoproclamación. Al mismo tiempo, le exigían a Vásquez Velazco que removiera de sus cargos de manera pública a los comandantes leales a Chávez.

Sin embargo, el general Vásquez Velazco se negó rotundamente a seguir sus instrucciones. Es así, como a la 1:00 pm de ese día se celebra en el Casino del Batallón Ayala la reunión pautada por el general Vásquez Velazco, contando con la presencia de todos los comandantes de unidades del Fuerte Tiuna y de un grupo de los generales golpistas. El objetivo de la reunión era analizar los hechos de violación de la Constitución y los derechos humanos desde el pronunciamiento de Carmona Estanga y fijar una posición del Ejército ante esas arbitrariedades.

 

A esa reunión yo no fui convocado. Me entero por otros medios, pero igualmente fui para participar.

A eso de las 12:30pm llego al Fuerte Tiuna por la alcabala 3. Allí observo a ese pueblo eufórico, gritando en coro consignas revolucionarias y pidiendo la presencia de Chávez. Llego a ‘” entrada, me identifico y el soldado que custodiaba el acceso al Fuerte impedía que pasara, porque tenían una orden expresa de no permitírmelo.

De pronto, llegan corriendo varios soldados y se me acercan para detenerme. Me informan que esa era la orden que tenían y que debía acompañarlos, pero yo me resisto a la detención. En ese momento, la diputada Iris Varela se encontraba aupando a la multitud, se da cuenta de lo que me estaba sucediendo, y por el parlante les exhorta a los soldados: ¡Si detienen al general Carneiro, el pueblo se va a meter para el Fuerte Tiuna! En ese sentido, ella me salvó en ese momento.

Yo le exijo al soldado que me comunique con el comandante de la Policía Militar, que estaba a la orden mía. Hablé con él por teléfono y se negó a darme acceso. Como él sabía que ya me habían destituido, no quiso cumplir la orden. Le explico la situación y le solicito que me entregue los tanques que estaban afuera en la entrada de la alcabala 3 y me permitiera pasarlos con el pueblo hasta el edificio del Ministerio de la Defensa. Pero él se niega, porque decía que ya no estaba cumpliendo órdenes mías, que yo había sido destituido del cargo. En ese momento, le hablo con un tono un poco más fuerte, y le digo unas palabras amenazantes. Él cede y me da acceso al Fuerte Tiuna, pero sin llevarme los tanques. De allí, me fui para el casino de oficiales del Batallón Ayala en donde se iba a realizar la reunión.

Es importante señalar, que los golpistas le habían ofrecido al general Virgilio Lameda mi cargo y de ascenderlo como general de Brigada con la condición que se sumara a ellos… lo cual no aceptó.

Cuando llego al casino de oficiales del Batallón Ayala fui uno de los primeros en hacerlo. Apenas estaban algunos comandantes de unidades, y los oficiales del Alto Mando militar golpistas aún no habían llegado. Aprovecho la ocasión para intercambiar ideas con los presentes y les sugiero realizar una serie de peticiones cuando llegaran.

De un momento a otro comenzaron a llegar varios de los oficiales del Alto Mando Militar que estaban con el golpe de Estado. Llegan juntos el general Vásquez Velazco, el general Ovídío Poggíolí Pérez – que ya había sido designado como director de la Disip por el gobierno de facto-. De hecho, llega con un carro blindado, de esos que se utilizan para la protección a personalidades, era un carro inmensamente grande. También, llegaron el general Guaicaipuro Lameda, el general Ramírez Pérez, el general Félix Ruiz Guzmán, el general Lugo Peña, el general González González, el general Alfonzo Martínez, el general de brigada ítalo Femández, el general de División Rommel Fuenmayor, el general González Cárdenas, el general González Guzmán, el general de división Manuel Rosendo y otros oficiales que no recuerdo en este momento. En total, eran diecisiete generales golpistas contra tres, el general Wilfredo Silva, el coronel Virgilio Lameda y mi persona.

Comienza la reunión en el casino. El primero en tomar la palabra fue el general Félix Ruiz Guzmán, argumentando que Chávez había renunciado al cargo, que había exigido irse del país porque tenía los Círculos Bolivarianos armados y que había un malestar en la población que podía desatar una furia en ellos y una mortandad en el país. Luego, el general Martínez Vidal tomó la palabra y volvió con la misma retórica y argumentos.

Eso me obligó a solicitar el derecho de palabra y me la dieron. Les dije a todos los presentes, que, en primer lugar, era falso la existencia de Círculos Bolivarianos armados, estaban armados era de miseria y de hambre, que eran los mismos cerros que existían desde hace 40 años. En segundo lugar, que queríamos era restituir el hilo constitucional. Y, en tercer lugar, que era falso la renuncia de Hugo Chávez.

Otro comandante se paró, el teniente coronel Lameda Quero, del Batallón Uslar, y siguiendo mis argumentos, manifestó su posición de manera indignada. Dijo que él no estaba de acuerdo con esa posición, que a él se le había mentido, se le había engañado, no se le ha dicho dónde estaba el Presidente, que no se le ha enseñado su renuncia -de hecho le habían dado la orden de hacerme preso-. Igual posición mantuvo el teniente coronel Padrino López. “

En realidad, se generó un revuelo entre los presentes, y se dio un debate que giró en tomo a que la Fuerza Armada Nacional fijara una posición respecto a lo que estaba sucediendo. Todo estaba saliendo como se tenía planificado.

Sin embargo, en ese ambiente de debates, yo también observo alguna especie de descontento entre el sector militar que dio el golpe y el gobierno de facto de Carmona Estanga. Yo vi ese ambiente propicio para apabullarlos y dejar que ellos emprendieran por iniciativa propia el rechazo común contra el Gobierno de Carmona. Para mí esto fue clave, porque a partir de allí, se le dio la vuelta a la situación. Como conclusión, se decidió hacer un documento y leerlo públicamente, en el cual se manifestaba que no se estaba de acuerdo con lo que había sucedido en la noche anterior cuando Carmona se autojuramentó y destituyó a los gobernadores, al Tribunal Supremo, a los diputados de la Asamblea Nacional, al defensor del pueblo, al Consejo Nacional Electoral, y al resto de los representantes de los poderes públicos.

 

 

Llega el nuevo ministro de la Defensa a la reunión del casino

 

 

En el momento que el general Vásquez Velazco estaba redactando el documento oficial donde el Ejército rechazaba el auto­ pronunciamiento de Carmona y las medidas que venía implementando, entre ellas la destitución de los poderes públicos y de los gobernadores que fueron electos, apareció el general Navarro Chacón, que venía con las instrucciones precisas de Carmona y de otros de arriba, para que se hiciera todo lo necesario y se suspendiera la reunión.

Este general le solicitó a Vásquez Velazco que se levantara y lo acompañara para conversar a solas. Pero, éste se rehusó a hablar con él:

¡No, no! ¡Yo quiero terminar este documento!

Navarro Chacón le insiste, pero Vásquez Velazco sigue negándose, pero con tono molesto.

Ante tal situación, aprovecho el momento para acercármele al general Chacón y manifestarle:

Mire mi general, aguántese que se está redactando un documento aquí.

Él me dice con un tono agresivo:

¡No, no! ¡Yo con usted no quiero hablar!

Le respondo, entonces, con el mismo tono:

¡Yo con usted tampoco tengo nada que hablar!

¡Así que le agradezco, pues esto hay que concluirlo!

Vásquez Velazco siguió redactando el documento. Ante la insistencia, le dijo al general que esperara a terminar, para luego atenderlo. Una vez que termina, se levanta y me entrega el documento.

El general Navarro volvió a acercársele a Vásquez Velazco y le insistió que lo acompañe afuera del salón para discutir unos puntos de su interés. Así, logró sacarlo de la reunión, junto al general Guaicaipuro Lameda. Deja la carta y se van para una esquina, debajo de un árbol. Allí comienzan a discutir.

 

 

Correcciones al documento del Ejército

En el salón se leía una y otra vez el documento. Yo estaba de acuerdo con algunas cosas, pero con otras no, como por ejemplo, aquello de continuar dándole el apoyo al gobierno de Carmona Estanga. Mientras que la mayoría de los presentes sí apoyaban eso.

Sin embargo, el general Arrieta Avirla y mi persona comenzamos a revisarlo detenidamente. Lo leímos y discutimos línea por línea. Tachamos aquellas cosas con la cual no estábamos de acuerdo, entre ellas la que decía que se mantenía el apoyo a Carmona Estanga. El resto de los comandantes discutían sobre una serie de medidas a tomar en lo inmediato.

De manera estratégica, me cercioré que en el documento quedara redactado el reconocimiento a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, sobre todo que fuese colocada la fecha 1999. Recordemos que Carmona Estanga la había eliminado en su autoproclamación, y restituyó, de un solo plumazo, la del año 1961. Allí, develó abiertamente sus intenciones de implantar una dictadura fascista en Venezuela.

No obstante, con las modificaciones incorporadas al documento, nosotros buscábamos que, tarde o temprano, el gobierno de facto se viera en la obligación de reconocer la Constitución de 1999, y así dejar abierta las posibilidades del retomo de Chávez, porque si esta era reconocida por ellos, directamente se estaría reconociendo a los Poderes Públicos, y en este caso a la Asamblea Nacional. Por tanto, el regreso del Presidente estaba garantizado, porque, ante una supuesta renuncia, él debía hacerlo por medio de la Asamblea Nacional.

Por su parte, el general de Brigada Wilfredo Silva estuvo pendiente de que en el documento quedara expreso el reconocimiento público de los comandantes naturales, porque nosotros también habíamos sido destituidos.

Para introducir esos cambios en el documento tuve que tomar una actitud pasiva, muy sigilosa, muy política. Ante todo, estaba garantizando el respeto debido hacia la Constitución y la institucionalidad castrense que había sido pisoteada por los propios golpistas. Aquí, mi lealtad era siempre para con la patria, luego para con la institución y posteriormente para con los hombres.

Si yo me enfrentaba a los militares golpistas en ese preciso momento, si me oponía radicalmente a lo que estaban haciendo, me hubiesen excluido y no hubiese podido hacer los cambios en el documento final… Y eso fue lo que efectivamente hice.

En ese lapso, recibo una llamada del embajador de Cuba en Venezuela, Germán Sánchez Otero, para preguntarme qué opinaba con lo que estaba sucediendo en el país. Le informo en voz baja sobre esa reunión del Batallón Ayala:

Embajador, aquí estamos presionando a Velazco para retomar el hilo constitucional.

Le comenté, además, que teníamos información que a Chávez lo habían llevado para la isla La Orchila. También le manifesté:

¡Dígale al comandante Fidel que necesitamos que un avión cubano lo vaya a buscar y lo traiga para acá!

Pero, esto era algo cuesta arriba para ellos. Le dije: ¡Embajador, no se preocupe, esto lo va a resolver el pueblo… el pueblo, el pueblo, embajador!- le repito varias veces, sin titubear.

Luego de corregido el documento y viendo que el general Vásquez Velazco no regresaba, les digo a todos:

¡Miren señores, aquí los más arrechos son ustedes! ¡Los que tienen los hombres y las armas son ustedes! Entonces, ¡por qué carajo tenemos que esperarlo a él! ¡Vamos a buscarlo y lo traemos acá y lo sentamos para que escuche cómo quedó redactado el documento final!

Decidimos ir a buscar al general Navarro y a Vásquez Velazco y les exigimos que continuara con la reunión.

¡Mire, mi general, esto tiene que terminarse!

 ¡Así que, por favor, ingrese otra vez al salón!

Lo trajimos de vuelta. Yo le exhorté a que practicara el discurso, porque ya se acercaba el momento de realizar el pronunciamiento público y además estaban llegando los medios de comunicación convocados para tal fin. Él aceptó mi exhorto, y comenzó a leer en voz alta el discurso.

Realmente, estábamos conminando al general Vásquez Velazco a pronunciarse en contra de sus compañeros golpistas, a que desconociera de manera pública el acto de juramentación de Carmona Estanga y las decisiones allí tomadas. Y eso se logró gracias al rol estratégico que jugaron los comandantes de unidades tácticas, los tenientes coroneles, los capitanes, los mayores, inclusive los segundos comandantes, bajo la exigencia que se le impuso al general Vásquez Velazco para que reconociera la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Considero que allí estuvo el éxito de la restitución del poder gracias a los pocos generales que estaban allí, batallando, trabajando en equipo… Allí está la satisfacción personal que da la lealtad a un pueblo, a una Constitución, a una institución y a un hombre como Hugo Chávez.

 

 

Recuerdo que los comandantes de batallón que estuvieron allí presentes en ese momento decisivo, fueron: el teniente coronel Vladimir Padrino López, del 311 Batallón de Infantería Bolívar; teniente coronel Mario de Marchis Orozco, del grupo de artillería 304 Ribas; teniente coronel Ronald Madriz León, del 821 Batallón de Intendencia Carmona; teniente coronel Ovidio Rodríguez, del 826 Batallón de Intendencia Trinidad Morán; teniente coronel Gilberto Barrios Contreras, del 613 Batallón de Ingenieros Guzmán Blanco; teniente coronel Rubeomar Lameda Quero, del Batallón Uslar -al que le ordenaron prepararme la habitación donde supuestamente me recluirían, si lograban detenerme-; teniente coronel Luis Arzolay Cedeño, del Batallón Villapol; teniente coronel Ysmar Alberto Cepeda Báez, del 302 Ayala -el que no acató la orden del Presidente de mantener resguardado el Palacio de Miraflores con los tanques el 11 de abril y los retomó al Fuerte Tiuna una vez que conversó por teléfono con el general Vásquez Velazco -; teniente Coronel Miguel Sanfiel Dávila, del Batallón Pedro Briceño Méndez; teniente coronel Ricardo Martínez Arcay, del Batallón Muñoz Tébar; teniente coronel Orlando Blanco Berroterán, del Batallón Calderón; teniente coronel Luis Rodríguez Millán, del Batallón Lanza; teniente coronel Eude Dinatale Papa, del Batallón de Apoyo Abreu e Lima; teniente Coronel Johnny Da Silva Izquierdo, del Batallón de Comunicaciones Diego Ibarra -el que escribió la prohibición de mi entrada en su batallón a pesar que yo era su superior-¡ y el teniente coronel José Ricardo Bozza Baduel, del Batallón Comunicaciones Agraz -que luego se sumó a los golpistas de la Plaza Altamira, en el mes de diciembre de ese año 2002-.

Entre los presentes estaba el general Manuel Rosendo, pero en la redacción del documento su actitud no era la más activa, no lo vi muy motivado a pesar de que era el comandante del Cufan, y su rol era decisivo por su vinculación directa con todas las guarniciones del país.

Él debía llamarles e informarles sobre las decisiones que se estaban tomando en ese momento y hacerlas públicas. No me gustó su posición, porque en vez de hacer su trabajo, lo que hizo f4e irse al quinto piso del Ministerio de la Defensa para fijar la estrategia de cómo decirle a la población venezolana sobre la designación del nuevo ministro de la Defensa, que ahora iba ser el general Navarro, por la renuncia del general Ramírez Pérez, inicialmente designado por Carmona Estanga.

Ante la posición del general Rosendo, me vi en la obligación de tener que llamar personalmente a todas las guarniciones e informarles de las decisiones que se estaban tomando, pero realmente esa era su responsabilidad.

 

 

El segundo pronunciamiento del Ejército: ¡la estocada final!

 

Una vez que todo está listo para la rueda de prensa, a punto de salir al aire a través de los medios de comunicación nacional, informan que las repetidoras estaban caídas desde el día anterior, que no había ningún tipo de comunicación por señal en vivo. Pero, hubo un técnico que le manifestó al coronel Granadillo Perozo:

¡Si logramos comunicación con CNN Atlanta podemos hacer que la señal llegue a Venezuela!

En ese sentido, la única forma de comunicamos era mediante el envío de la señal de transmisión por voz, para que el pronunciamiento pudiera salir al aire, en vivo y directo, sin ningún tipo de tergiversación, para que el mundo conociera nuestra posición ante los hechos ocurridos en el país, intentando así superar el cerco mediático que existía para ese momento.

Y así fue que se hizo. Como a eso de las 5:00 pm, por medio de CNN en Atlanta se consiguió la señal. Cuando nos dijeron que estaban listos para recibir la declaración, el general Vásquez Velazco se dirigió al país, mediante la lectura completa del documento. Junto a él se colocaron los generales González González, Rodríguez Graun, Rommel Fuenmayor, Ruiz Guzmán, Medina Gómez, Ítalo Femández, y otros. Toman una foto y la envían a CNN. Con esta foto se transmite la señal de voz que, recorre el mundo.

Como se pudo apreciar Vásquez Velásquez  decidió no decidió no esperar por Carmona y se pronunció, insistiéndole a su gobierno de facto la rectificación de varios de los puntos planteados en el decreto anterior, entre ellos: el establecimiento de una transición pacífica que respetara la Constitución, las leyes y los derechos humanos; la modificación del decreto del 12 de abril, la restitución de la Asamblea Nacional; la pluralidad y representatividad en el gobierno transitorio; el respeto a gobernadores y alcaldes electos. En fin, se exigía que los actuales funcionarios continuaran en el ejercicio de sus cargos hasta tanto se produjera tal designación con base en lo establecido en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

En esa misma declaración, Vásquez Velazco ratificaba públicamente a todos los integrantes del Alto Mando Militar del Ejército y a sus comandantes naturales, contraviniendo la orden dada por Carmona Estanga. Entre esos ratificados se encontraba mí persona, que había sido destituido dos días antes. Con esto, los militares golpistas le quitaron el apoyo a Carmona, un hecho que es considerado como la estocada final a su Gobierno. Realmente, dentro del régimen de facto hubo una lucha de poderes entre caudillos.

Fueron varios, que nunca se pusieron de acuerdo. De allí la fragilidad en la gobernabilidad de ese régimen golpista. Y  nosotros, los militares leales a Chávez, entendimos esa fragilidad.

El pueblo de Caracas salió a las calles a protestar en contra del golpe de Estado, a trancar las vías, hubo conatos de saqueos de comercios en algunos lugares. En los alrededores del Palacio se acrecentó la multitud que coreaba consignas, entre ellas: “¡Queremos a Chávez! ¡Queremos a Chávez!” Y en los cuarteles, el ambiente de indignación y de desengaño alentó el sentimiento de patriotismo y de apoyo a Chávez.

Luego de esa declaración, aproveché y me reuní con varios de los oficiales presentes para felicitarlos por su actitud. Les dije que me enorgullecía de tener oficiales subalternos de esa calidad y al mismo tiempo, me sentía satisfecho conmigo mismo.

La declaración generó un revuelo entre los comandantes y entre algunos de los oficiales presentes. Todos, molestos, se retiraron de la sala del casino, tomaron sus vehículos y se fueron en Cambote para el quinto piso del Ministerio de la Defensa. Allí estaba refugiado Carmona Estanga, luego de escaparse del Palacio de Miraflores.

 

 

Discurso en la alcabala 3 del Fuerte Tiuna

 

En vista de lo que estaba ocurriendo entre los golpistas, y ya contando con el apoyo de todos los comandantes, tomamos la decisión de trasladamos a la entrada de la alcabala 3, en Coche, donde se congregaba gran cantidad de la población exigiendo la presencia de Chávez. Allí, el ambiente era tenso.

La desinformación existente en el país producto del cerco mediático generaba incertidumbre en la población. Los presentes amenazaban con cruzar los límites de acceso al Fuerte Tiuna, impuestos por los golpistas. Estamos hablando de unas 50 mil personas, aproximadamente.

De manera improvisada, me monté en un tanque Dragón 300 rodeado por la muchedumbre, tomé un megáfono y de allí me dirigí al glorioso pueblo de Caracas presente y le dije la verdad de lo que estaba ocurriendo. Esa verdad que no conocían sobre el paradero del Presidente. Les informé que él no estaba en el Fuerte Tiuna, que estábamos frente a un gobierno de facto, frente a un golpe de Estado, pero que el Ejército venezolano patriota no iba a reconocerlo en ningún momento, y todas las guarniciones militares estaban con Chávez, por tanto, que no aceptábamos al señor Carmona por ser inconstitucional, y la presencia de la gente en la calle era fundamental.

¡Ustedes tienen que quedarse aquí… ustedes valen mucho!

-les dije en mi arenga.

Jorge García Carneiro en la alcabala 3 de Fuerte Tiuna el 13 de abril de 2002, dando un discurso al pueblo que redamaba a su Presidente

Jorge García Carneiro en la alcabala 3 de Fuerte Tiuna el 13 de abril de 2002, dando un discurso al pueblo que redamaba a su Presidente

La gente aplaudió, vitoreó y gritó consignas: ¡Viva Chávez! ¡Viva la Revolución! ¡Viva la Fuerza Armada! ¡Viva el pueblo venezolano! ¡Uh, ah, Chávez no se va! ¡No ha renunciado, lo tienen secuestrado!

Eso trajo un poco de calma a la multitud. Fue así como se pudo contener un poco la tensión vivida allí al frente de la alcabala 3, a pesar de la presión de la Policía Militar que estaba oyendo lo que allí se decía.

En esos momentos se estaba restableciendo la señal del canal gubernamental, el canal 8, y envíe al general Arrieta Avirla para que informara que ya las tropas de Fuerte Tiuna estaban en mis manos y las guarniciones estaban reconociendo al Comandante Chávez.

La gente no se marcharía, se quedarían allí en vigilia hasta que regresara el comandante Chávez.

Después nos montamos en la platabanda de la entrada de la alcabala 3, el ministro Nelson Merentes, el general Silva Wilfredo, el coronel Virgilio Lameda, la diputada Iris Varela, y otros. De allí se impartían consignas y discursos.

 

 

Ordeno detener a Carmona y a los generales golpistas

 

Estando en la alcabala 3 les exijo a los generales Martínez Mendoza, Chaparro Espinoza, y a los coroneles Montilla Pantoja y Granadillo Perozo, apoyados por dos capitanes más, para que se trasladen al piso cinco del Ministerio de la Defensa donde están los generales y almirantes comprometidos con la ruptura del hilo constitucional. Les dije que fueran y les informaran 10 siguiente:

 

 

Yo tengo el control de todas las unidades militares de Fuerte Tiuna, y el pueblo aglomerado, aquí en la alcabala 3, está pidiendo que se presente Chávez de inmediato.

Ellos, acatando mi orden, se fueron para allá con tropas, los capturaron y me informaron por teléfono que ya estaban presos.

Detuvieron a todos los oficiales, generales y almirantes: más de ciento veinte. Entre ellos, se encontraban los generales Lugo Peña, Alfonzo Martínez, Guaicaipuro Lameda, Comisso Urdaneta, Chacón Quintana, Fuenmayor León, Manuel Rosendo y Navarro Chacón, el contralmirante Molina Tamayo, el vicealmirante Ramírez Pérez, Ruiz Guzmán Y el coronel Pérez Villalobos y otros.

De este modo, les quitaron los teléfonos celulares, pusieron a todos sentados en el piso, para que no pudieran pararse … Luego, los oficiales del Batallón Caracas capturaron a Carmona Estanga en la habitación del ministro de la Defensa, ubicada detrás de donde estaba el resto. De allí lo sacaron y lo llevaron al despacho, con los demás detenidos.

Al ser informado de estas acciones, de manera inmediata volví a tomar el micrófono y le transmití al pueblo presente esa información:

¡Me acaban de avisar que en este momento los soldados patriotas capturaron a Carmona Estanga! ¡Lo tienen preso junto con todos los generales y almirantes golpistas que estaban en el quinto piso del Ministerio de la Defensa!

Se desató, entonces, una algarabía, hubo aplausos, abrazos, mucha alegría. Ese momento vivido es algo único en la vida.

Yo llamé al doctor José Vicente Rangel y le informé sobre la detención de Carmona Estanga y de los oficiales golpistas. De pronto, llegó, se subió a la tarima, tomó el micrófono y se dirigió a la multitud. Les habló de la valentía de ese pueblo heroico que salió a pedir la presencia de su Presidente. Recibió fuertes aplausos de los presentes. Después, él se dirigió al quinto piso del Ministerio de la Defensa y les dio una arenga a los golpistas. Les dijo una cantidad de cosas fuertes, muy duras. Así me lo contó el coronel Montilla Pantoja, agregando que el doctor José Vicente había sido duro con Carmona y con todos los golpistas. Una hora más tarde se sumó el general en jefe Lucas Rincón que también se dirigió a la multitud. De igual forma, lo hicieron Nelson Merentes e Iris Varela…

Ese desbordamiento popular se expandió como polvo por todo el país, creando una conmoción social que se conoció luego como la Revolución del 13 de abril de 2002. El pueblo se volcó a los cuarteles, no solamente en Caracas, sino en Aragua, Zulia y Táchira. Se volcó a pedirle a la Fuerza Armada que interviniera.

En la medida que el pueblo en Fuerte Tiuna se fue enterando sobre el rescate del Presidente por el canal del Estado, esa misma multitud se trasladó por distintos medios hacia el Palacio de Miraflores, para esperar su llegada.

A partir de allí, me dediqué a llamar a los comandantes de guarnición de Táchira, de Carúpano, de Zulla, de Aragua, de Carabobo, para transmitirles la misma información: que ya se había hecho preso a todos los generales y almirantes; les solicité que se sumaran al proceso que llevaba adelante el comandante Chávez.

 

Varios fiscales del Ministerio Público presionaban para salvar a los golpistas

 

A los golpistas los dejaron detenidos en el Ministerio de la Defensa, toda la noche. Sin embargo, me llamaban a cada rato porque la presión de todos lados era alta.

A pesar que se les quitó el teléfono, alguno de ellos logró comunicarse con la Fiscalía y solicitar su intervención en el proceso de detención porque consideraban que se les estaba cercenando sus derechos civiles, argumentando estar presos de manera ilegal en el Ministerio de la Defensa. A raíz de ello, recibí una llamada mediante la cual me informaron que en la alcabala 1 había cinco fiscales exigiendo la libertad inmediata de los generales que estaban presos en el Ministerio de la Defensa. También, solicitaban permiso para entrar, porque querían entrevistarse con cada uno de ellos para garantizarle sus derechos. Yo le dije al que me llamó:

– ¡Dígales que es negativo, que nadie entra. Que todos permanecerán detenidos hasta nuevo aviso!

Me volvieron a llamar a las 9:00 pm.

¡Mire, que aquí la fiscalía está solicitando acceso…!

¡Dígale que negativo, que está prohibido entrar, están presos los golpistas y el Carmona!

¡Y punto!

Eso yo lo hada de manera consciente, por todo lo que venía pasando con los fiscales del Ministerio Público a nivel nacional, sobre todo por las violaciones de los Derechos Humanos de los dirigentes chavistas. Además, había prohibido la intervención de la Fiscalía en ese momento porque estaba en marcha el plan de rescate del presidente Chávez, ¡y aún no lo habíamos rescatado!

¿Lo que usted estaba haciendo en ese momento era lo que correspondía de acuerdo con la ley?

Me refiero a que estaba en juego el hilo constitucional y yo sabía que el Ministerio Público estaba lleno de vendidos de aquel lado. Y si yo hubiese sido blandengue en ese momento y permitido que ellos intervinieran, de seguro iban a montar un show mediático, buscarían argucias legales para llevárselos, para después soltarlos. ¡Si hubiera actuado como ellos querían, aquí no se hubiera restituido nada! Como había fiscales golpistas por todos lados, no me importaba para nada la Fiscalía ese momento ¡Estaban presos y seguirían presos!

 

 

Chávez estaba seguro que lo iban a matar

 

Al presidente Chávez lo tenían detenido e incomunicado en Turiamo. Él no sabía lo que realmente estaba pasando en las calles y en los cuarteles del país.

A las 2:45 pm lo trasladaron a la enfermería para hacerle un chequeo médico. Aprovechando un descuido de los golpistas, alguien le prestó un celular para que se comunicara con su familia. A continuación, el relato textual de Chávez cuando estuvo detenido en Turiamo, en donde cuenta que lo iban a matar, hecho que dejó plasmado en su libro Cuentos del Arañero:

Entonces, me prestaron un celular, no me sabía los números. Le dije: “Mira, hazme el favor completo, consígueme los números de la familia”. “Pero, ¿dónde?”. “Bueno, llámate a alguien allá en Palacio” y la central telefónica. El coronel me da el celular prestado por un minuto, dos minutos. Ahí medio guillao y empiezo a marcar. No me cayó Marisabel, ni mi mamá, ni mi papá. Los celulares andaban muy mal. Gobernación de Barinas y el número era equivocado, era una casa de familia en Barinas, que deben recordar mi llamada. A lo mejor no me creyeron. Yo le dije: “Soy el Presidente preso; ¿con quién hablo?”. No, no, no sé qué. Me atendieron realmente, pero creo que no creyeron que era yo. Luego cayó María Gabriela. Estaban en casa de unos amigos, en una playa por aquí, escondidos. Y le digo: “Dios te bendiga. ¿Cómo estás? Otra vez preso”. María tiene mucho temple y me dijo: “Bueno, que Dios te cuide, papá. Mucho juicio. Estamos bien. ¿Qué puedo hacer? Le dije: “María, solo te pido algo, cuídate primero que nada y, segundo, mija, llama al mundo, a quien tú quieras, no sé a quién, a un periodista, dile al mundo, o si llega a pasarme algo incluso, si no puedo hablar contigo más nunca, diles que nunca renuncié al poder que el pueblo me dio. Diles que soy un Presidente prisionero”. Y la pipiolita empezó a llamar gente y eso corrió por el mundo. A los pocos minutos Marisabel cayó por allá, estaba en Barquisimeto, escondida en casa de unos amigos, en las afueras. Y los muchachos descansando. “Estamos bien, no te preocupes, aquí preocupados por ti”, Y qué sé yo, un beso. Le dije: “Marisabel, cuídate, cuida a los niños, ten la calma, yo estoy bien, pero no tengo garantías de nada. No sé qué va a pasar esta noche”. Yo tenía la sensación y la certeza de que esa noche me iban a mover a otro sitio y no sabía para qué, porque estaban sueltas todas las fuerzas de los diablos. Yo llegué a confesarme ante Dios, porque estaba seguro de que me iban a matar.

 

 

Llega la carta donde Chávez manifiesta no haber renunciado

 

Chávez logra escribir en un papel tamaño carta una nota al pueblo y a su familia donde manifestaba que no había renunciado. La carta textualmente rezaba lo siguiente:

 

 

Turiamo, 13 de abril 2002 a las 14:45Al pueblo venezolano…

(Y a quien pueda interesar).

Yo, Hugo Chávez Frías, venezolano,

Presidente de la República Bolivariana de Venezuela,

declaro: No he renunciado al

poder legítimo que el

pueblo venezolano me dio.

¡¡Para siempre!! [Firma]Hugo Chávez F.

 

A pocos minutos de escribirla, aterrizaron varios helicópteros en el campo de fútbol de la base naval de Turiamo y se lo llevaron a la isla La Orchila.

Pero trasladar la carta hacia la Brigada de Paracaidistas en Maracay fue toda una odisea en la cual participarían un grupo de personas, entre ellos el cabo Juan Bautista Rodríguez, de la Guardia Nacional, el maestre Luis Herrera Ramírez, el sargento Luis Arias del Pino que estaba de guardia en la unidad militar, el señor Pablo José Tovar Mijares, conserje del club de playa de Turiamo; y la profesora Eucaris Sarmiento. La carta sería trasladada hasta la oficina del general Raúl Baduel-‘ en la Brigada de Paracaidistas.

El documento fue enviado a varios lugares vía fax, comenzando la noche y en pocas horas se difundió por todo el país.

 

Juramentación del vicepresidente Diosdado Cabello como Presidente encargado

 

Ante la detención de Carmona Estanga y los generales golpistas, los diputados revolucionarios ante la Asamblea Nacional se reunieron de manera rápida para sesionar y designar como presidente encargado al vicepresidente Diosdado Cabello, aceptando el cargo de manera transitoria, hasta que Chávez regresara. Sería el presidente de la Asamblea Nacional, el diputado William Lara, el que hace la juramentación. Este hecho ocurrió a las 9:30 pm, del día 13 de abril.

La juramentación se transmitió en vivo y directo por el canal de televisión del Estado, Venezolana de Televisión.

A pocos días de su detención, Carmona Estanga escaparía del arresto domiciliario impuesto por su participación en el golpe de Estado, salió huyendo hacia la embajada de Colombia en Caracas donde se asiló, hasta que el gobierno de Colombia aceptó pedirle asilo político. Allá vive actualmente, prófugo de la justicia venezolana, como la mayoría de los generales golpistas de abril de 2002.

 

La Operación Restitución de la Dignidad Nacional

 

Los oficiales que participaron en la Operación Restitución de la Dignidad Nacional contaron que en horas de la mañana del día 13 de abril, el general Baduel convocó a su despacho a un grupo de oficiales para una reunión estratégica.

Se dio la reunión, y allí designaron un comando élite de rescate del presidente Hugo Chávez, integrado por 16 hombres. Entre ellos se encontraron: el general Verde Graterol; el general Julio García Montoya, que era director del Consejo de Defensa de la Nación; el almirante Maniglia Ferrer; el Inspector de la Fuerza Aérea, general Torres Finol; el general división de Aviación Acevedo Quintero; el coronel de la Guardia Nacional Fernando Capace Esquifi; el general Alí Uzcátegui Duque, que ocupaba el puesto de director de la Escuela Básica de la FAN; el coronel Alfonso Curzio Ferzula, el enlace directo con el general Lucas Rincón Romero; el comandante de Logística de la FAN, almirante Fernando Camejo Arenas; entre otros oficiales que tenían su residencia en la base libertador.

En esa reunión de trabajo, comenzaron a atar cabos sueltos para conocer el paradero del presidente Chávez, y así planificar y ejecutar la operación de rescate. Alcanzaron a compilar varios elementos que indicaron su paradero exacto. A las 7:00 pm, aproximadamente, se recibió la famosa carta de la no renuncia, permitiéndoles confirmar que había estado en Turiamo, aunque luego había sido trasladado a la base naval ubicada en la isla La Orchila.

Con base en esos elementos, tomaron la iniciativa de redactar un documento donde fijasen posición ante los hechos acaecidos en el país, desde la mañana del 12 de abril. Contaron luego, que con la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en mano, comenzaron a redactar el documento. De allí surgió el nombre Operación Restitución de la Dignidad Nacional.

 

 

Desde La Orchila hasta Caracas

 

 

Al presidente Chávez se lo llevaron en helicóptero desde Turiamo hasta la isla de La Orchila a las 3:00 pm, aproximadamente. Lo acompañaban el cardenal Ignacio Velasco y el coronel del Ejército, Julio Rodríguez Salas, encargado de su custodia. Los golpistas enviaron al cardenal para intentar persuadirlo de que firmara la carta de renuncia. Esa era la única opción que les quedaba para salvar el gobierno de facto de Pedro Carmona.

Chávez desconocía lo que estaba ocurriendo en las calles de Caracas y de Aragua, pues lo tenían incomunicado. Aunque, luego contó que logró hablar a escondidas, solo con su esposa Marisabel Rodríguez, a quien le manifestó que no había renunciado. Ella lo informó a la prensa, pero en ese momento no tuvo una mayor difusión, pues la cercaron mediáticamente.

Como a las 7:00 pm, cuando la comisión reunida en la oficina del general Baduel recibió de mano del cabo Rodríguez la nota firmada por el Presidente, se activó la Operación Restitución de la Dignidad Nacional para ir a rescatarlo.

Es importante destacar, que desde el viernes 12de abril se tenía información de la presencia de naves militares estadounidenses en aguas venezolanas.

En una entrevista que posteriormente le hicieron al coronel Fernando Capace Esquifi, contó que cuando llegaron a La Orchila y desembarcaron, estaba aparcado en la pista un avión King 200 de siglas norteamericanas, propiedad de un banquero venezolano. Del aeropuerto, se trasladaron hacia la residencia presidencial, a varios kilómetros de la pista de aterrizaje, abordando un vehículo de la Armada marca Volkswagen, que estaba en la isla. El vehículo lo abordaron el general Uzcátegui, un grupo de Casa Militar, el equipo jurídico Capace Esquifi y Tosta, el juez, al médico y su enfermero, y cinco comandos.

Al llegar a la residencia, el Presidente se encontraba hablando con unos oficiales. También estaban sentados en ~ mueble de cuero el cardenal Ignacio Velasco, que estaba allá con el fin de persuadirlo para que firmara la carta de renuncia, un general del Ejército apodado “el Guajiro” que era el director de los Derechos Humanos del Ministerio de la Defensa y el coronel de la aviación Salas Salas.

Cuando el general Uzcátegui vio al presidente Chávez lo primero que hizo fue ir rápidamente donde estaba. Entonces, se paró firme y lo saludó. El coronel Capace Esquifi contó que en ese momento, el Presidente quedó callado, lo vio, transcurrieron unos segundos en silencio y luego se abrazaron. “A todos se nos aguaron los ojos. Fue muy conmovedor”, narró.

El general Uzcátegui le informó que estaba comandando la Operación para rescatarlo y el pueblo venezolano lo estaba esperando en el Palacio de Miraflores. En ese sentido, le preguntaron si quería que lo llevaran a la Brigada de Paracaidistas en Maracay donde se encontraba la comisión que coordinaba la Operación Restitución de la Dignidad Nacional, y él respondió inmediata y enfáticamente que quería regresar a Miraflores.

El Presidente llegó al Palacio a las 3:00 am del día 14 de abril de 2002, apenas 48 horas de que los golpistas lo sacaron de allí. El pueblo lo esperaba en la calle vitoreando la famosa consigna:

“Volvió, volvió, volvió, volvió; volvió, volvió”, y el Gloria al Bravo Pueblo.

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